Los ochenta fueron espantosos en Colombia. Es como si Dios -si existe- se hubiera empeñado en aniquilarnos. En 1985, 22.000 personas murieron en Armero; 105 en el Palacio de Justicia. En diciembre de 1986 Campo Elías Delgado entró con un arsenal a Pozzetto y mató a 29 personas; previamente había asesinado a su mamá y a su alumna de inglés. En 1987 ocurrió Villatina. Fueron tantas cosas seguidas que ya no nos acordamos de lo que sucedió en este barrio.
Por esa época se subía al aeropuerto de Rionegro por una ruta que lo hacía a uno ver la debacle. Cada vez que alguien lo llevaba a uno al aeropuerto, le mostraban una mancha blanca en la montaña: “eso es Villatina”. La tragedia ocurrió el 27 de septiembre de 1987 a las 2:30 de la tarde. En el deslizamiento murieron más de 500 personas. La mitad no pudo ser rescatada. A esa hora se jugaba un partido de fútbol en la cancha del barrio. Allí escucharon una explosión en la montaña y luego un humo. Pensaron que era una bomba. Pero no, era la tierra que se movía. En un solo momento quinientas vidas fueron cegadas.
Los sobrevivientes luchan para que la memoria se mantenga. La versión oficial del origen de la tragedia no tendría nada que ver con la realidad. Es que Villatina era lo que se consideraba en ese momento un barrio de invasión. Personas que llegaban con la vida en un guiñapo después de ser ultrajados en el campo y debían recomenzar de cero en la ciudad. Se asentaban donde fuera, incluso en el risco de una montaña. Durante meses empezó a hacerse una filtración de agua, que se hizo más grave debido a la desforestación; por eso cayeron 25.000 metros cúbicos de tierra. Pero habitantes del sector afirman que ahí se guardaba una caleta llena de material explosivo del M-19, que en ese momento se encontraba intentando llegar a hacer la paz con el gobierno Barco y eso fue el origen de la tragedia. Esto último no se pudo comprobar.
Lo cierto es que, en 2022, el diario El Colombiano de Medellín hizo una denuncia muy grave, preocupante. Es que ese lugar, catalogado como Campo Santo por la imposibilidad que existió para rescatar los cadáveres, está volviendo a ser poblado sin tener en cuenta los diferentes riesgos que esto conlleva. Se necesita conocer la historia para evitar repetirla, dice un conocido mantra que ya se volvió cliché, por esto la memoria de la tragedia pervive en un ecoparque creado por administraciones pasadas, pero ahora vuelven a surgir las casas, el peligro. Ojalá que la tragedia que alguna vez vivimos en los años ochenta, en Villatina, no se vaya a repetir.



