Dice Felipe López en el artículo central de Cambio de este domingo: “El próximo gobierno recibirá un incendio en todos los frentes. Los analistas serios coinciden en que el año entrante habrá crisis en seguridad, crisis en salud, crisis fiscal, crisis energética, y en que será necesario reactivar sectores como el de la infraestructura y la vivienda que están por los suelos”.
Pues esos mismos analistas serios eran los que decían, hace cuatro años, por estos mismos días, que Gustavo Petro en su gobierno, no después de su gobierno, sino en sus años de mandato, llevaría a Colombia a una debacle como la de Venezuela. Ahora, en vista de que eso no ocurrió, decidieron aplazar la catástrofe para el próximo periodo, dicen muy orondos que está por venir lo malo. No fue en estos cuatro años, pero seguro vendrá en los próximos. Debo decir que no me parecen muy serios esos analistas que cita mi amigo Felipe López.
Y dice López: “Ante la tormenta perfecta que se avecina, no es claro que el mejor capitán de barco sea Iván Cepeda” . ¡Ah! “Debe ser un titán en economía”. Dado que quienes le siguen en las encuestas a Cepeda son Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, ahí están los titanes.
Pues bien, esos dos posibles capitanes de barco, esos dos titanes, plantean reducir todos los impuestos, impulsar una reforma tributaria para acabar con las cargas fiscales. Y uno, que no es un analista económico, se pregunta, por puro sentido común ¿Cómo van a resolver la grave crisis fiscal, de dónde van a sacar el dinero? No me parece nada serio esto.
Si vamos a hacer un debate serio debemos analizar las distintas perspectivas que están en juego en esta campaña. Con ese propósito me puse en la tarea de hacer un libro sobre Iván Cepeda, para aportar a la controversia en esta campaña presidencial tan polarizada como apasionante. Pingüin Random House acogió la idea y ya está en librerías Iván Cepeda, un vida contra el olvido.
El libro no es neutral. Pero, hace el esfuerzo por mirar la campaña electoral desde distintos ángulos. Quiere dar un panorama, lo más completo posible, de la carrera presidencial, de lo que dice Cepeda, pero también de lo que dicen sus rivales, de las alianzas, de las diferencias programáticas, del talante de los líderes que aspiran a gobernar este país que no es fácil de dirigir.
Iván Cepeda quiere transformar, quiere redistribuir, quiere cerrar brechas, quiere, en una palabra, continuar con las reformas sociales. Los candidatos Paloma y de la Espriella y los analistas serios que cita López le replican, primero hay que crecer, por eso vamos a darle todas las gabelas a las empresas, en particular a las medianas y pequeñas, dicen, para dorar un poco la píldora.
Pero eso no es serio, no es serio porque esa ha sido la fórmula que han recetado siempre y los resultados no han sido los mejores. Hasta hace cuatro años, hasta gobierno de Duque, todos los presidentes estuvieron en el credo de “crecer para repartir”.
En contravía, Luiz Inacio Lula Da Silva, en su primer gobierno, invirtió la fórmula y dijo “Hay que repartir para crecer” con esa idea sacó a treinta millones de brasileños de la pobreza y Brasil alcanzó el sexto puesto entre las economías del mundo. Esto, desde luego, no solucionó todos los problemas de desigualdad y pobreza, pero le pegó un jalón importante a la sociedad.
Siguiendo estos pasos, Gustavo Petro, en una decisión que para la tradición colombiana, parecía totalmente descabellada, decretó, al finalizar 2025, una alza del salario mínimo del 23.7 por ciento. Los dos candidatos de la derecha pusieron el grito en el cielo y los analistas serios que cita López, dijeron que el empleo se vendría al suelo y la inflación escalaría en un dos por tres. Eso no ha ocurrido, o por lo menos no ha ocurrido en la proporción que vaticinaron los analistas serios citados. Pero ahí aparece la explicación que tanto les gusta: vendrá después, deberá afrontarla el próximo gobierno.
Con esa decisión se beneficiaron 2,5 millones de empleados formales. Nada mal. Y no es lo único que ha hecho. Con transferencias sociales favoreció a los adultos mayores, a los pensionados, a los soldados y los policías, a las becarios del Sena, a las madres comunitarias. Es decir, hizo cambios reales y tangibles abajo, en la base de la pirámide.
Pero se sabe que ninguna decisión económica o social trae dicha completa. Cada decisión de gobierno tiene costos. Las decisiones de Petro en materia social lo llevaron a buscar cambios tributarios y prestamos en la banca. En ese camino vino la pelea con los empresarios y con la oposición y nada que pudo sacar la susodicha reforma tributaria y entonces crecieron la deuda externa y el déficit fiscal. Y a esto ayudan, también, la corrupción que no cede y la evasión fiscal que no amaina, males que han apaleado a todos los gobiernos.
Cepeda no podrá ignorar esta realidad. Quizás por eso ha dicho, en plena campaña -algo que los estrategas no aconsejan- que hará ajustes para lograr una tributación equitativa. Y ha dicho, también, que seguirá estimulando el consumo en las capas bajas y medias de la población y llevara a cabo las transformaciones profundas a la producción en el campo colombiano. Con eso espera que la economía crezca. Pero tendrá que recortar en algún lado el gasto y desarrollar serios planes de austeridad.
Paloma quiere restaurar la disciplina fiscal y reducir los impuestos para buscar una economía estable; y para atender las demandas de algunos sectores sociales, quiere estimular los emprendimientos y la pequeña y mediana empresa mediante acceso el crédito y focalizar algunas transferencias sociales. Esa es otra perspectiva.
De la Espriella tiene una idea más radical de acabar con los impuestos, reducir el Estado en más de la mitad de sus empleados, cerrar embajadas y crear empresas -en lo cual dice, es muy ducho, es su gran característica, dice, que lo de abogado y tramitador de demandas, es apenas, un rasgo, un aspecto de su vida- con estas ideas, buscara crecer y solucionar los problemas fiscales y el endeudamiento.
Eso fue lo que encontré en la exploración de las ideas fuerza que están agitando en campaña. También me metí a indagar por la vida y las propuestas de Iván Cepeda y me puse a compararlas con las de Paloma y De la Espriella, en varios campos: en la seguridad, en las relaciones internacionales, en las apuestas económicas y sociales y también, claro está, en la actitud frente a flagelos como la corrupción, el narcotráfico y la ilegalidad.
En esas indagaciones plasmadas en el libro encontré que Cepeda quiere reformar, De la Espriella romper y Paloma restaurar y ajustar. Son, a mi modo de ver, perspectivas legítimas, pero realmente divergentes en sus esencias y en sus modos.
En la revista han dicho que Felipe López hará los perfiles de los candidatos con mayor opción en las próximas entregas, le convendría recurrir a otros analistas para sazonar sus artículos, los que citó, de verdad, no me parecen muy serios.



