La semana pasada dejó varias tendencias analíticas que, por su lado, muestran la lógica doble en la que está moviéndose esta campaña política. Por un lado, la mayoría de los partidos políticos aplazaron tomar decisiones de fondo sobre apoyos a candidatos presidenciales, lo que demuestra que en su interior existen tensiones que manifiestan la fragmentación política que vive el país, pero también estas tensiones giran solo frente a los 3 candidatos que van punteando en las encuestas, y que hacen parte de la polaridad entre progresismos y nuevas derechas que marcará este ciclo electoral en Colombia.
Además, la radicalización política sigue aumentando, tanto con las declaraciones de Abelardo De La Espriella, quien llamó a Iván Cepeda “enemigo”, así como de la vandalización de una sede de campaña de Paloma Valencia en Bucaramanga.
En esta polarización, los centros políticos siguen disgregándose en los dos polos existentes, por lo que han perdido parte de la discusión pública.
Así cerró la semana pasada la jornada electoral.
—Los partidos políticos tienen fragmentados sus apoyos
Ninguno de los 2 partidos de origen tradicional y los 2 partidos de estructura clientelar en Colombia han querido emitir su decisión frente a qué candidato van a apoyar el próximo 31 de mayo. Aun cuando esta semana tuvieron nutridas reuniones con las bancadas entrantes y salientes del Congreso, la mayoría se abstuvo de cantar su apoyo y han aplazado para lo que queda del mes de abril los anuncios. No obstante, los apoyos de las dirigencias están decantándose hacia un lado en particular.
En el Partido de la U, ya quedó claro que en pleno su partido no apoyará a Iván Cepeda a la presidencia. Esto, a pesar de que su bancada en Cámara de Representantes y en Senado fue fundamental para la aprobación de varios proyectos de reforma y agenda legislativa del presidente. En la tarde del 8 de abril publicaron un comunicado señalando que, muy a pesar de no tener claridades hacia dónde inclinarse en este ciclo electoral, su negativa a apoyar a Iván Cepeda radicaba en la búsqueda de estabilidad institucional y fortalecer la democracia.
Aun así, ya hubo disensos, y un día después el senador Antonio Correa, de esa colectividad, salió en sus redes sociales a cantar su apoyo al candidato progresista. Lo hizo aduciendo responsabilidad política con el país y un llamado a no regresar hacia el pasado. Señaló también que respeta la decisión de la dirección de su partido y que su decisión es de carácter individual.
Hay que decir que este tipo de declaraciones no terminaron por generar un disenso generalizado dentro del Partido de la U, que ha empezado a mover sus estructuras hacia la campaña de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, impulsadas por Norma Hurtado (senadora reelecta, quien ahora obtuvo 136.036 votos en preconteo) y el grupo de Juan Carlos Garcés (129.051 votos en preconteo). Del mismo modo, el Representante reelecto Víctor Manuel Salcedo (68.417 votos en preconteo), uno de los cercanos a Dilian Francisca Toro en el Valle del Cauca, también ha movilizado su discurso de apoyo hacia Paloma Valencia, como lo manifestó en Caracol Radio algunos días atrás.
Estas tensiones internas también se observan en el Partido Liberal, donde aún no ha habido declaraciones y los cónclaves se han desarrollado sin humo blanco. César Gaviria, el líder de la colectividad, se ha reunido con las bancadas de Senado y Cámara de forma separada. En aquellas reuniones acordaron volver a encontrarse el próximo 20 de abril para decidir de fondo a qué candidato apoyaría el Partido. Igual que en el Partido de la U, los apoyos están divididos, con un sector amplio que representantes que busca decantarse hacia Iván Cepeda, aunque la mayoría de los congresistas electos y de la bancada de Senado han cantado su apoyo a Paloma Valencia. Hay que recordar que César Gaviria ha sido, desde hace varios meses, un férreo opositor de la mayoría de las medidas que ha tomado el gobierno Petro, por lo que es probable que, en aquella decisión del 20 de abril, indiquen que no apoyarán la opción de Cepeda.
En el caso del Partido Conservador, también hicieron una declaración conjunta en la que señalaron que apoyarían a Paloma Valencia o a Abelardo de la Espriella, como opciones viables desde la “centroderecha”. No obstante, tampoco cantaron su candidato e indicaron que en las próximas semanas revelarían su apoyo, aunque también se rumora de que hay varios congresistas (como en el caso de Alfredo Ape Cuello o Carlos Andrés Trujillo y sus grupos políticos) que impulsarían sus estructuras por Cepeda.
La bancada de Cambio Radical no ha emitido aún ningún apoyo, aunque dentro de ese partido los apoyos también están fragmentados entre Paloma Valencia (cuyo apoyo ya está cantado por Carolina Arbeláez) y Abelardo De La Espriella (al cual Carlos Fernando Motoa le ha expresado su apoyo, igual que la bancada charista electa en el Congreso).
Estos apoyos fracturados revelan que, en efecto, los partidos políticos tradicionales y los partidos políticos de estructuras se han convertido en un campo de disputa y, a la vez, se han disgregado en medio de la competencia política a la presidencia. Sin líneas ideológicas claras, la mayoría de los congresistas electos, de las bases y de las direcciones regionales y nacionales tenderá a inclinarse hacia donde las estructuras políticas y los grupos de interés que componen y financian a estos partidos quieran irse, como ya está sucediendo con Cambio Radical desde la línea Char, con la movilización de la base electoral de María Lopera en Antioquia, o las declaraciones de Antonio José Correa desde el Partido de la U.
—Los antagonismos políticos siguen creciendo
El pasado 8 de abril de 2026, en una de las emisiones de “Colombia decide 2026” de Noticias Caracol en la mañana, Abelardo De La Espriella aseveró que Iván Cepeda era su “enemigo” político. Lo resaltó luego de una pregunta sobre la posibilidad de que Iván Cepeda se niegue a ir debates públicos con otros candidatos, tras señalar de que, si Cepeda en últimas no iba, realizaría varios conversatorios con Paloma Valencia, a la que pretende no atacar durante el resto de la campaña. Esto, a pesar de que algunas de las figuras públicas e influenciadores que apoyan al candidato De La Espriella se han lanzado a chocar con Valencia y con su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo.
Tras ello, De La Espriella aseveró que el único enemigo político que considera en esta campaña es Iván Cepeda, descartando de tajo a figuras como Claudia López y Sergio Fajardo, a quienes ya los pone por fuera de competencia. El señalamiento de “enemigo” vino acompañado con el epíteto de “traidor de la patria”, con el que De La Espriella ha lanzado su discurso en contra de los progresismos, aduciendo que Cepeda quiere imponer un modelo “fracasado” y que “ha matado a millones de personas en el mundo”.
Esta declaración de Abelardo De La Espriella hay que leerla en clave del antagonismo político que también está consolidándose en los últimos meses, como resultado de la disputa por llenar el vacío hegemónico y el vacío de representación existente en el país, y por el que tanto el progresismo como las nuevas derechas han surgido como opciones para dotarle de contenido.
No obstante, varias de las cuentas seguidoras de De La Espriella en redes salieron a respaldar las declaraciones de De La Espriella, aduciendo una operación de violencia política en su contra, que el mismo De La Espriella en Caracol señaló que existía, motivada por Gustavo Petro y las acusaciones de irregularidades en el ejercicio de De La Espriella como abogado. De hecho, el candidato presidencial se refería específicamente a unas declaraciones en un Consejo de Ministros del presidente, que hablaba de una presunta relación entre De La Espriella y Germán Marroquín grillo, esposo de la fiscal general de la Nación, Luz Adriana Camargo, que se extendía en otras ramas de la Fiscalía General, en el mes de febrero de 2026.
Pero también De La Espriella y estas cuentas han aducido legítimo llamar a Cepeda “enemigo”, luego de que el presidente, bajo la bandera de la “Guerra a Muerte” y las convocatorias a las consultas populares hace casi un año atrás, “puso una lápida” sobre los congresistas del Senado y de la Cámara que se han opuesto a sus reformas. Esto, frente al discurso que dio Petro el 1 de mayo de 2025, donde acusó a estos congresistas de tener las manos “untadas de sangre” por la muerte de un militante de la Colombia Humana días atrás, y por la que llamó a la gente para que no votara por ellos el 8 de marzo de 2026.
Aun así, hay que entender el contexto en el que las declaraciones del presidente y su uso de la bandera de “guerra a muerte” como símbolo se manifiestan, que son muy distintos a los de la campaña presidencial en curso. En primer lugar, el uso de esta bandera se hizo extensivo durante toda la disputa de Petro con el Congreso tras el hundimiento de la reforma laboral y la convocatoria a varias Consultas Populares entre marzo y junio de 2025, y su sentido era, entre otras, ser el símbolo de la consulta.
Tras la aprobación de la nueva Reforma Laboral y la reversión de los decretos de consulta, el uso de la bandera se hizo menos extensivo, en parte, porque había cumplido su rol simbólico. La campaña de Iván Cepeda no la ha usado, y solo se mantiene dentro de algunos colectivos dentro del Pacto Histórico. También el discurso frente a los congresistas, especialmente hacia Efraín Cepeda, ha bajado de tono tras el hundimiento de sus últimos proyectos de reforma al cierre de 2025. De allí que su relación con el Congreso siga siendo tensa, pero tras las elecciones del 8 de marzo pasado, poco el presidente se ha referido a las bancadas independientes y opositoras.
Sin embargo, no se puede negar que parte de la radicalización discursiva existente a hoy es consecuencia de la forma como Gustavo Petro ha confrontado al Congreso y cómo se ha referido al mismo.
El uso del epíteto de “enemigo” y “traidor” que hace De La Espriella contra Cepeda no hay que interpretarlo como una reacción a los gestos del presidente, sino como la polarización reactiva a la que ha llegado el país, y que ha tenido manifestaciones diferentes que muestran el nivel de radicalización discursiva al que esta campaña ha llegado. Nada más hay que decir que en Bucaramanga se vandalizó una sede de campaña de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, así como se han denunciado presuntas amenazas de muerte contra Valencia y contra De La Espriella, a las que ya el gobierno salió al pasado garantizándoles todas las medidas de seguridad pertinentes.
—El “centro” que se viste (esta vez) de centroderecha:
Por los lados de los centros políticos, también existe dispersión que tiende a irse hacia alguno de los dos grandes polos políticos en disputa. En el Partido Alianza Verde, casi que los apoyos de algunos de sus congresistas ya están cantados. Katherine Miranda hizo oficial su adhesión a la campaña de Paloma Valencia, haciendo un giro de 180° frente a su misma postura hace 4 años atrás, cuando apoyó a Gustavo Petro, mientras que el senador y analista político, Ariel Ávila, hizo oficial su ingreso a la campaña de Iván Cepeda.
Así se han dividido los apoyos dentro de esa colectividad. John Sudarsky, por ejemplo, pidió a la estructura del verde y a Sergio Fajardo bajarse de la candidatura y apoyar desde ahora a Paloma Valencia. Del lado de Carlos Amaya, aunque no hay una postura oficial, parte de su estructura en Boyacá ya se estaría moviendo hacia la campaña de Iván Cepeda, como lo indicó La Silla Vacía el pasado 26 de marzo.
Por el lado de Nuevo Liberalismo, la centroderecha ya se ha sumado en su mayoría a Paloma Valencia, honrando los acuerdos pactados en la consulta del 8 de marzo, y ha comenzado a cambiar su discurso frente al Acuerdo de Paz. Así quedó registrado en las declaraciones del secretario de Seguridad de Bogotá, César Andrés Restrepo, quien cuestionó el Acuerdo de Paz y señaló que la promesa de paz que iba a traer la firma de este nunca llegó.
Esta orfandad en los centros políticos denota de nuevo que, ante la emergencia de los progresismos y las nuevas derechas como los grandes polos en disputa por llenar ese vacío de representación en Colombia, no tienen un discurso articulador que reconozca los logros del gobierno y resalte de manera certera sus errores, y se están decantando entre entregarle un voto útil a Paloma Valencia, o plegarse, de nuevo, hacia el voto en blanco como opción ante la incapacidad de negociar políticamente con el progresismo.
Pero esta inclinación no es anormal. De hecho, la cercanía de la centroderecha con la candidatura de Paloma Valencia se articula en torno a la defensa de la institucionalidad como criterio programático. Ante la idea de una gran discusión que lleve a un Acuerdo Nacional, la centroderecha dentro de los verdes y de otros partidos dentro de los centros han señalado el riesgo de una constituyente que les hace imposible defender una candidatura como la de Cepeda. De hecho, ya varias veces Claudia López ha salido a decir que no tiene definido aún su voto, pero que es claro que no lo haría por Iván Cepeda por los riesgos institucionales que, a su propio criterio, el candidato encarna.
—A modo de cierre:
Esta semana que llega es fundamental, ya que los partidos políticos comenzarán a hacer sus declaraciones públicas frente a qué candidatos van a apoyar, o si tomarán la decisión de dejar en libertad a sus votantes frente a las opciones presidenciales disponibles. La tendencia muestra que es posible que esta sea la decisión mayoritaria en los partidos, especialmente en Cambio Radical y el Partido Conservador, donde hay apoyos divididos entre las candidaturas de Paloma Valencia y Abelardo De La Espriella. No obstante, es posible que los partidos Liberal y de la U se decanten por apoyar de manera abierta a Paloma Valencia. Esto ya sucedió en 2018, cuando, en segunda vuelta, los liberales decidieron apoyar a Iván Duque.



