Las luchas que dio contra la violencia estatal Virgelina Chará, tejedora de memoria

En septiembre de 1985 se terminó de construir la represa de la Salvajina en el Cauca. Nada podía justificar que esta obra desplazara a más de seis mil personas que vivían en los alrededores del embalse. El ejército, junto con los primeros grupos paramilitares que se registraron en el Pacífico, sacó a la brava a la gente. Los poderosos que forjaron esa represa les aseguraron a las víctimas que serían reparadas. Cuarenta y un años después, nada de esto sucedió.

Una de esas personas se llamaba Virgelina Chará. Ella intentó defender a la población, alzar la voz, porque ellos vivían de la minería artesanal, pero la represa acabaría con todas las ilusiones. Los hombres armados la sacaron de ese lugar. Creyendo que el ejército la podía defender, recurrió a ellos, pero no la escucharon; así que tuvo que irse con su familia a Cali. Tenía 31 años.

El lugar de su nueva casa fue el distrito de Aguablanca en Cali. Desde Bogotá, más de uno se preguntaba, en los años que ocurrió el estallido social, porque la protesta era particularmente violenta en esa zona de Cali. Lo que es desconocer la historia. La gente en Aguablanca ha tenido que resistir la violencia estatal y de los grupos armados de todas las formas, desde la estigmatización hasta el reclutamiento forzado.

En 2003 hubo una masacre. Mataron a 17 muchachos en ese distrito. Virgelina vivía un nuevo desplazamiento y, esta vez, le tocó irse a Bogotá. Acá, donde todas las ilusiones se secan, continuó la persecución. En 2008 fue golpeada por un desconocido en plena calle, luego la asociación que dirigía, Asomujer, empezó a recibir amenazas diarias. Ella, que había visto tanto horror, no se movió un milímetro. Desde ese momento se convirtió en un referente.

La manera de resistir fue tejer. En 2021, por ejemplo, ella y decenas de mujeres que le creían, que la amaban, que la respetaban, tejieron una tela de más de 500 metros con la que cubrieron el edificio de la Comisión para el esclarecimiento de la verdad. Un año después, hicieron lo mismo con el Palacio de Justicia. Cada persona contaba su historia a través de un telar que se unía, con un todo, en una tela descomunal. Ella, desde 2014, había creado “La unión de costureros” con la que buscaba contar historias que perduraran en el tiempo a través de los tejidos. Así era ella, única, majestuosa.

Los que visitamos el Centro de Memoria Paz y Reconciliación la recordamos porque usualmente estaba allí, tejiendo, en silencio, concentrada. Cuando tenía que hablar lo hacía, pero sus obras hablaban por ella.

Este martes 21 de abril, sucumbió a los 71 años a una larga enfermedad. Es apenas el primer tramo de un largo viaje porque Virgelina, con sus tejidos y sus luchas, se incrustó en la memoria de los pueblos. Y no saldrá de ella jamás.

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