Este 26 de octubre regresó a Venezuela María Corina Machado después de una larga peregrinación por Europa y Estados Unidos. En Oslo, en noviembre de 2025, recibió el premio nobel de paz que después le ofrendó a Donald Trump con el fallido propósito de conseguir su apoyo para liderar a Venezuela. En la misma línea visitó a líderes políticos del viejo continente cercanos a Trump o asistió a eventos con representantes de la nueva derecha de América Latina. Siempre buscando un apoyo de Wahsington para desplazar al Chavismo y gobernar a Venezuela.
El regreso de Machado fue recibido en el vecino país con muy importantes manifestaciones de apoyo. Pero Trump no ha querido reconocerla como la persona indicada para encabezar las negociaciones con Delcy Rodríguez y el grupo que hoy dirige, bajo su mano, al país vecino. A poco de recibirle el nobel, señaló que Machado no reunía el respaldo del pueblo de Venezuela y no estaba en condiciones de jugar el papel clave en la transición política de ese país.
Luego, en junio pasado, apoyó el regreso de Dinorah Figuera, del partido Primero Justicia, quien presidió la Asamblea Nacional opositora de 2015, que Washington reconoce como el último Parlamento legítimo venezolano. Al regreso, con el respaldo de Trump, esta líder opositora abrió el diálogo con Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea actual y hermano de Delcy.
Para el mes de agosto ya estaba en funciones una mesa formal de negociaciones a la que asisten en nombre de la oposición: Dinorah Figuera, Marco Aurelio Quiñones, Ramón López, Jorge Millán, Juan Miguel Matheus y Sergio Vergara, con la agenda de renovar el Consejo Nacional Electoral (CNE), reformar el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), restablecer garantías políticas y definir una ruta electoral.
¿Cuál es la diferencia entre este sector de la oposición y el que lideran María Corina Machado y Edmundo González?
Machado y González lideran el sector que reclama una transición sustentada en el resultado electoral del 28 de julio de 2024. Su postura se basa en tres puntos: reconocer la victoria de Edmundo González en las elecciones de 2024; reclamar elecciones libres y garantías políticas; oponerse a normalizar el Gobierno de Delcy Rodríguez sin una transformación democrática efectiva. Estos puntos los enmarcan en un llamado a un gran acuerdo nacional.
Aunque a primera vista parezcan menores, las diferencias son importantes. Hasta ahora, Donald Trump ha propuesto una transición con participación decisiva de la cúpula chavista, sin Maduro. Por eso, consulta a Delcy Rodríguez y a su hermano para definir los interlocutores de la oposición. Busca una normalización gradual de la democracia venezolana, con avances paulatinos en la liberación de presos políticos y el funcionamiento de los organismos electorales. Su prioridad es recuperar la producción petrolera con una fuerte participación de la industria estadounidense y apoderarse de otros minerales valiosos para un mundo regido por la inteligencia artificial. No tiene especial prisa por convocar elecciones.
Sabe que siguen vigentes las estructuras políticas y militares forjadas por el chavismo durante veinte años y que el viejo régimen conserva un apoyo social considerable. Por eso, en lugar de intentar un golpe militar para eliminar a toda la cúpula chavista, optó por llevarse al indefendible Maduro y negociar con el resto del chavismo.
Delcy Rodríguez no sólo desactivó los focos de resistencia a la acción, a todas luces ilegal, de capturar a Nicolás Maduro y conducirlo a los tribunales de los Estados Unidos, sino que está secundando a Donald Trump en su plan de subordinar Venezuela a sus designios. Es, desde luego, una gana-gana para los dos.
María Corina Machado, a pesar del gran reconocimiento internacional que ha logrado, del importante apoyo en sectores de la sociedad venezolana y de su declarado respaldo a las posiciones de Trump y de la nueva derecha mundial, no ha podido meterse en el corazón de la transición política. A los observadores externos les resulta un poco extraña la situación.
Pero esta situación tiene un fondo nada despreciable. Machado ha fundado su ejercicio político en una actitud radical frente al chavismo y en una negativa persistente a negociar con esta corriente política. De ahí que el chavismo la rechace como interlocutora para la negociación de la transición política y los demás sectores de la oposición no tomen muy en serio su llamado a un acuerdo nacional.



