¿De dónde salió el M-19?

Desde la caída de la dictadura de Rojas Pinilla, liberales y conservadores decidieron turnarse el poder, cerrando cualquier tipo de opción para algo diferente. El Bogotazo fue un horror muy grande vivido en las ciudades, así que lo mejor era que la violencia no se viera, que siguiera ocurriendo en el campo. No solo eran las masacres las que violentaban a los que no tenían nada sino la inequidad, el acaparamiento y despojo de tierras, las puertas cerradas a cualquier tipo de ascensión social. Por eso la Anapo, creada unos años después del derrocamiento de Rojas, surgió como una opción para los que no tenían nada. Entre sus jóvenes dirigentes se destacaban Jame Bateman, Álvaro Fayad y el médico Toledo Plata, quien acababa de llegar de Argentina completamente influenciado por el movimiento peronista.

El fraude del 19 de abril de 1970 causó revuelo en el país. En circunstancias muy sospechosas, que después fueron corroboradas por el ministro del interior del entonces presidente Lleras, hubo un apagón y la ventaja que tenía el líder de la Anapo sobre el conservador Misael Pastrana se esfumó. Esto provocó la ira santa de muchachos como Bateman quien, además, entendió lo que pasaba: el propio Rojas Pinilla, traicionando a los que lo seguían, decidió cruzarse de brazos y no luchar contra el fraude.

Bateman, Pizarro, y unos cuantos dirigentes más decidieron irse a las FARC, pero el estalinismo reinante en esas filas, la falta de imaginación y la crueldad los hicieron desertar y crear un nuevo movimiento. Apoyados por intelectuales de la alta oligarquía bogotana, como Enrique Santos Calderón, Bateman empezó a mover anuncios en el diario El Tiempo con un componente altamente sugestivo ¿Tiene parásitos? Espere M-19. La gente se pregunta si se trataba de un nuevo purgante o un antipiojos, pero no. Cuando se robaron, en enero de 1974, la espada de Bolívar en un golpe comandado por Álvaro Fayad quedó claro de quienes se trataban. Como un caso único en la historia de la insurgencia en el país, las ciudades cayeron a los pies del M. El carisma de dirigentes como Bateman hicieron que hasta figuras del establecimiento como Fernando González Pacheco trataran de interceder, de servir de puente en el diálogo en el gobierno de Julio César Turbay y esa guerrilla.

Vinieron golpes espectaculares, como el robo de miles de armas del Cantón Norte -golpe que al final terminó muy mal y justificó la feroz represión del gobierno de Turbay- y la Toma de la Embajada. En abril de 1983, mientras intentaba llegar a Panamá, la avioneta donde iba Bateman cayó en la selva del Darién y solo fue encontrada cuatro meses después por una tribu indígena. Quedaron al mando Fayad, Toledo Plata y Pizarro. Uno de los jóvenes dirigentes que se destacaban era Antonio Navarro Wolff, un político y teórico capaz quien sería el cabeza de puente que tendría la organización cuando dieran el paso a ser un partido político.

Porque a pesar del asesinato de sus principales cuadros, como Ospina y Toledo Plata, quien fue víctima de una bomba en una cafetería en Bucaramanga en donde estaba el propio Navarro, siempre creyeron en la paz. Al desmovilizarse el máximo comandante de la organización, Carlos Pizarro, dejó claro que, aunque estaba seguro de que lo iban a matar, decidió seguir su carrera a la presidencia y pidió que no lo vengaran. Un año después de su muerte, el M-19, ya convertido en partido político, puso a uno de sus hombres a firmar la nueva constitución, él era Navarro Wolff. Se conseguía un triunfo histórico y se dejaba claro que, con una lucha de 15 años, el M-19 pretendía mejorar la democracia en el país. Claro que lo consiguieron, sobre todo después de que uno de sus miembros, Gustavo Petro, se convirtiera en el primer político de izquierda en ser presidente de este país.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.