Sobre los resultados de las votaciones del 8 de marzo que eligió a los candidatos de consultas internas y a los miembros del Congreso de la República, se pueden sacar algunas conclusiones, entre muchas cosas más. Obviamente, en el contexto de la lucha política, las próximas elecciones presidenciales y la tremenda disputa entre dos facciones que parecen irreconciliables, todos o, al menos, casi todos se ven como ganadores y, como gran parte de eso tiene que ver con las interpretaciones que se hagan, hasta tienen razón.
Eso sí, claramente hay perdedores evidentes como Vicky Dávila, Juan Manuel Galán (aunque los Galán siempre caen parados), Enrique Peñalosa, Juan Carlos Pinzón, Daniel Quintero, Lucho Garzón (¿a quién se lo ocurrió ponerlo de # 1 en la lista de los Verdes?), Jorge Enrique Robledo (los políticos no suelen retirarse, pero Robledo, y tal vez el viejo MOIR, va rumbo a un triste y anodino final), Angélica Lozano, Katherine Miranda, Ingrid Betancourt (que, seguramente, volverá en 4 años) y (que dicha) el, para mí, impresentable Polo Polo, entre muchos más.
También hay otros que, a pesar de ganar sus consultas, realmente perdieron, pues sus votaciones demostraron la poca fuerza política que tienen, como Claudia López (que además sufrió la derrota de su esposa Angélica Lozano para reelegirse como senadora) y Roy Barreras que creyó que podía sacar una votación que pusiera en entredicho el apoyo de la izquierda a Iván Cepeda y resultó que no tenía con qué (esos voticos “amarrados” se embolataron).
Asimismo, salieron derrotados algunos “analistas” que, posando de creativos, afirmaban que Juan Carlos Pinzón o Roy Barreras iban, como en las carreras de caballos, a arrancar de atrás y, súbitamente, ponerse arriba. Era evidente que, por diferentes razones, les faltaba mucho pelo pa´ moña.
¿Y quiénes ganaron? Es también fácil decirlo, pero yo lo repito y recalco. Ganó Paloma Valencia que, con el respaldo del Centro Democrático en cabeza del todavía caudillo Álvaro Uribe Vélez, la puso arriba, primero en las encuestas y luego con una alta votación, realmente barriendo con casi todos sus contrincantes. Igualmente —todos lo sabemos—, ganó Daniel Oviedo, un personaje que, al parecer, chillaba en esa consulta, pues muchas de sus posturas eran radicalmente diferentes a las de sus compañeros de grupo en temas como el genocidio en Gaza, la intervención gringa en Venezuela y el reconocimiento (para rabia de muchos) de los éxitos del gobierno de Petro en materia económica, lo que, según él, explicaría su respaldo popular. Oviedo, se podría decir, es progresista en temas sociales y culturales, aunque conservador en temas económicos (y eso quiere decir que es neoliberal a ultranza, o eso creo). Es, en realidad, un defensor del statu quo y una nueva cara lavada del establecimiento, como alguna vez dije de Alejandro Gaviria en un texto que finalmente no publiqué. Vale decir que es evidente que Oviedo no será fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia (sería un gravísimo error), sino que irá por la Alcaldía de Bogotá, una opción que hoy en día se antoja muy viable.
Igualmente, ganó, aunque no estuviera en contienda, Iván Cepeda, pues con la bajísima votación que sacó Roy Barreras (y también Daniel Quintero que, no sé por qué, en algún momento asustaba a algunos en la izquierda) quedó demostrado que la izquierda está unida en torno a él. Así, si bien fue un fuerte golpe que el CNE le impidiera a Cepeda participar en la consulta, estos resultados demuestran la disciplina y el compromiso que tiene la izquierda para acompañar firmemente a su candidato en la contienda presidencial.
Obviamente, como ya dije, las huestes enfrentadas reclaman como propia la victoria y, como también expresé, tienen argumentos para respaldar sus palabras —y emociones—. Eso sí, a mí me parece (seguro lo digo con el deseo) que la excelente votación de Paloma Valencia no es del todo positiva para la derecha dura (extrema) que ella representa, pues la mayoría de esos votos se irán para Abelardo de la Espriella. De hecho, desde hoy apuesto que Paloma sacará menos votos en la primera vuelta electoral que en la consulta que ganó (y si no le pego al perro, me cobran). Es que el triunfo amplio de Valencia hace que la derecha dura llegue dividida a la primera vuelta electoral y eso beneficia, claramente, a Iván Cepeda, el cual espera recoger algunos votos sueltos que quedaron por ahí, pues hay quienes, pensando en un triunfo contundente, pueden aprovechar esa circunstancia e inclinarse hacia el candidato de la izquierda (que es también, claro, el del gobierno).
Por cierto, son ingenuos los que creen que el millón de votos de Daniel Oviedo se irá para Paloma Valencia, pues muchos de esos fueron de la misma izquierda que quería sabotear de cierta manera esa consulta (así como lo hicieron muchos votando en 2010 por Noemí Sanín para que el tristemente recordado “Uribito” no ganara la consulta del Partido Conservador). También provienen de personas que siempre buscan candidatos alternativos que planteen algo fresco y diferente, como ahora está pasando con Oviedo (y pasó en su momento con Mockus, la misma izquierda que ganó en tres alcaldías consecutivas y más recientemente Claudia López). Oviedo, sin duda, despierta simpatía en mucha gente por sus declaraciones pragmáticas, argumentadas y equilibradas, además de cierto estilo, entre ingenuo y “técnico”. Por eso, la votación de Oviedo puede hacer sacar sumas alegres a la derecha sobre votos que realmente no están por ahí, lo cual resultaría siendo una grave equivocación.
En general quedé contento con los resultados electorales. Veo que, salvo unas cuantas excepciones en las que todavía hay fuertes clanes políticos imponiéndose, hay una interesante renovación en el Congreso que permitirá, de pronto, unos trámites menos complicados en muchas cosas, ojalá que sí (y también escribo esto con el deseo). De igual manera, claro está, se quedaron por fuera personas que habían hecho un buen trabajo legislativo, pero esos son los gajes del oficio y de unas elecciones que son, definitivamente, muy complicadas. Total, sea como sea, hubo un ejercicio democrático en el que la gente, con sus sesgos, pasiones, rabias e intereses, votó por los candidatos que considera mejores para su propia vida y, de pronto, la vida colectiva en el país.
Todavía queda camino por recorrer y la pelea política seguirá, seguramente, de manera cruenta. Empero, lo que pasó ayer pone en evidencia que la democracia colombiana, con todo y sus grandes defectos y tremendas imperfecciones, continúa fortaleciéndose, ojalá, para que este país pueda continuar su camino hacia un mejor lugar (se vale el optimismo, ¿cierto?).
Petrit Baquero es Historiador y Politólogo. Autor de los libros El ABC de la Mafia. Radiografía del Cartel de Medellín (Planeta, 2012); La Nueva Guerra Verde (Planeta, 2017) y Las Guerras Esmeralderas en Colombia (Planeta, 2025).



