Un poeta se convierte en un clásico absoluto del cine latinoamericano

A finales del 2025 se estrenó en cines la película del cineasta Simón Mesa. Un ataque demoledor contra la intelectualidad, manejada por la izquierda, en algunas capitales del país como Medellín. Incluso fue tan iconoclasta que decidió tirarle piedras al festival de poesía de esa ciudad, algo que hasta hace unos años parecía imposible que sucediera. Lo único que le hizo falta a esta obra maestra fue una mayor capacidad de lobby y músculo financiero para lograr colarse entre las cinco películas más importantes del año y disputar el Óscar a la mejor película extranjera, algo que consiguió la noruega Sentimental value.

Un poeta logró algo que perdura más en el tiempo y es el cariño del público. La frase podrá sonar a cliché, pero es cierta. A comienzos de mayo fue estrenada en la plataforma de HBO Max para toda Latinoamérica y la respuesta de la gente ha sido impresionante. Los críticos de redes sociales como Javier Ibarreche, quien tiene una alta legitimación entre el público juvenil, afirmó que estaba entre sus cinco películas favoritas del año y aseguró además que nuestro acento –él asume que todos los colombianos hablamos paisa y afortunadamente esto no es así– es hipnótico. En 23 países ocupa la primera posición de lo más visto en streaming, y su director, Simón Mesa, superó con largueza ese complejo que tienen muchas películas de festival y es  no romper el nicho de críticos y de cinearte que hace que un filme se convierta en una pieza artística que limita su distribución.

Uno de los grandes aciertos de la película es su casting. En un claro homenaje a Víctor Gaviria, quien incluso tiene un cameo de segundos, Simón Mesa se dedica a poner a cantar pájaros, es decir, a darle voz a personas del común que se convierten en actores para hacerlo más real, más contundente. Y esto sucede gracias al método que tenga el director como al talento que pueda tener la persona escogida. El punto es que, si no hubiera aparecido Ubeimar Rios, este profesor metalero que encarna a Oscar Restrepo, un hombre de cincuenta años que está en pleno descenso de la vida, que está fracasando duramente en su intención de ser poeta, no tendríamos película.

Un poeta es un orgullo nacional que se va consolidando con el paso del tiempo, de las semanas, y esto es lo más difícil que le puede pasar a una película, que se vuelva una consentida del tiempo. Una maravilla que ahora todos pueden ver, refugiándose en Max.

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