¿Estanislao Zuleta, el más grande de nuestros pensadores, no era una buena persona?

He seguido con fervor desde mis primeros años el legado de Estanislao Zuleta. Gracias a él pude leer con más consciencia a Thomas Mann, al Quijote. Siempre he puesto de ejemplo su voluntad para leer, aprender y enseñar. Sin embargo es un personaje, como todo genio. No exento de dudas morales. Acabo de leer un libro magnífico, se llama Todo tiempo pasado fue peor. Son unas conversaciones de Juan Carlos Celis con Álvaro Delgado, una de las figuras claves del partido comunista colombiano en los años cincuenta, un hombre de Popayán que conoció y supo como era la movida dentro del partido. En estas conversaciones habla del desencanto que le generó el movimiento. Acá no deja títere con cabeza y aunque algunos personajes se salvan, como Jaime Bateman, otros son pasados con sumo rigor como Manuel Cepeda Vargas, padre del candidato Iván Cepeda, a quien se muestra como un tipo encantador pero demasiado pegado al credo de la URSS.

Entre el rosario de nombres que aparecen en el libro está el de Estanislao. Delgado lo conoció a finales de los años cincuenta en Medellín. Era muy cercano del escritor Alberto Aguirre. Lo que le llamó la atención a Delgado fue lo brillante que era pero le pareció demasiado provocador. “Estanislao siempre estaba tratando de encontrar un punto débil para atacar a una persona. A veces era arrogante. No dejó de nombrar un hecho que marcaría la vida de quien es considerado el más grande de los filósofos colombianos: su apego al trago. Aparecía la mayoría de veces achispado, con ganas de bronca. Es sabido que, en cada una de sus clases, este experto en Dostoyevski y Sartre que lideró una nueve corriente revolucionaria, el marxismo existencialista, empezaba sus clases tomándose una copas de vodka.

Pero lo que más escandaliza del retrato de Delgado sobre Zuleta es la manera como trató a su primera esposa. Estanislao era un hombre ya en la treintena cuando decidió casarse por primera vez con una mujer de 19 años. Lo que le pidió a su esposa está salido de toda lógica: le pidió que ejerciera la prostitución para poder él hacer un ensayo sobre el mismo. La esposa accedió y luego el propio Zuleta se lo sacaba en cara.

Dicen que no se puede conocer a los ídolos porque se terminan detestando. En el caso de Zuleta quedará esta anécdota sepultada entre todos sus logros. Por supuesto el de ser el profesor que nos enseñó a amar a los libros será uno de ellos. Pero claro que le podemos creer a Delgado lo que dice cuando hemos conocido, en carne viva, a tantos pensadores marxistas, intelectuales connotados que estaban muy cerca a sentirse una deidad. Porque lo que dice Delgado en Todo tiempo pasado fue peor es claro: todo lo que proclamaba Zuleta era celebrado por su corte de seguidores como si fuera la mismísima palabra de Dios. Muchos cuidado con los ídolos de pies de barro.

Noticias al Minuto

* Las opiniones, análisis, interpretaciones y posturas expresadas en los informes, artículos y contenidos publicados en este espacio son responsabilidad exclusiva de sus autores e investigadores.

La Fundación Paz y Reconciliación (PARES) no necesariamente comparte, adopta ni se compromete institucionalmente con dichas posiciones.

Estos contenidos se presentan en el marco del ejercicio de investigación, reflexión académica y debate público, con el propósito de aportar a la comprensión de las realidades sociales y políticas del país.

Picture of Redacción Pares

Redacción Pares