El presidente Daniel Noboa sacudió la política regional el pasado miércoles 21 de enero al anunciar que se impondrían aranceles del 30% a productos colombianos todo por una supuesta “falta de colaboración” en el tema del narcotráfico. La verdad es que ese país vive una crisis en el tema de seguridad desde mediados del 2025 cuando decisiones como militarizar las cárceles o algunos barrios ha constituido una disparada en los índices de violencia. Noboa intentó lavarse las manos y, en una jugada a lo Trump, señaló a Colombia como uno de los cuasantes del aumento en la extorsión, el asesinato, el secuestro y el narcotráfico.
Noboa fue lo suficientemente cuidadoso para exonerar de estos aranceles a la energía colombiana. Ecuador necesita de ella para moverse. El año pasado se exportaron un billón de pesos de energía a ese país lo que constituyen unos 450 megavatios. La última vez que este país no le vendió energía a sus vecinos Ecuador tuvo que padecer un racionamiento de 17 horas diarios.
Por eso Petro se pone firme y anunció que impondrá un arancel del 30% a veinte productos ecuatorianos además de empezar a pensar en la posibilidad de recortarle energía a Ecuador y de aumentar el número de productos a los que se impondrá ese arancel.
El anuncio lo hizo la ministra de Comercio, Industria y Turismo, Diana Marcela Rojas, quien afirmó lo siguiente: “En el Gobierno del presidente Gustavo Petro hemos fortalecido la capacidad institucional del Estado para actuar de manera técnica, proporcional y conforme a la normativa vigente cuando se alteran las reglas que han regido el comercio entre los países. Este gravamen no constituye una sanción ni una medida de confrontación, sino una acción correctiva orientada a restablecer el equilibrio del intercambio y a proteger el aparato productivo nacional frente a distorsiones externas”.
La respuesta de Petro, hasta esa decisión, era considerada como mesurada. Había pedido una reunión con Noboa y poner fin a esta confrontación además de coordinar más operativos para impedir que siga subiendo el tráfico de fentanilo. El sur y el occidente del país son los más afectados. En Cali son más de cuatrocientas empresas que dependen de las exportaciones al Ecuador. En Pasto la situación es todavía más dramática. Hay que darle margen a la posibilidad de que las emociones se bajen.



