Pocos espacios periodísticos en Colombia tienen el impacto y la sorpresa que carga El Reporte Coronell. Día a día tiene la capacidad de poner agenda. El pasado miércoles 21 de enero, El Reporte tocó un tema espinoso que tuvo como protagonista, una vez más, al expresidente Álvaro Uribe Vélez. Gracias al trabajo investigativo de Diana Salinas, directora de Cuestión Pública, se están desentrañando los misterios del episodio llamado “El parqueadero Padilla”. Por eso se pudo descubrir que la hermana del ultrauribista Edward Rodríguez, quien pertenece al Centro Democrático, Luz Samira Rodríguez, busca imputar al fiscal que lideró la investigación del caso del Parqueadero Padilla, el lugar donde operó la oficina financiera de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), en el centro de Medellín. En este caso, Álvaro Uribe se declara víctima. Pero la verdad podría ser más compleja.
La historia del Parqueadero Padilla podría resumir los vínculos que tuvo la Gobernación de Antioquia con los paramilitares a finales de los años noventa. Gracias a la labor del CTI y la Fiscalía, el 30 de abril de 1998 se encontró, en la zona conocida como “El hueco” de Medellín, un parqueadero en donde se llevaba la contabilidad de los grupos paramilitares de Urabá y Córdoba, pertenecientes a la casa de los hermanos Vicente y Carlos Castaño.
En libros de contabilidad se evidenciaban 40.000 transacciones a por lo menos 495 cuentas bancarias. Se encontraron bipers, en donde quedaba claro que existía una relación entre los militares y los paramilitares. Este golpe, que pudo haber frenado la financiación de paramilitares, lo que provocó, como señala Rutas del Conflicto o el extraordinario libro de Diana Salinas, una ola de asesinatos.
Fue Iván Velásquez, esa pesadilla que ha sido para Uribe, quien llegó a mediados de los noventa a la Fiscalía de Antioquia; fue quien tuvo la intuición para entrar a ese parqueadero. La llegada de otro fiscal que venía de Bogotá, Gregorio Oviedo, ayudó a formar un tándem demoledor. Por eso pudieron descubrir que, desde ese parqueadero, que queda a pocos pasos de la Gobernación de Antioquia, salían camuflados para paramilitares. Desde el centro del poder de Antioquia, en la época en el que el gobernador era Uribe, se alimentaba a los paramilitares. Era una vergüenza. Gracias a este allanamiento, se pudo descubrir que existían varios bloques paramilitares, como el Norte, Metro, Llanero y Occidental. En esa oficina se encontró a Jacinto Alberto Soto, alias Lucas, quien era el contador de la casa Castaño.
Pero había mucha gente poderosa metida en este cuento, como para que las investigaciones prosperaran. Liberaron al poco tiempo a Lucas y mataron a varios miembros del CTI y de la Fiscalía que participaron en la operación.
Y, con la imputación por parte de la hermana de Edward Rodríguez, ultrauribista pura sangre, al fiscal que llevaba el caso en el que se involucraba al presidente, queda claro que, otra vez, la justicia intentaría meterle la mano a un caso que fue clave para mostrar la relación que había entre el ejército, el poder y los paras. Uribe era gobernador de Antioquia en esa época, y el parqueadero Padilla quedaba a pocos pasos de La Alpujarra. ¿Por qué siempre todo es a sus espaldas?



