La importancia de Petro en la política del siglo XXI, a pesar de sus errores

Estos últimos años han sido vertiginosos. Recuerdo que, en 2018, cuando Petro logró una votación histórica para un político de izquierda, más de ocho millones de votos, los que creímos en él le pedimos mover su espectro político hacia el centro, que consiguiera alianzas con operadores que supieran establecer vasos comunicantes con el Partido Liberal, con los verdes, con la parte menos goda de los conservadores. Incluso se le pidió que moviera las redes como lo hacía el uribismo. Pero no lo quiso hacer. En segunda vuelta, Iván Duque lo arrasó. Desde ese momento Petro ha conservado una base, ocho millones de votantes. Ningún político colombiano tiene esa cantidad de votos. Por eso es que mantiene ese 50 % de imagen positiva que publicó el pasado domingo Cambio. Pero, al verlo bien, esto no es exacto. Hay un sector de la población que no encuestan. Un caso claro de esto es Bogotá y localidades como Ciudad Bolívar, con una densidad de habitantes altísima, en donde varias familias pueden vivir en una casa. Es una población que sigue creciendo debido al conflicto en regiones como el Catatumbo y el Cauca. Es gente que quiere regresar a su tierra y que sabe que la única posibilidad de humanizar la guerra está en elegir a un presidente abierto al diálogo. Creo que a esas encuestas les falta más información y, por eso, afirmo que el 60 % de los colombianos está con Petro.

Los defectos de Petro son evidentes. Como televidente, me parecen pobres, repetitivos, llenos de lugares comunes sus discursos. Hace poco intenté leer por tercera vez su autobiografía y volví a quedarme dormido. Es como ver una película mala varias veces. Es deplorable lo que dice de su vida sexual y la manera como ha tratado públicamente a algunas funcionarias suyas. Pero lo que piense yo, al fin y al cabo, no cuenta. Lo que cuenta es lo que piensa la gente que jamás se ha visto representada en un político. Qué podrá pensar un habitante del Catatumbo de Juan Manuel Santos ¿Qué tienen que ver? O un boyacense de Abelardo quien, abiertamente, ha despreciado su comida. Para los boyacenses su comida es todo, es lo que cultivan, es su cultura. Por eso todo lo que diga Petro que suene estruendoso va a tener una repercusión en la gente a la que él quiere llegar, a su base verdadera. Solo un político tiene esa capacidad de interpretar a su pueblo, y ese es su némesis: Álvaro Uribe Vélez.

Ocho años después de esa derrota, Petro sabe utilizar bien las discutibles armas electorales con las que la derecha se perpetuó en el poder.  Tiene sus operadores políticos y, también, tiene a influencers que intensean, hasta el sofoco, todo el día con su fanatismo. Petro les robó ese protagonismo. Por lo general, el último año de un presidente es gris. Ya casi que puede considerarse un expresidente. Petro no se deja robar la conversación. Incluso, en el momento más denso de su campaña, hace un año cuando la Segunda Marquetalia atentó contra Miguel Uribe Turbay, los ejes del poder se movían entre la Fundación Santa Fe y el Congreso. Petro estuvo más activo que nunca moviendo sus reformas, saboteadas sistemáticamente por los congresistas del establecimiento. El atentado a Miguel Uribe le servía más a la derecha que a la izquierda, esta es una verdad irrefutable. Pero Petro supo mantener con su verbo encendido-eso que a mí me aburre tanto- la conversación en el territorio que a él le convenía.

Por primera vez, Petro, hijo de Ciénaga de oro, les robó el poder y el protagonismo a las élites de Bogotá. Esto solo lo había podido hacer, antes que él, un montañero de pura cepa como Uribe. Pero Uribe igual representaba el poder de la élite. Petro no, es Petro es pueblo puro. En 2006, en pleno auge de la Seguridad Democrática, el señor Carlos Gaviria consiguió romper la barrera de los dos millones de votos, un hecho histórico para un candidato presidencial de izquierda. Él marcó el camino de la alternancia política. Hoy Petro ha cuadriplicado esta base e incluso su sombra le alcanza para cubrir al que sería el continuador de sus transformaciones sociales, Iván Cepeda, quien es el único candidato que tiene asegurado el paso a la segunda vuelta.

No se sabe quién ganará estas elecciones, pero Petro, al ser el primer candidato de izquierda en ganar unas presidenciales en Colombia y no sucumbir ante esa presión y mantener una imagen positiva tan alta, demostró que la democracia colombiana no fue aniquilada por el fraude, las maquinarias y la élite bogotana, que cualquier costeño de Córdoba, con empatía con el pueblo, puede ser presidente. Petro le dio voz a los que no eran nadie y nos dimos cuenta de que son millones.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.