Foto: @ESTEBAN VEGA LA-ROTTA
Más allá de los ruidos, las peleas y las alianzas que se destaparon en la instalación del nuevo Congreso el pasado 20 de julio, los grandes ganadores de la jornada fueron los partidos políticos que por medio de esos acuerdos “oscuros” lograron quedarse con el poder al interior del legislativo para este primer año.
Como siempre, el Congreso y su pomposo acto de instalación suelen ser noticia cada 20 de julio, pero no precisamente por lo bueno, sino, por los acuerdos políticos que tranzan unos y otros para conformar bloques directivos y poderes que dirijan el Capitolio en cada periodo legislativo.
Acuerdos políticos, reuniones de compromisarios, voceros, bancadas y directivos de los partidos que intentan coger un “pedazo” de la torta burocrática que trae consigo el Congreso. Especulaciones, nombres van y vienen, reuniones en las curules y enemigos que de un momento a otro se vuelven amigos.
Y como era de esperarse, eso se vivió el pasado lunes, en la instalación del Congreso, el Congreso que despide a Gustavo Petro y que posesionará en 15 días a Abelardo de la Espriella para dar paso a un nuevo ciclo político en Colombia.
¿Qué pasó en el Senado de la República?
Cómo ya es de amplio conocimiento, el gobierno entrante perdió la “puja” por la presidencia del Congreso, una puja en la cual no debió meterse y que hoy en día, pone en entredicho su capacidad de consenso al interior de la cámara alta.
Honorio Henríquez, heredero de la estructura del parapolítico, Miguel Pinedo Vidal, terminó electo presidente del Senado con 56 votos en una alianza entre el Centro Democrático, el Pacto Histórico y algunas disidencias de partidos políticos que le dieron la espalda al nombre del senador Alfredo Deluque, candidato del gobierno de Abelardo de la Espriella.
Esta fue una pelea casada por el Ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, quien se saltó los acuerdos tácitos del Congreso que establecen que el partido mayoritario de la bancada de gobierno comandará el primer año del legislativo.
Lara quiso imponer a Deluque a toda costa o bueno, eso dicen, y eso mismo dice el presidente De la Espriella, quien en un video en su red social de X afirmó que el deseaba que el presidente fuera Enrique Gómez, pero ante la marginalidad del partido (solo tiene 4 senadores) desistió de la idea.
Los movimientos de Lara no fueron suficientes para vencer a Álvaro Uribe, quien una vez más, demostró ser el “gran caudillo” de la derecha, caracterizado por la disciplina de partido y por el mal enfermizo de los caudillos actuales que terminan convertidos en twitteros.
Uribe, enfrentado a varios personajes del gobierno entrante, decidió emprender una batalla en Twitter contra el senador Deluque y contra Rodrigo Lara, a la par que Honorio Henríquez y Gabriel Vallejo, director del partido Centro Democrático tranzaban y acordaban con la oposición.
El golpe definitivo ha sido el eje del debate público en los últimos días y nos deja imágenes inverosímiles en la historia política nacional, como es la celebración de Aida Avella, histórica líder del progresismo, junto a Rafael Nieto Loaiza, uno de los representantes más fuertes de la famosa “mano dura” de Uribe.
Más allá de esto, en el aire quedaron varias preguntas relacionadas con los partidos políticos y su posición en el Congreso. Esto, producto de que todos los partidos, a excepción del Centro Democrático y el Pacto Histórico, postularon a Deluque como el candidato a la presidencia.
Preguntas que seguirán en los próximos días mientras esperamos la confirmación oficial de la posición de los partidos frente al nuevo gobierno. Pero lo que, si quedó claro, es que al interior del Congreso sí se lograron acomodar y aunque algunos intenten vender la historia de que el gobierno que entra ya está derrotado, la realidad parece ser muy distinta.
La mesa directiva del Senado termina entonces Honorio Henríquez de presidente, Manuel Virguez del Partido Mira como primer vicepresidente y Alejandro Ocampo del Pacto Histórico como segundo vicepresidente, en cumplimiento del estatuto de oposición.
El secretario del Senado será Diego González del Partido de la U y ficha del procurador, Gregorio Eljach y la subsecretaría se mantiene en manos de Saúl Cruz, del Partido Conservador y ficha cercana al Clan Barreto.
Por último, la dirección administrativa quedó en manos de Astrid Salamanca, del Partido de la U y que con este periodo completará 16 años a la cabeza del control burocrático del Senado.
Las comisiones están en proceso de conformación y las mesas directivas se espera queden conformadas la siguiente semana, allí, tendrán prevalencia los partidos que se mantengan dentro de la coalición de gobierno.
Hasta ahí, es claro que en el Senado los grandes vencedores son los partidos tradicionales quienes pactaron y llegaron a acuerdos para dirigir no solo el sentido y el orden del legislativo, si no también, la burocracia de una de las entidades más costosas del país.
¿Qué pasó en la Cámara de Representantes?
En la Cámara, a diferencia del Senado, no hubo peleas y los acuerdos se tranzaron días atrás. Inicialmente parecía que el presidente de la corporación sería Daniel Briceño, el congresista más votado de Colombia y una figura fuerte del Centro Democrático con afectos dentro del gobierno de Abelardo.
Sin embargo, Uribe decidió desistir de la Cámara y pidió a Vallejo acordar los votos para centrarse en la presidencia del Senado. El “diligente” Gabriel Vallejo, siguiendo las instrucciones de su jefe, fue y acordó con los demás partidos el apoyo en la cámara baja.
Ahí el primero en “picar en punta” fue el Partido Conservador, quien postuló a Nicolás Barguil, miembro del Clan de David Barguil, para la presidencia de la corporación. El nombre recibió el visto bueno de los demás partidos, lo que permitió que Braguil terminara quedándose con la presidencia de la Cámara.
La primera vicepresidencia quedó en manos de Simón Molina del Movimiento Creemos, de Federico Gutiérrez, movimiento de gobierno que tendrá el control del Ministerio del Deporte en cabeza de Juliana Gutiérrez, hermana del actual alcalde de Medellín.
La segunda vicepresidencia quedó en manos de Erick Velasco, del Pacto Histórico, único partido que hasta ahora se ha declarado en oposición al gobierno de Abelardo. Con ese acuerdo sobre la mesa directiva entró el Partido Liberal a pedir su “pedazo de la torta”.
Es así como en acuerdo político, se quedaron con la secretaría de la Cámara con Miguel Ángel Sánchez, quien fuera secretario del partido y que es uno de los hombres más cercanos al expresidente Cesar Gaviria. La subsecretaría también quedó en manos de los liberales con James Cañizales, cercano a su ahora jefe, Miguel Ángel Sánchez.
Por último, la dirección administrativa, para la cual estaba postulada la actual ministra de Comercio, Diana Morales, terminó nuevamente en manos de John Abiud Ramírez del Partido de la U, cuestionado en su paso por la alcaldía de Girón, Santander y jefe político de uno de los clanes más poderosos del departamento.
Con el nombramiento de Sánchez, Cañizales y Ramírez, no solo se terminan de acomodar los partidos, sino también el mismo gobierno que entra, de la mano de Jaime Andrés Beltrán, ministro de Vivienda designado y exalcalde de Bucaramanga, quien, según dicen fue el que acomodó las fichas para que las tres dignidades quedaran en manos de santandereanos, cercanos a su proyecto, que hoy por hoy se apodera de la política en el departamento.
¿Quiénes ganaron y quienes perdieron?
En una primera mirada el “gran derrotado” es el gobierno entrante, sin embargo, la tesis es precipitada, toda vez que, de momento, hay un acuerdo mayoritario con todos los partidos para construir la coalición de gobierno.
Si el ministro Lara logra que los partidos se declaren dentro de la coalición, la derrota no existiría, porque el poder burocrático y legislativo del Congreso quedaría en manos del mismo gobierno. Pero si no lo logra, ahí si Lara entraría derrotado y con los partidos llenos de poder al interior del legislativo.
Por otro lado, los grandes ganadores nuevamente son los partidos políticos, esos que se resisten a desaparecer y que se alimentan del poder y de la burocracia que da el aparato estatal. Controlarán el poder burocrático del Congreso, la línea legislativa y con eso, la operación de control y transacción con el gobierno entrante.
Si Abelardo quiere gobernar, deberá hacerlo con el Congreso y con las Cortes, un enfrentamiento directo desde el momento cero minaría su gobernabilidad y dejaría al gobierno arrinconado, listo para gobernar a decreto con la claridad de que la Corte le terminará destruyendo toda su propuesta.
La siguiente puja viene por la elección a Contralor, el primer órgano de control que se debe elegir días después del inicio del gobierno de Abelardo. Por ahora, el Congreso tiene mayorías y control en este proceso, lo que obligaría a De la Espriella a negociar o a comenzar una guerra fratricida para su proyecto.


