Nueve presidentes han pasado por el llamado “sillón de Pizarro” entre 2016 y 2026 en el Perú. De ellos, solo dos han tenido gobiernos estables por más de dos años (Pedro Pablo Kuczynski y Dina Boluarte), mientras que la mayoría no ha alcanzado a cruzar el umbral de más de un año en el poder. Todos han salido por denuncias de corrupción e investigaciones, y todos han salido por impeachment, luego de haber perdido el voto de confianza del Congreso.
A diferencia de Colombia, Perú es una república semipresidencialista, en la que los ministros como el primer ministro del país (nombrado por el presidente) pueden ser censurados por el parlamento. Tanto estos votos de censura como la posibilidad de declarar al presidente en “incapacidad moral” han hecho que, en menos de una década, el Congreso haya tumbado a nueve mandatarios distintos.
Tras una reforma constitucional en 2024 (que fue en contravía de un referendo de 2018, en la que los peruanos votaron por no retornar a la bicameralidad), el país volvió a un sistema de dos Cámaras, con la constitución del Senado de la República como escenario de garantía y control a la Cámara de Diputados, que terminó cediendo muchas de sus funciones y perdió dientes.
Esta reforma también aprobó la reelección indefinida de congresistas y un proceso mucho más garantista frente a juicios políticos e impeachments, al imponer un sistema mucho más parecido al colombiano, donde la Cámara de Diputados investiga al presidente y el Senado lo juzga. Esta reforma buscaba, entre otras cosas, contener el poder excesivo que estaba tomando la Cámara de Diputados frente a la conformación de los gabinetes de gobierno y el choque de trenes entre el ejecutivo y el legislativo.
En este nuevo ciclo electoral, se juega, en parte, un experimento que puede demostrar si estos cambios pueden estabilizar políticamente al país vecino, especialmente en un ambiente donde la inseguridad y la memoria de los grandes estallidos sociales de 2022 y 2024 sigue marcando la agenda política del país.
—La derecha fuerte y la extrema derecha se estarían yendo a segunda vuelta
A corte de la medianoche del 13 de abril, con el 35.96 % de actas contabilizadas, Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga se encuentran en un empate técnico, que los separa solamente por 544 votos. Aunque es posible que con los resultados de departamentos importantes como Piura y Arequipa la cifra tienda a cambiar, parece que la tendencia puede conservarse en el tiempo.
Fujimori, la candidata de la derecha fuerte, quien se lanza por cuarta vez a la presidencia y va en representación de su partido Fuerza Popular, tiene al corte 1.164.844 votos, el 14,985 % del total de sufragios emitidos. Le sigue López Aliaga, el candidato de la extrema derecha, quien va con el aval del partido Renovación Popular y ha obtenido hasta ahora 1.164.300 votos, el 14,978 % del total. Detrás de ellos está Jorge Nieto, de centro – centroizquierda, quien recoge 962,624 votos, el 12,38 % y va por su colectividad Partido del Buen Gobierno. En el cuarto lugar está Ricardo Belmont, el exalcalde de Lima y una de las figuras que había tomado más relevancia en los últimos días en las encuestas, quien tiene 631.779 votos, el 8,12 %. Roberto Sánchez, uno de los exministros de Pedro Castillo y quien representa ahora mismo a la izquierda de Perú Libre bajo su disidencia “Juntos por el Perú”, se está quedando rezagado en el sexto lugar, con 375,493 votos, el 4,6 % de la intención total.
De mantenerse esta tendencia, Perú se sumaría junto con Ecuador, Chile, Bolivia, Paraguay y Argentina en tener un gobierno de derecha fuerte o extrema derecha, lo que llevaría a interpretar que el péndulo en el ciclo electoral latinoamericano se sigue inclinando hacia la derecha, aunque esta vez hacia opciones mucho más radicales y de tendencia más populista.
También abre un escenario novedoso, en el que dos candidaturas en posiciones cercanas en el espectro político hacia la derecha se debaten la presidencia de un país latinoamericano. Esto último es importante, en tanto Fujimori se vería en una estrategia electoral interesante para atraer a sectores políticos de centro, centroizquierda e izquierda que le permitan ganarle a una figura tan polarizante como López Aliaga, quien puede jugar con el discurso populista para atraer a sectores políticos que no quieren entregarle el poder a Fujimori, cuyo partido ha estado detrás de los impeachments y las crisis que han terminado por poner 8 presidentes en más de una década.
—Una jornada electoral marcada por los cuestionamientos a la autoridad electoral
La jornada presidencial en Perú estuvo marcada por la lentitud y la inoperancia de la Organización Nacional de Proceso Electoral (ONPE) frente a la entrega del material electoral y el preconteo en todo el país. De hecho, más de 52.000 personas no pudieron votar en tres distritos de la capital, Lima, porque no recibieron el material electoral. La razón que esgrimió el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) fue que una de las empresas encargadas del proceso electoral no entregó el material a tiempo, por lo que afectó las votaciones en estas mesas.
Por ello, Fujimori y López Aliaga demandaron que se extendiera por un día más la jornada electoral, solicitud a la que accedió el JNE a las 8:00 p.m., dos horas después del cierre de las votaciones. Lo particular en este caso es que la decisión del JNE se dio luego de que la mayoría de los medios de comunicación publicaran encuestas a boca de urna, y cuando ya el ONPE había empezado a registrar resultados del preconteo, lo que lleva a la suspicacia de que esta decisión no terminará afectando la intención de voto de más de 52.000 personas que en la jornada del 13 de abril estarán habilitadas para ejercer su sufragio.
Así mismo, Piero Corvetto, el titular del ONPE, señaló estar abierto a cualquier investigación por la Fiscalía Nacional peruana frente a posibles irregularidades en la jornada electoral, aduciendo que la empresa contratista no cumplió con lo acordado y que las demoras presentadas a lo largo de la jornada corresponden a su acción. No es para menos. Transparencia, una organización de la sociedad civil peruana, señaló que a las 11:00 a.m. del 12 de abril, solo 86% de los puestos electorales estaban habilitados en su totalidad para que los ciudadanos pudieran ejercer su derecho al voto.
Por su parte, la misión de observación electoral de la OEA confirmó los tiempos de retraso de apertura en algunas mesas a nivel nacional y respaldó la decisión del JNE de extender un día más la jornada electoral en puntos de votación donde no se pudieron realizar los comicios.
—¿Quiénes son los tres candidatos con mayores posibilidades de pasar a la segunda vuelta?
A pesar de las irregularidades en la jornada, los conteos parciales de la ONPE muestran que, por ahora, son sólo 3 los candidatos con opciones reales de mantenerse en carrera en la segunda vuelta. Ninguno supera el margen del 20 % de intención de voto.
Keiko Fujimori, quien se presenta por cuarta vez a unos comicios presidenciales y es, por ahora, la ganadora de la primera vuelta. Hija del expresidente del Perú, Alberto Fujimori, condenado a prisión por crímenes de lesa humanidad y corrupción (y quien falleció en 2024), ha sido una de las figuras políticas más relevantes y cuestionables de la historia reciente del Perú.
Su partido, Fuerza Popular (cuyo logo es una K, representación de su nombre), ha tenido una presencia importante en el parlamento peruano al menos desde 2006, cuando Fujimori fue congresista. Este poder se consolidó desde 2011, cuando Fuerza Popular logró convertirse en la segunda fuerza política con 22 escaños. En 2016 subió a 73 escaños y se convirtió en la principal fuerza política del país, para luego derrumbarse al sexto lugar en 2020, donde conservó 15 escaños. No obstante, en medio del caos político, se recuperó y subió 9 escaños en 2021, para terminar con 24 curules y ser, de nuevo, segunda fuerza política del Perú.
Aunque ha tenido una discusión problemática con la herencia de su padre, Fujimori llegó a estas elecciones con una defensa integral de su legado, especialmente en términos económicos (Alberto Fujimori dio el viraje hacia el modelo neoliberal en el Perú en los 90) y en términos de seguridad, donde ha explotado la crisis frente a este tema para posicionar un discurso de mano dura y populismo punitivo, proponiendo medidas como la intervención de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad ciudadana, recuperar el control de las fronteras y las cárceles, y reinstaurar mecanismos como los “jueces sin rostro” para combatir el crimen organizado.
Fujimori estuvo en prisión preventiva entre 2018 y 2020 por corrupción, pero un tribunal archivó el caso.
Fujimori también se opone a la legalización del aborto, al matrimonio igualitario y a la implementación de políticas con enfoque de género en la educación (a las que etiqueta como “ideología de género”).
Tiene un fuerte respaldo en sectores de menores recursos (tanto en zonas urbanas periféricas como en algunas zonas rurales del Perú), cimentado en el recuerdo de la política de subsidios, la construcción de obras públicas y la memoria de la derrota de Sendero Luminoso durante la década de los 90. También tiene respaldo de algunos sectores y gremios empresariales de Lima.
Rafael López Aliaga, empresario y exalcalde de la ciudad de Lima, representa una de las propuestas más radicales y extremas dentro de la ultraderecha peruana. Ultraconservador, miembro del Opus Dei y célibe desde los 19 años, López Aliaga articula su discurso en torno a la lucha contra lo que él denomina el “marxismo cultural” y la “ideología de género”, a las cuales acusa de destruir la familia tradicional y los valores cristianos. De hecho, ha señalado abiertamente en medios de comunicación que parte de su agenda política está dictada por su discurso religioso. Se ha hecho llamar el “Bolsonaro” peruano.
López Aliaga, como ya viene siendo tendencia a nivel continental, ha apropiado algunos de los puntos que llevó a Javier Milei a la presidencia de Argentina en 2023, por lo que aboga por un Estado mínimo en materia de regulación económica, reducción drástica de impuestos, eliminación de trabas burocráticas y el fomento de la gran inversión privada como único motor de desarrollo. Esto, sustentado en su discurso de empresario hotelero y de ferrocarriles.
También ha tenido propuestas controvertidas a nivel de seguridad, proponiendo que el Perú se retire de organizaciones como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, así como de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, del mismo modo que también tiene un fuerte discurso de mano dura contra la inseguridad, incluyendo el despliegue militar en las calles y la expulsión inmediata de extranjeros indocumentados o que cometan delitos en el país.
Jorge Nieto, viene de ser ministro de Cultura y ministro de Defensa durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. En sus pergaminos tiene el hecho de haber renunciado a su cargo en 2018, luego de que Kuczynski le diera indulto a Alberto Fujimori, quien cumplía condena de prisión. Nieto, de centroderecha moderada, ha apostado por un discurso institucional con el que busca jugarse el apoyo de una ciudadanía que se encuentra harta de la inestabilidad política del país. Para ello, Nieto ha priorizado en su discurso el fortalecimiento de las instituciones democráticas, a través de la transparencia, la meritocracia en el sector público y una lucha frontal y estructural contra la corrupción.
A nivel económico, Nieto defiende una propuesta de “economía social de mercado”, en la que reconoce y promueve el papel fundamental de la inversión privada y el libre mercado como motores de generación de riqueza, pero exige un Estado fuerte en su rol regulador y garante de derechos.
Su perfil atrae principalmente a clases medias urbanas, sectores intelectuales, profesionales y votantes desencantados con la política tradicional que buscan una figura con experiencia de gestión y peso académico. No obstante, su mayor desafío político ahora ha sido traducir ese prestigio intelectual en arrastre popular y conectar con los sectores más empobrecidos o rurales del país, con los que no tiene muchísima favorabilidad, especialmente en la región de la Sierra y la Selva, donde Fujimori, Belmont y otros candidatos como Roberto Sánchez tienen mayor fuerza política.
—A modo de cierre:
Es probable que, por ahora, hasta las horas de la tarde de este lunes se conozcan los resultados definitivos de la primera vuelta presidencial en Perú. Es posible que ninguno de los candidatos logre superar el margen del 20% de la intención de voto, lo que hará que la segunda vuelta sea, como en los últimos años, bastante apretada.
El 35 % contado hasta ahora corresponde al departamento de Lima y a la municipalidad metropolitana, junto con la Provincia de Régimen Especial de Callao, que es donde se concentra la capital del país. Departamentos como Arequipa, Piura, La Libertad y Cajamarca van a ser fundamentales, pues es donde se concentran las principales ciudades del país.
Aunque son solo 52.000 votos, también hay que ver si la votación de estos distritos faltantes en Lima termina equilibrando la balanza, especialmente entre López Aliaga y Jorge Nieto, quienes se estarán disputando el segundo lugar y la posibilidad de llegar a segunda vuelta.



