No soy politólogo ni futurólogo; por eso, en el campo de la política me abstengo de escribir sobre hechos que no han sucedido. Aún menos, en medio de un momento caliente y convulsionado por cuenta de la proximidad de las elecciones presidenciales. Sin embargo, procuro enterarme de cuánto ocurre y, porque no soy un periodista investigador -como lo son los que hacen parte de este serio espacio de Pares- opino sobre hechos que habiendo sucedido guardan vigencia y sobre los cuales, difícilmente alguien puede contradecirme.
En esa experiencia de actualizarme con las noticias, escuché una entrevista que le hicieran a Claudia López, donde connota el talante de Abelardo De la Espriella -según sus palabras “el defensor de la mafia en Colombia” y, en un intencionado contraste, dice, refiriéndose al único candidato con auténticas posibilidades de ganar, que: “Iván es un hombre decente”. Esa expresión, cargada de mucha sensatez, me llamó la atención, y aunque pertenece al espectro de la futurología, la encontré bastante favorable para soñar que ella, antes de esta primera vuelta -e igual como ya lo ha hecho el candidato Murillo- se sumará a la campaña de Iván Cepeda.
En lógica consecuente, si es verdad que Claudia López no miente, como los politiqueros lo hacen, y si tiene certeza de la decencia del candidato del Pacto Histórico, como lo ha manifestado, entonces, éticamente no podría argumentar una posible adhesión suya a la candidata Paloma Valencia o al candidato Abelardo de la Espriella; quienes, precisamente por falta de decencia, no son dignos de confianza, ni son personas a las que se les pueda entregar la administración de las arcas de ningún país. Uno y otro de estos candidatos de la extrema derecha, fundan sus ideales basados en una lealtad al expresidente Álvaro Uribe, cuya envilecida alma política constituye un alto riesgo para la democracia. Tampoco veo a Claudia López, cometiendo la grosería infantil de Sergio Fajardo, que prefirió irse a ver ballenas, antes que verse, cara a cara, con su propia derrota.
Si a Claudia López la conocimos como alguien capaz de luchar sanamente en favor de los menos favorecidos, y la vimos entregada a conseguir que un día, por fin, se redistribuyan las riquezas de la nación y se instaure la ética con planes anticorrupción y sanidad social; si así la conocimos, ahora solo esperamos que sus actos casen naturalmente con el progresismo, cuyo principio es -cualquiera sea el tipo de régimen y doctrina ideológica en el poder- la implementación de fórmulas para desarrollar políticas y gobernar, única y estrictamente, en función de vivir cada día mejor y en armoniosa comunión.
Si Claudia López se sumara, ahora y oportunamente, a Iván Cepeda, el triunfo del candidato progresista sería en primera vuelta; lo cual, sin duda alguna, resultará bastante beneficioso para el país. De ocurrir lo contrario, y la exalcaldesa no le apoyara y prefiriera adherirse a Paloma Valencia o irse a ver ballenas, y como consecuencia de ello Cepeda no ganara en primera vuelta, es razonable decir, sin temor a equivocarnos, que pondrá al país, injustamente y arriesgando nuestra democracia, en manos de quienes, ella bien lo sabe, son capaces de lo peor; pues todavía cuentan con capacidad de influencia sobre los entes de control, sobre la fiscalía, sobre la procuraduría, sobre los tribunales de justicia, sobre el Consejo de Estado, sobre el Consejo Nacional Electoral y sobre las bandas criminales.
Me alegra el alma pensar lo bonito que sería escuchar a Claudia López anunciando su retiro de la candidatura y su apoyo activo al candidato Iván Cepeda. Y no hay que ser politólogo ni futurólogo para concluirlo: si eso fuera así, se ennoblecería el contexto político de las contiendas electorales en Colombia. No obstante, de no ser así, y Claudia López se hiciera del lado del horror que significan Abelardo y Paloma, o al lado de Sergio Fajardo, entonces (y en contravía de mi criterio acerca de que solo es posible opinar con certeza cuando lo hacemos sobre hechos ya sucedidos y no sobre los que quisiéramos que ocurrieran), sí y solo sí, el candidato Iván Cepeda sería indefectiblemente nuestro próximo presidente; porque no tiene rivales y, si los tuviera, estos no tienen el completo y arrasante respaldo popular que Cepeda tiene.
Si claudia López no acompaña al candidato del Pacto Histórico, me lanzo a pronosticar que la veremos, junto a Sergio Fajardo, navegando por siempre en el limbo, donde no hay ballenas, pero sí gordos tibios.



