Las declaraciones que dio el pasado domingo el presidente electo de los colombianos, Abelardo de la Espriella, crisparon los nervios de más de uno. La decisión de eliminar 229 cargos públicos, relacionados con consejerías presidenciales, fue apenas la punta del iceberg de lo que diría. De la Espriella está firmemente comprometido con lo que prometió en campaña: “destripar” a la izquierda, esto incluye algo que para él siempre ha sido una abominación: buscar la paz en Colombia.
La amenaza que le hizo a Rodrigo Londoño, excomandante de las FARC, de no descansar hasta verlo preso, fue una de las razones por las que más de un demócrata en Colombia se preguntó si había o no razones para creer que Abelardo llevaría al país a una tabula rasa con el acuerdo. Desconocerlo y combatirlo, podría llevar al país a sanciones con la comunidad internacional.
En el silencio más estricto estaba Juan Manuel Santos desde que empezaron las elecciones en Colombia. Solo en segunda vuelta afirmó que se mantendría neutral y jamás habló de apoyar a ningún candidato. Pero, este martes, Santos reapareció y le pidió al presidente electo no acabar con un acuerdo que este 2026 cumple diez años de haber sido firmado. Entre los cambios que anunció De la Espriella estaba el de cambiar el nombre de comisionado de paz a comisionado de seguridad. Santos habló en un foro hecho en la ciudad de Bogotá y en él anunció: “Quiero aprovechar para hacer un llamado respetuoso, pero firme, al Gobierno entrante, para que retome el camino de la implementación. No como un legado de un Gobierno, sino como una política de Estado que beneficia a todos los colombianos”.
Es que una de las teorías que ha sostenido Abelardo es afirmar que la nueva ola de violencia que azota las regiones de Colombia se debe precisamente a la firma de acuerdos que tuvieron lugar, en noviembre del 2016, en el Teatro Colón de Bogotá y que significaba el fin de una guerra de más de sesenta años con esa guerrilla. Una de las partes más significativas de Santos defendiendo el acuerdo de paz es: “El acuerdo no creó las disidencias ni fortaleció a las bandas criminales. (…) Culpar al acuerdo por accionar de estas estructuras es desconocer deliberadamente la realidad, y sobre todo ignorar que lo que permite cerrarles el paso a esos grupos es precisamente implementarlo, no sabotearlo ni debilitarlo”, ha afirmado, para avisar de que el fracaso “no es del acuerdo”, sino de “quienes han impedido que se implemente de manera integral”.
En este momento, Iván Mordisco es uno de los jefes máximos de una de las disidencias con mayor número de hombres y que ha causado más daño, lo que se conoce como el Estado Mayor de Bloques y que opera en el occidente del país, sobre todo en el Cauca, de ahí el interés de este gobierno por posesionarse en una base militar de esta parte de Colombia.



