La primera vuelta de 2022 se caracterizó por la sorpresa de los resultados finales en los que Rodolfo Hernández, un outsider mayor de 70 años, que se había hecho famoso por su agresión a un concejal de la ciudad donde era alcalde, Bucaramanga, pasara a disputarle mano a mano la presidencia a Gustavo Petro, quien venía impulsado gracias al estallido social, producto del desastroso gobierno de Iván Duque. Rezagado quedó el candidato de Álvaro Uribe Vélez, Federico Gutiérrez.
Rodolfo Hernández era la opción para los que detestaban la izquierda. Buena parte del uribismo lo apoyaba. El punto es que tomó una decisión que pesó y que reveló su estratega de campaña: Angel Becassino, irse a Miami y rodearse de uribistas que lo asesoraron mal. El santandereano quedó absolutamente bloqueado y prevenido, acaso asqueado de la manera como los uribistas le acercaron la política y los apoyos. A pesar de que tenía a uno de los publicistas más reconocidos del país, experto en ganar campañas o en hacer que personas que no tuvieran ninguna opción real de victoria lo consiguieran, y del apoyo creciente de las personas reflejado en las encuestas, decidió lo impensado: no hacer campaña.
También dos hechos lo afectaron, uno de ellos fueron los escándalos de contratación que tenía su gestión como alcalde de Bucaramanga y el otro llamadas y papeles que llegaban a su casa en los que se mostraban mapas que determinaban cuáles eran los movimientos de su familia más cercana. Esto hizo que bajara los brazos.
Sin embargo, analistas afirman que, en ese momento, el triunfo de Petro estaba cantado debido al estallido social y al agotamiento que tenía la gente con los políticos tradicionales. El punto es que el margen por el que ganó Petro fue de 700.000 votos, muy pocos, casi los mismos que separan a Iván Cepeda de Abelardo de la Espriella.



