Acabo de leer la columna de León Valencia en Cambio titulada Carlos Lehder Alvaro Uribe y Fabio Ochoa, o el espíritu político de la mafia y en él se sumerge en una máxima: los mafiosos colombianos tienen en la sangre la pasión por la política.
Hace unas semanas llegó Carlos Lehder a Colombia. Al pasar por migración quedó detenido. Mucho se ha especulado por las razones que hicieron regresar a uno de los capos del Cartel de Medellín a Colombia cuando estaba tranquilo en Alemania, país del que tiene la nacionalidad. Hace cuarenta años Lehder era uno de los hombres más ricos de este país. Como recuerda León Valencia en su columna, creó un partido Político, el Movimiento Latino, que llegó a poner tres congresistas en las elecciones de 1986, un año antes de que lo extraditaran a los Estados Unidos. Tenía, como Pablo Escobar, una pasión por los medios, incluso creó uno, llamado Quindío Libre. Mientras Pablo Escobar tenía un discurso que era un batiburrillo de las más elementales ideas socialistas con algunas ideas estrambóticas como proponer la independencia de Antioquia, Lehder era un abierto admirador de Adolf Hitler y vivía orgulloso de su sangre alemana. Estaba obsesionado con destruir a los Estados Unidos y llegó a afirmar que el narcotráfico terminaría siendo una especie de bomba atómica que destruiría a la potencia del norte y vengaría a los países oprimidos.



