Es curioso que aún existan personas que se sorprendan porque uno va a la feria del libro no a conversar con los amigos sino a patonear por sus galpones y ver qué editorial rara uno encuentra. Hay una librería que se llama Epígono de Medellín que trae siempre cosas muy bellas. Vienen desde 1999. Esta vez conseguí allí tres libros que no había podido conseguir en librerías convencionales en Bogotá, uno de ellos son los dos tomos de La caída del imperio romando de Edward Gibbons editado por Atalanta, los diarios de Silvia Plath, bellamente ilustrados con dibujos y páginas enteras de sus diarios personales editado por Alba. Hay gente a la que le parece un despropósito pagar 300 mil pesos por un libro hermoso. Sé que deberían ser más baratos, que deberían ser financiados por el Estado, pero un libro importado tiene ese precio en cualquier parte del mundo. Así que los compré.
Silvia Plath se suicidó en su casa, en parte por la infelicidad que le proporcionaba su esposo. Intentó matarse metiéndole la cabeza a la estufa. Quería algo drástico, algo aleccionador. Los suicidas me encantan, ¿a ustedes no? Hace poco conversé con el periodista deportivo Nicolás Samper y le pregunté cuales eran sus libros preferidos de fútbol. Hay uno que me recomendó con especial énfasis: Robert Enke, una vida demasiado corta. El ex portero del Barcelona, del Benfica, de la selección alemana decidió a los 32 años, atormentado por la depresión, tirársele a un tren. No pudo resistir la muerte de su pequeña hija. Ese libro fue editado por última vez en España en el 2012 y ahí estaba en la feria. Hermoso. Sin embargo lo más bello que conseguí fue el Elogio de la sombra de Tanizaki, editado por Siruela, un libro de bolsillo elaborado con un papel de arroz realmente delicado. Es un ensayo sobre el desprecio que tienen los japoneses por la luz, por lo brillante. No pueden entender, por ejemplo, como los occidentales podían tener inodoros de porcelana cuando, para ellos, deberían tener el color de la madera. Fue escrito en 1932 así que Tanizaki, un novelista fundamental para entender al Japón, muestra su preocupación por los cambios que se venían para ese país.
Me encantan los libros sobre música así que me compré una antología de Alba sobre los mejores cuentos de música y una curiosidad escrita por uno de mis maestros de todos los tiempos, Juan Carlos Garay, quien está conmigo en esta foto. Acaba de publicar para la editorial Rey Naranjo Seis nocturnos, reflexiones sobre la música y la noche. Todo un homenaje que le hace el escritor a su pasión, la música. Lo leeré en estas noches lluviosas, si es posible alrededor de algo que tenga fuego.
Es una verdadera tortura para alguien que no es rico y que ama los libros ir a la feria. Quisiera tener la holgura de César Gaviria cuando va a una de esas exposiciones de arte y manda a traer un camión para llevarse las obras que le dan la gana. Pero no puedo ser irresponsable. Si pude darme un gusto extra: comprarme una biografía sobre Héctor Lavoe publicada por una editorial venezolana. Valía cincuenta mil pesos y es de las pocas biografías que existe sobre el puertorro. No entiendo la inconsistencia de nuestros editores, tan bello que es Héctor Lavoe, tan adorado y casi nunca veo biografías de El Cantante. Me lo llevé por supuesto así como también un pebetero de Calcifer porque no sólo de libros vive el hombre.
Siempre llueve en la feria porque siempre es abril. Aunque ya pronto será mayo. Vayan, sé lo difícil que es llegar a Corferias pero cuando la feria se va uno la extraña.



