En los últimos días se ha instalado la discusión sobre quiénes pueden usar la camiseta de la Selección Colombia y quiénes tienen derecho a reivindicar los símbolos patrios como expresión de amor por el país. La polémica, parece que gira alrededor de la camiseta, pero no es así, pues lo que está en disputa es la idea misma de patria.
Durante décadas, los sectores conservadores han logrado apropiarse simbólicamente de ciertos elementos de la identidad nacional. Son ellos y ellas quienes suelen marchar envueltos en la bandera, quienes convierten la camiseta de la Selección en una declaración política y quienes hablan en nombre de Colombia como si fueran sus únicos intérpretes. Mientras tanto, desde las izquierdas hemos ocupado el lugar de la crítica permanente a las desigualdades, al racismo, al clasismo, al patriarcado, a la violencia y a las múltiples exclusiones que atraviesan nuestra historia y que pareciera que eso nos aleja de la idea de Patria.
Y quizás por eso terminamos cediendo un terreno que también es nuestro. Pues cuestionar o criticar las injusticias no significa odiarlo y no implica renunciar a él ni al sentimiento patrio. Por el contrario, la crítica nace precisamente del amor profundo por aquello que creemos que puede ser mejor y queremos que sea mejor.
Lo paradójico en todo esto, es que quienes más apelan a los símbolos patrios suelen ser, al mismo tiempo, quienes menos problemas tienen con los proyectos políticos que excluyen, persiguen o estigmatizan a sectores de la población. Hablan de unidad nacional mientras nos señalan como amenazas a feministas, migrantes, comunidades étnicas, personas LGBTIQ+ y movimientos sociales.
Defienden la bandera, pero no siempre defienden a quienes vivimos bajo ella. Por eso resulta tan importante preguntarnos de quién es la patria. Porque no es únicamente de quienes se emocionan cuando suena el himno o de quienes usan la camiseta amarilla durante los partidos de futbol, ni mucho menos es de quienes creen representar una identidad nacional, pero desde la pretensión de homogeneidad. La patria también nos pertenece a quienes nos negamos a aceptar que la pobreza, la violencia o la exclusión sean parte del paisaje nacional. La patria es también de quienes soñamos con un país distinto.
Durante mucho tiempo las izquierdas hemos dejado que otros monopolizaran el lenguaje de los afectos nacionales y no hemos sido eficaces construyendo relatos emocionales sobre lo que significa amar a Colombia. Y, como hemos visto, la política también se mueve por emociones.
Las derechas saben que las gentes no votan únicamente por programas de gobierno o por datos técnicos. También votan por símbolos, recuerdos y esperanzas. Votan por aquello que les permite sentirse parte de algo más grande que ellas mismas. Por eso hoy resulta indispensable disputar ese terreno simbólico y así poder continuar reivindicando una idea distinta de país.
Una patria que no les tema a las diferencias, que entiende que la biodiversidad que nos convierte en uno de los países más extraordinarios del planeta merece ser protegida, que valora la vida y donde el amor y la dignidad sean lo que nos guie.
Por eso me niego a aceptar que la bandera sea patrimonio exclusivo de quienes han hecho carrera política apelando al miedo. Esos símbolos nos pertenecen a todas y todos. A quienes celebran los goles, a quienes marchan por derechos, a quienes viven en las grandes ciudades y a quienes habitan las periferias, a quienes rezan y a quienes no, a quienes nacieron aquí y a quienes encontraron aquí un lugar para construir su vida.
Entonces la cuestión de fondo no es quién puede ponerse la camiseta de la Selección Colombia sino, qué país queremos representar cuando la usamos. Siempre es buen momento para volver a abrazar nuestros símbolos.
Porque si la patria significa algo, debería ser precisamente la posibilidad de construir un proyecto común donde quepamos todas las personas. Y si hay algo que las izquierdas debemos recuperar en esta discusión es la certeza de que por el amor profundo que le tenemos a Colombia es que queremos que continue en proyecto político del cambio.
La patria es de quienes nos la jugamos por la vida.



