Aprendizajes compartidos: Conocimiento y territorio frente al cambio climático

El pasado viernes 18 de septiembre, durante la segunda jornada de InnovAzul Caribe 2026, realizada en la Universidad del Magdalena en Santa Marta, uno de los espacios académicos permitió abrir una discusión que se hace cada vez más urgente: cómo estamos formando capacidades para enfrentar los efectos del cambio climático desde los territorios. La jornada de ese día estuvo precisamente dedicada al conocimiento colaborativo y las comunidades, dentro de un encuentro que reunió ciencia, innovación, cooperación y experiencias territoriales. (InnovAzul Caribe, 2026).

En ese contexto se presentó el libro Cambio climático: experiencias y enfoques integradores para la formación de capacidades innovadoras, vinculado a la Red FORCiClim. La publicación reúne experiencias y aproximaciones construidas desde diferentes contextos y parte de una idea fundamental: el cambio climático es global, pero sus impactos no se viven de la misma manera en todos los territorios ni afectan por igual a todas las personas.

Esta discusión adquiere especial relevancia en Colombia en un momento en que el fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose. El 10 de septiembre, el IDEAM informó que existe una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y el primero de 2027. Asimismo, señaló que los efectos esperados pueden incluir alteraciones en las precipitaciones, disminución de caudales, mayores temperaturas y presiones sobre sectores como el abastecimiento de agua, la agricultura y la generación de energía. (IDEAM, 2026)

Por otro lado, la Organización Meteorológica Mundial también ha advertido que El Niño está consolidado y que existe una probabilidad cercana al 100 % de que persista hasta febrero de 2027. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el fenómeno de El Niño y el cambio climático no son lo mismo. Puesto, que el primero corresponde a un fenómeno natural de variabilidad climática asociado a cambios en las condiciones del océano Pacífico y la atmósfera; el cambio climático, en cambio, corresponde a transformaciones de largo plazo del sistema climático. Lo que ocurre es que un episodio fuerte de El Niño se desarrolla actualmente sobre un planeta que ya presenta una tendencia de calentamiento de largo plazo, lo que puede incrementar las presiones asociadas con el calor extremo y modificar significativamente los patrones de precipitación. (OMM, 2026)

En esa medida, una de las principales reflexiones surgidas alrededor de FORCiClim se fundamenta en que se debe conocer el territorio para poder construir resiliencia. No basta con saber que existe una amenaza climática, se debe comprender quién está más expuesto, cuáles comunidades tienen menor capacidad para responder, qué actividades económicas dependen directamente del agua o de las condiciones climáticas, cuales ecosistemas presentan mayores presiones y qué capacidades locales ya existen para enfrentar una emergencia.

Por eso, la vulnerabilidad frente al cambio climático no depende exclusivamente del fenómeno natural. También está determinada por las condiciones sociales, económicas y territoriales existentes antes de que ocurra la emergencia.

Esta perspectiva permite mirar de otra manera la actual preparación frente a El Niño. El llamado no debería reducirse exclusivamente a ahorrar agua, disminuir el consumo de energía o reaccionar cuando aparezcan las primeras alarmas. Si bien, estas medidas son importantes, puesto que desde el gobierno nacional se hizo un llamado a reducir el consumo de agua y energía y actualizar los planes de gestión del riesgo, dicha preparación también requiere de información territorial, educación y organización comunitaria.

De allí aparece otro de los planteamientos centrales abordados durante la presentación del libro: la ciencia y la tecnología son necesarias, pero no son suficientes si el conocimiento producido no logra dialogar con quienes habitan los territorios.

A lo largo de la presentación se presentaron ejemplos: Una estación meteorológica puede registrar las precipitaciones. Un modelo climático puede proyectar posibles escenarios. Una universidad puede producir investigaciones y una institución pública puede generar alertas. Pero las comunidades también conocen dónde comienza a disminuir primero el agua, cuáles cultivos responden peor a determinados periodos secos, qué sectores presentan mayores dificultades durante una ola de calor, qué fuentes hídricas han cambiado con los años o qué prácticas comunitarias han permitido enfrentar temporadas anteriores.

Por consiguiente, es ese momento donde el diálogo de saberes deja de ser solamente un concepto académico y se convierte en una herramienta para la adaptación climática.

Las comunidades, en consecuencia, no deberían aparecer únicamente como receptoras de información científica o destinatarias finales de una política pública. Estas pueden participar como coproductoras del conocimiento, aportando información, experiencias y formas de comprender el territorio que permitan complementar los datos científicos y construir respuestas más cercanas a las necesidades reales.

Si bien el país cuenta con información científica mucho más amplia para anticipar la evolución de El Niño. La UNGRD ha señalado que el periodo de mayor riesgo se extendería entre octubre de 2026 y abril de 2027 y ha planteado la necesidad de avanzar de la preparación hacia la acción frente a riesgos relacionados con desabastecimiento de agua, generación de energía e incendios forestales. (UNGRD, 2026)

Sin embargo, esa preparación no significa que se deba únicamente conocer que un fenómeno se acerca, sino que esa información se traduzca en decisiones concretas para los territorios.

Dado lo anterior, el papel de la educación planteado por la red FORCiClim, propone, que formar estudiantes para enfrentar el cambio climático no debería limitarse a enseñar qué es el calentamiento global, cuáles son sus causas o cuáles son sus consecuencias. También implica desarrollar capacidades para leer el territorio, interpretar información climática, reconocer vulnerabilidades, construir soluciones, trabajar con las comunidades y participar en procesos de toma de decisiones.

En medio de un fenómeno de El Niño que se fortalece y de una crisis climática que obliga a repensar la manera en que habitamos y gestionamos los territorios, esta discusión resulta especialmente pertinente para el Caribe colombiano.

Debido a que frente al cambio climático no todos parten desde el mismo lugar ni cuentan con las mismas herramientas para responder. En ese sentido,  construir resiliencia implica entonces reconocer esas diferencias, fortalecer las capacidades existentes y hacer que la ciencia dialogue con quienes experimentan directamente las transformaciones del territorio.

Finalmente, una de las principales enseñanzas que deja esta discusión es que prepararse para la crisis climática no consiste únicamente en conocer qué puede suceder con el clima, sino también en conocer a profundidad el territorio, reconocer a quienes lo habitan y construir con ellos soluciones colectivas.

Bibliografía

Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales – IDEAM. (2026, 10 de septiembre). El Niño se fortalece: aumenta a 75 % la probabilidad de que sea el más fuerte de la historia.

Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales – IDEAM. (2026, 18 de septiembre). Ministro Arjona llama a reducir el consumo de agua y energía ante los impactos de El Niño.

Organización Meteorológica Mundial – OMM. (2026, 3 de septiembre). El Niño alcanzará una intensidad muy fuerte e incrementará el riesgo de que se produzcan fenómenos meteorológicos extremos hasta entrado 2027.

Universidad del Magdalena – InnovAzul Caribe. (2026). Agenda InnovAzul Caribe 2026.

Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres – UNGRD. (2026, 11 de septiembre). Ciudades capitales y UNGRD acuerdan pasar de la preparación a la acción frente al Fenómeno de El Niño 2026-2027

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Lucy Torres Diaz