Las situaciones de orden público en sitios ancestrales del país, como el Catatumbo o el Cauca, han provocado desplazamientos masivos en estos departamentos. Buena parte de los desplazados pertenecen a etnias que han tenido que sufrir los embates de un conflicto que parece no tener fin en el país. Hasta hace pocos meses, el parque Nacional recibió a más de dos mil indígenas que se ubicaron allí, casi desde el 2020, cuando el gobierno de Iván Duque fue incapaz de resolver los problemas que exigían ser resueltos para su pueblo. Era tan complicada la situación en la que vivían que varios niños murieron debido a las condiciones en las que estaban.
A finales del año pasado, los indígenas se fueron del parque, pues este gobierno —que siempre se ha presentado como del cambio y de la gente— había logrado unos acuerdos que garantizaban la seguridad en territorio de estos pueblos. Pero nada es suficiente. La escalada de violencia ha vuelto a poner en primera línea a pueblos como el Misak. La Alcaldía de Bogotá anunció este domingo que desde el resguardo La María, en Piendamó, llegarán 11 buses tipo escalera, llegarán a pedirle garantía al gobierno para permanecer en sus territorios.
En la alcaldía ya están preparándose para el recibimiento de estas familias. También, desde el Ministerio del Interior, se están alistando para darle una salida definitiva a una situación que parece no acabarse nunca.
El compromiso con los pueblos ancestrales del Cauca debe ser total y se debe garantizar el cumplimiento de los acuerdos que se han negociado. Si no se cumplen todo volverá a ser un espiral: ellos se irán un tiempo, pero siempre regresarán.



