Siguen los días tristes para Buenaventura: murió el maestro Baudillo Cuama

En 2018 el gran homenajeado en el Petronio Álvarez  fue el maestro Baudillo Cuama. Cientos de bogotanos que viajaban con sus aires de hippies a Cali se preguntaban ¿Quién era él? Entonces supieron la historia. Era de Nariño y pertenecía a la comunidad saija. Todo lo que sabía de música lo aprendió de su abuelo, José Eloy Cuama Tenegai cuando tenía siete años. A esa edad aprendió a tocar su primer instrumento, la marimba de chonta. No había contemplaciones. Como un sensei verdadero, Cuama debería hacerle a su nieto una prueba de rigor. Los bogotanitos quedaron asombrado al escuchar completa la historia, el pequeño saltamontes tenía que pasar afuera de su casa toda una noche y dormir al lado de la marimba. Antes de dormir debía tomar los palitos, chocarlos contra el instrumento y sacar la melodía que más le gustara. Entonces, a la medianoche, aparecería un duende y tocaría encima de él. No debería tener miedo porque con ese bautizo él sería un auténtico músico.

En una entrevista que, en su momento, le dio a El Tiempo Baudillo contó la experiencia: “Yo viví eso como una pesadilla. Lo cierto es que yo sí sentí que llegó alguien, tocó en la marimba, dejó los palos y se fue. Ocurrió antes del canto del gallo, que cuando canta espanta al duende”. Si Baudillo hubiera vivido hasta el 7 de diciembre hubiera llegado a los 79 años. Pero el gran maestro acaba de morir. Nació en el corregimiento de El Tigre, entre Pianguita y Buenaventura, siempre al lado del río Raposo. De allá son instrumentos tan importantes para la cultura del Pacífico como la marimba, los cununos y el guasá.

Hay fotos del maestro realmente maravillosas. Las que más nos impactan a los bogotanos que no tenemos idea de nada son en las que aparece con sus instrumentos. Se acercó tanto a la música que terminó convertido en Lutier, es decir, él mismo armaba sus propios instrumentos. Por esa capacidad fue uno de los maestros en la escuela taller de Buenaventura.

Tenía 78 años, pero su sonrisa abierta como una flor en un día de sol y sus manos fuertes lo hacían ver como un eterno. Además, Buenaventura, golpeada por el terremoto, por el olvido, tenía en su música una de las pocas razones para levantarse a seguir luchando. Uno de los alimentos para el alma en esta ciudad del Pacífico es el sonido de la marimba, ¿Quién mejor que un maestro para alzar este grito de paz? Pero en la discreción en la que vivió murió el lunes. Aún no sabemos cómo. Lo que sí acaba de nacer, para nosotros los de la capital, que siempre llegamos tarde a todo, es la leyenda de su vida, de su arte, de su música, justo ahora cuando no podemos disfrutarlo. Necesitamos, si queremos crecer como país, tener a Buenaventura siempre con nosotros. Escuchar la música del maestro Cuama nos curará el alma de tanta ansiedad, de tanta ciudad. Será un alma menos blanquita.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.