Se nos fue Augusto Bernal, el último de los cineclubistas

A finales de la década del noventa todos los jóvenes queríamos ser cineastas. Era una necesidad, un imperativo. Vivimos una época prodigiosa para el cine, tan potente como la década del setenta. El surgimiento de productores como Harvey Weinstein, quien protagonizaría uno de los peores escándalos y abusos en la historia de Hollywood unas décadas después, le dio rienda suelta a directores que se convirtieron en superestrellas, como Quentin Tarantino. Bogotá fue una de esas metrópolis donde todo estalló. Una de las escuelas donde los jóvenes de provincia querían estudiar era BlackMaría, nombre que sacó del primer estudio de cine que existió y que lo creó Thomas Alva Edison.

En ese momento, el cineclubista más importante del país se llamaba Augusto Bernal Jiménez. Venía siendo una especie de discípulo de Hernándo Salcedo Silva, del padre Álvarez, de Caliwood. Era común llegar a un festival de los que se hacían en Santa Fe de Antioquia y verlo con sus películas. Lo conocí en 2002, en ese pueblo a dos horas de Medellín. Ese festival lo hacía Víctor Gaviria y uno de los programadores era Bernal. Todos lo conocíamos porque tenía un programa en Señal Colombia. Allí vi, por primera vez, en un lugar tan apartado del mundo como es Cúcuta, Brazil, la genial adaptación de 1984 dirigido por Terry Guilliam.

Los que lo conocimos nos impresionábamos no tanto de su erudición, ya probada en cada programa que hacía, sino en su sencillez. Alguna vez lo escuché hacer una disquisición pública sobre las películas porno que se hacían antes de 1926, el año en el que, con El cantante de jazz, empezó el cine sonoro. Bernal decía que, para que el cine porno lo fuera, necesitaba de la técnica del sonido para completar su kinestesia.

Hace muchos años no sabía de Augusto Bernal hasta que me enteré de su muerte el pasado miércoles. Vivía en Jenesano, Boyacá, en una finca en donde él estaba creando una nueva historia del cine colombiano. Lo sorprendió la muerte a los 70 años. Durante pandemia perdió a su compañera de toda la vida y eso le iba quitando energía. Una de sus hijas predilectas fue Betty Blue, una de esas raras publicaciones de cine que sirvió para crear un público más exigente, con un criterio más amplio.

La gente que vivió por acá en los noventa recuerda que tenía una tienda maravillosa por la carrera Séptima con 19 donde vendía libros sobre cine y películas que no llegaban al circuito comercial. En ese momento, la cinefilia era tan desbordada que había una suerte de fetichismo, de obsesión por tener los objetos. Ahora todas las películas del mundo caben en un celular.

Se nos fue Augusto Bernal y, por supuesto, que nos sentimos más solos. La función ha terminado.

Noticias al Minuto

* Las opiniones, análisis, interpretaciones y posturas expresadas en los informes, artículos y contenidos publicados en este espacio son responsabilidad exclusiva de sus autores e investigadores.

La Fundación Paz y Reconciliación (PARES) no necesariamente comparte, adopta ni se compromete institucionalmente con dichas posiciones.

Estos contenidos se presentan en el marco del ejercicio de investigación, reflexión académica y debate público, con el propósito de aportar a la comprensión de las realidades sociales y políticas del país.

Picture of Iván Gallo

Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.