Parque Eólico La Guajira: una idea que nacio como solucion para la comunidad y terminó en el abandono      

En el estado de Zulia, al occidente de Venezuela y en plena frontera con Colombia, se encuentra uno de los proyectos de energía renovable que alguna vez prometió transformar el panorama eléctrico del país bolivariano. Se trata del Parque Eólico La Guajira, una iniciativa concebida para aprovechar los fuertes vientos de la península de La Guajira y diversificar la matriz energética venezolana. Sin embargo, lo que en su momento fue presentado como un símbolo de modernización tecnológica y transición hacia energías limpias terminó convirtiéndose en uno de los ejemplos más representativos de infraestructura abandonada en el país.

La construcción del proyecto comenzó oficialmente en 2011, durante el gobierno de Hugo Chávez, con una inversión que superó los 200 millones de dólares y con la participación de la empresa argentina Industrias Metalúrgicas Pescarmona. El parque fue diseñado para desarrollarse en varias fases y contemplaba la instalación de 36 aerogeneradores capaces de producir hasta 75,6 megavatios de electricidad, energía suficiente para abastecer a miles de hogares en el estado Zulia. La primera etapa del proyecto logró instalar doce turbinas eólicas, cada una con capacidad aproximada de 2,1 megavatios, lo que representaba un avance significativo hacia la generación de electricidad mediante fuentes renovables en el país.

El objetivo central de esta infraestructura era aprovechar el enorme potencial eólico de la región, caracterizada por corrientes de viento constantes provenientes del Caribe aportando 10 mil megavatios al Sistema Eléctrico Nacional. Además, el proyecto buscaba aliviar la presión sobre el sistema eléctrico venezolano, históricamente dependiente de la energía hidroeléctrica y de plantas termoeléctricas alimentadas por combustibles fósiles. Esta apuesta por las energías renovables resultaba especialmente relevante en un contexto en el que tanto Venezuela como algunas regiones de Colombia enfrentaban apagones frecuentes, deficiencias en la infraestructura eléctrica y dificultades en la prestación del servicio energético.

No obstante, a pesar de la magnitud de la inversión y de que gran parte de la infraestructura llegó a instalarse, el parque nunca alcanzó un funcionamiento estable ni fue plenamente integrado al sistema eléctrico nacional. Con el paso del tiempo, comenzaron a surgir múltiples interrogantes sobre las causas de su paralización. Entre los factores señalados se encuentran la falta de planificación técnica, problemas en la coordinación institucional y retrasos en la construcción de las subestaciones y líneas de transmisión necesarias para conectar el parque con la red eléctrica nacional. Estos vacíos estructurales impidieron que el proyecto alcanzara su verdadero potencial desde sus primeras etapas.

Con el paso de los años, lo que alguna vez fue presentado como un proyecto emblemático de innovación energética terminó convirtiéndose en una especie de cementerio industrial. Gran parte de los equipos que reposaban en el parque han sido desmontados o vendidos como chatarra, mientras que varias de las turbinas permanecen sin cableado, sin motores funcionales y sin los componentes necesarios para generar electricidad. Las estructuras metálicas que todavía se mantienen en pie son hoy un recordatorio silencioso de una promesa energética incumplida.

Las comunidades cercanas y diversos observadores han señalado que el abandono del parque eólico representa una oportunidad perdida para diversificar la matriz energética venezolana y reducir la dependencia del petróleo y otras fuentes fósiles. Incluso existen relatos de habitantes de la zona que describen cómo algunas piezas de las turbinas abandonadas han sido reutilizadas para actividades cotidianas, como la fabricación improvisada de pequeñas embarcaciones durante temporadas de inundación. Este tipo de usos evidencia no solo el deterioro físico del proyecto, sino también la transformación simbólica de una infraestructura que pasó de ser un símbolo de desarrollo a una muestra tangible del abandono institucional.

En la actualidad, ya entrado el año 2026, el parque eólico continúa inoperativo y sin perspectivas claras de recuperación. Las torres que alguna vez fueron concebidas para aprovechar el viento del Caribe permanecen inmóviles, rodeadas por el silencio del desuso y el deterioro. Mientras tanto, la crisis energética sigue afectando a amplias regiones de Venezuela, donde los apagones y las fallas en el suministro eléctrico continúan siendo una realidad cotidiana para millones de ciudadanos. Así, el Parque Eólico La Guajira se mantiene como una metáfora de lo que pudo haber sido un avance significativo hacia la transición energética, pero que terminó convertido en una obra inconclusa y en un símbolo de las dificultades estructurales que enfrenta el sistema eléctrico venezolano.

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Lizeth Serrato Contreras

Antropóloga con énfasis en investigación social y método etnográfico, específicamente en la aplicación de técnicas de recolección de información. Diplomado en Patrimonio Cultural y distinción honorífica Cum Laude de la Universidad del Magdalena. Experiencia en la formulación de investigaciones de carácter social y medioambiental. Conocimientos en el área de Transición Energética y experiencia en el trabajo de campo con Comunidades Energéticas.