En septiembre de 2016, en Cartagena, Rodrigo Londoño, máximo comandante de las FARC y Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, se dieron la mano. Las imágenes aún nos sobrecogen. Ambos vestidos de blanco, apoyados por los países que seguían siendo garantes, el país respiraba un cambio. Un mes después, este acuerdo debería ser reafirmado por un referendo popular que parecía tener un solo ganador: el Sí. El Centro Democrático, que venía de perder las elecciones de 2014, se había montado en lo que parecía un caballo perdedor, hacer campaña por el No. Contra todo pronóstico, este terminó imponiéndose. Los acuerdos, que al final terminarían saliendo adelante gracias en parte al premio Nobel otorgado por el reino de Noruega a Juan Manuel Santos, se firmaron de manera definitiva en noviembre de 2016.
En los territorios, más que en las ciudades, se vivía una verdadera fiesta. Se creía que por fin el monstruo de la guerra se había callado. Sin embargo, las respuestas inmediatas que debería haber dado el Estado, no llegaron. No se coparon territorios con la rapidez necesaria y el Estado siguió siendo más pequeño que las medidas territoriales de este país. Los problemas surgieron al final del gobierno Santos. Con Duque hubo alguna voluntad de aplicar la implementación a pesar de que este había hecho una campaña afirmando que, con los acuerdos de paz, no habría “Ni trizas ni risas”. La pandemia y las medidas adoptadas para contenerla retrasaron y traumaron esta implementación.
Algunos grupos, como el Ejército Gaitanista de Colombia, aprovecharon esta coyuntura para expandirse. Según nuestro informe “Tiempos violentos, radiografía del poder en Colombia”, las EGC pasaron de tener influencia, entre 2016 y 2026, de 107 a 304 municipios. Este grupo se duplicó. Unas de sus semillas fueron las AUC y su incompleta y fallida desmovilización.
La importancia de este nuevo informe de la Fundación Paz y Reconciliación, liderado por la línea de paz, que se convertirá próximamente en un libro, es remarcar que no fue durante los cuatro años de Petro y su política de Paz que los grupos armados aprovecharon para expandirse, sino que esto viene desde los mismos años de Juan Manuel Santos. Algunos grupos, como el ELN, lograron descender su influencia en municipios durante los años con Petro, si se compara con el cuatrienio de Duque. Es que el ELN duplicó de 106 a 183 los municipios de influencia y en estos últimos cuatro años se logró descender en un 18 %.
Sin apasionamientos y sin tomar bandos, esta es una radiografía cruda y certera sobre uno de los males que no han podido ser extirpados, el del conflicto colombiano. A partir de este viernes, este informe estará en nuestra página web y todas nuestras redes.



