Sigue causando revuelo la decisión que tomó Abelardo de la Espriella de optar por Barranquilla como una ciudad alterna. Más que cultural, esta resolución se dio por el apoyo que recibió de grupos económicos liderados por la familia Char o los Daes, industriales y políticos que han manejado el destino de la ciudad desde hace cincuenta años. Bogotá para Abelardo es un lugar impersonal en donde incluso habría podido sufrir alguna especie de sesgo por sus orígenes. Las élites bogotanas tradicionalmente han mirado por encima del hombro a las provincias, sobre todo si vienen del Caribe. Esto fue incluso una piedra en el zapato para alguien tan del establecimiento como Álvaro Uribe Vélez, en medio de la explosión de popularidad que vivió al inicio de su presidencia, fue tildado en varias esferas de “montañero” por columnistas como Felipe Zuleta Lleras, fiel representante de esta estirpe.
Desde 1886, Colombia no tenía un presidente que hubiera nacido en la provincia de la costa Caribe, el último había sido Rafael Núñez quien precisamente no se caracterizó por sus aires progresistas. Fue un conservador que lideró una hegemonía que vendría a durar hasta bien entrado el siglo XX. Ciento treinta y ocho años después, un hombre nacido en Ciénaga de Oro, Córdoba, Gustavo Petro, que está en las antípodas ideológicas de Núñez, logró ser el primer exguerrillero elegido democráticamente en Colombia. Cuatro años después, otro hombre nacido en Bogotá pero cuya familia es de Sahagún, Córdoba, Abelardo de la Espriella, representante de la otra mitad de Colombia, fue elegido presidente. Esto es algo sintomático. La provincia Caribe, excluida durante siglos por las élites rolas, vienen emergiendo con tanta fuerza que, incluso, el actual presidente pone en duda a Bogotá como capital.
Por eso, recibe al secretario de Estado Marco Rubio allí, se inaugura al inicio de su mandato un vuelo directo con Madrid, se habla de la posibilidad de correrse un Gran Premio de Fórmula Uno y es inminente que se reabrirá, en los próximos meses, un consulado en esa ciudad. Esta es una vieja cuenta pendiente de Barranquilla con el centro. Hay que recordar que la Puerta de Oro de Colombia, como fue bautizada a comienzos del siglo XX, fue la cuna de grandes empresarios como el grupo Santo Domingo. Don Mario fundó, en 1932, la cervecería Bavaria que sería la semilla en la que crecería uno de los conglomerados económicos más potentes del continente. Su hijo, Julio Mario, quiso ser poeta de veinteañero y en esa época fue cercano a lo que se conoció como el Grupo de Barranquilla, cuyo epicentro fue la Cueva. De allí surgieron talentos como Alejandro Obregón en la pintura o el mismísimo Gabriel García Márquez. Otro de sus integrantes, el escritor Álvaro Cepeda Samudio, mejor conocido como el Cabellón, trabajó como publicista en Bavaria y creó un eslogan que más de sesenta años después pervive sobre la cerveza Águila “Sin igual y siempre igual”.
Barranquilla también fue la cuna de la aviación. En 1919, voló allí el primer avión sobre cielos colombianos. Un inmigrante alemán fue quien lo impulsó. La aerolínea comenzó con el nombre de SCADTA (Sociedad Colombo Alemana de Transporte Aéreo) Por esos años, según el historiador Jacques Aprile en su libro La ciudad colombiana, en Bogotá el frío y la provincia hacían de esta ciudad un lugar oscuro, lejos del cosmopolitismo de Barranquilla. Tanto es así que Aprile afirma que si le decían la Atenas de Sudamérica a nuestra capital era porque “estaba todo en ruinas”.
La polémica apenas comienza. El mar es apertura y las montañas son opresión. Al menos eso se afirma desde la geografía política. Barranquilla ha sido el lugar por donde entró buena parte de la música del Caribe, el carnaval ilumina y explota el espíritu. Exacerba la imaginación. En Barranquilla, además, el progresismo ha sido una constante histórica en un país tradicionalmente conservador. Esto empezó a cambiar a comienzos de este siglo cuando Bogotá escogió por primera vez, en el 2003, a un alcalde de izquierda, Lucho Garzón y esto lo repitió con Samuel Moreno, de infausta recordación, y Gustavo Petro en 2011, además de elegir a una alcalde perteneciente a la comunidad LGBTIQ+ como Claudia López.
El gobierno de Abelardo puso en la palestra el tema. Aunque existan cuestionamientos sobre poderosos barranquilleros muy cercanos al gobierno como los Char, este golpe de opinión del gobierno entrante apenas lo estamos asimilando. Es otro de los capítulos de la batalla cultural.



