Cualquier plata puede absorver el glifosato a través de sus tejidos. Así las destruye. Por lo general se aplica a monocultivos. Su acción tiene que ver con limpiar el terreno, así le da vía libre al crecimiento de cultivos controlados. El problema es su nivel de devastación en el organismo de los humanos. Según Luis Ferreirim, responsable de Greanpeace España, “El glifosato es un arma de destrucción masiva, que no solo afecta a la biodiversidad del agua y del suelo, sino también a la salud de las personas”.
Inmediatamente campesinos de varias regiones del país, como el Catatumbo, expresaron su preocupación por lo que parecería ser una reculada importante del gobierno y un efecto de la presión que está ejerciendo Estados Unidos para detener lo que parece no tener solución: la expansión de los cultivos de coca. En el Catatumbo, por ejemplo, hay unos compromisos que se adquirieron en el acuerdo de paz con las FARC. Eso aún no se ha cumplido. Los cultivadores no quieren que envenen sus organismos o sus tierras sino que están buscando más inversión social. Lo que afirman en el Catatumbo es que, bastante tienen con lo que se viene presentando desde el pasado 16 de enero, cuando el ELN arrancó una ofensiva contra el Frente 33 de las FARC y que ha dejado 70 mil víctimas, como para agregarle un nuevo factor de preocupación, la fumigación con glifosato.



