Durante las últimas semanas he trabajado desde el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia en un balance titulado Muchas mesas con resultados distintos. El documento hará parte de un informe más amplio sobre paz y seguridad que la Fundación PARES publicará en los próximos días. Este trabajo coincide con la publicación de otros balances recientes de la Paz Total del gobierno Petro.
Nuestro informe parte de una idea sencilla. La Paz Total reunió organizaciones con historias, grados de cohesión, incentivos y formas de control territorial muy diferentes. Por ello, una misma modalidad de negociación no podía servir para todas ni conducir a un único punto de llegada. El balance general resulta insuficiente si no se examinan por separado las trayectorias del ELN, las disidencias, el Ejército Gaitanista y las estructuras urbanas.
Las otras tres lupas corresponden a la Fundación Ideas para la Paz, el CINEP e International Crisis Group. La primera se concentra en la conducción de las negociaciones; la segunda evalúa la Paz Total como política pública; y la tercera examina el giro hacia una estrategia de mano dura. Esta diversidad de preguntas permite contrastar sus conclusiones con nuestro análisis de las trayectorias de cada proceso (ver cuadro).
Balances recientes sobre la Paz Total
Informes publicados entre julio y agosto de 2026
Institución y documento | Hallazgo principal | Contrapunto con nuestro informe | Consulta |
Fundación Ideas para la Paz (FIP) El costo de negociar mal | La falta de visión, método, marcos jurídicos y capacidades institucionales favoreció el fortalecimiento de los grupos armados. | Coincidimos en los problemas de conducción, pero atribuimos los resultados también a la heterogeneidad de los actores, sus economías y disputas territoriales. | |
CINEP – Revista Controversia La ‘Paz Total’ de Petro: ¿una política pública fracasada? | Los diálogos fragmentados y los resultados limitados produjeron una “paz parcial”. | Coincidimos en el carácter parcial, pero nuestro análisis diferencia los resultados y capacidades construidas en cada proceso. | |
International Crisis Group El fin de la ‘Paz Total’ y los riesgos de una política de mano dura en Colombia | El fracaso de la política no justifica sustituirla por una estrategia exclusivamente militar. | Coincidimos en combinar seguridad y diálogo, pero nuestro informe precisa cuáles procesos ofrecen condiciones para continuar. |
Nota: El informe de la Fundación PARES, donde aparecerá nuestro balance, está en proceso de publicación y todavía no cuenta con un enlace público.
La coincidencia más clara entre los cuatro estudios se encuentra en los problemas de diseño, conducción y coordinación. El Gobierno abrió numerosos procesos sin definir con suficiente precisión los objetivos, los instrumentos jurídicos, las secuencias de negociación y los puntos de llegada. También fue débil la articulación entre diálogo, seguridad, justicia y transformación territorial. Nuestro informe muestra que esas deficiencias afectaron de manera diferente a cada mesa.
La FIP presenta el diagnóstico más severo. El título El costo de negociar mal condensa su lectura de una política sin visión clara, método estable, líneas rojas ni capacidades institucionales suficientes. El informe sitúa esas fallas en un escenario con 28.802 integrantes de grupos armados en julio de 2026, entre combatientes y redes de apoyo. La cifra representa un crecimiento del 90 por ciento frente a 2022.
Nuestro balance coincide con la FIP en la debilidad de la conducción estatal, pero introduce una diferencia. El crecimiento armado no puede atribuirse de igual manera a todas las conversaciones ni explicarse únicamente por su apertura. La fragmentación interna, las economías ilegales, las disputas territoriales y la fortaleza previa de cada organización incidieron en los resultados. La simultaneidad entre negociación y expansión no demuestra por sí sola una relación causal.
El texto de Mauricio García Durán para CINEP formula otra conclusión poderosa. La aspiración de una Paz Total terminó produciendo una “paz parcial”, marcada por diálogos fragmentados y logros menores frente a experiencias anteriores. Coincidimos en las fallas de claridad estratégica, metodología, seguridad y participación. Sin embargo, nuestro análisis desagregado permite observar que esa parcialidad no significó lo mismo en todos los procesos ni produjo resultados equivalentes.
El contraste aparece con claridad al revisar las mesas. El proceso con el ELN terminó suspendido y el Estado Mayor Central se fragmentó. La Segunda Marquetalia perdió cohesión, mientras Comuneros del Sur y la Coordinadora Nacional avanzaron hacia fórmulas de implementación. El diálogo con el Ejército Gaitanista avanzó tardíamente hacia zonas de ubicación y las experiencias urbanas siguieron caminos diferentes. El resultado no fue únicamente parcial. También fue desigual.
Esta diferencia cambia la evaluación. Si se juzga la Paz Total como una sola política, predominan la frustración y los incumplimientos. Pero cuando se examina cada proceso, se distinguen fracasos, estancamientos, avances parciales y capacidades institucionales que aún pueden aprovecharse. Nuestro informe reconoce el balance crítico, pero evita que una conclusión general borre diferencias indispensables para decidir qué conversaciones deben cerrarse, cuáles requieren correcciones y cuáles merecen continuidad.
Crisis Group desplaza el contrapunteo hacia el nuevo gobierno. Su informe comparte el diagnóstico sobre el deterioro de la seguridad, pero advierte que sustituir la Paz Total por una política exclusivamente militar podría abrir ciclos de violencia. Esta advertencia coincide con nuestro balance. Colombia necesita recuperar el control territorial y la capacidad operacional, pero también conservar canales de diálogo cuando existan interlocutores cohesionados, compromisos verificables y beneficios concretos para las comunidades.
La mayor diferencia entre los cuatro estudios se encuentra en la pregunta que orienta cada evaluación. La FIP indaga por los costos de una negociación mal conducida. CINEP pregunta si la Paz Total puede considerarse una política fracasada. Crisis Group analiza los riesgos del tránsito hacia la mano dura. Nuestro informe pregunta por qué procesos inscritos en una misma política siguieron trayectorias distintas y qué capacidades recibe el nuevo gobierno.
A mi juicio, el nuevo gobierno debería comenzar por una evaluación pública de cada proceso. La cohesión del interlocutor, su voluntad verificable, la reducción de violencias, la viabilidad jurídica y los beneficios para las comunidades ofrecen criterios para decidir. Donde esas condiciones no existan, será necesario suspender o reformular. Donde haya avances comprobables, conviene preservar lo construido. Corregir la Paz Total exige seleccionar mejor, coordinar capacidades y recuperar autoridad estatal.
Después de leer los cuatro balances, concluyo que Colombia debe abandonar la pretensión de una paz simultánea y total, pero no la posibilidad de negociar. El aprendizaje consiste en diferenciar actores, combinar diálogo y seguridad, fijar condiciones verificables y proteger a las comunidades. El control ciudadano deberá vigilar que el fracaso de una política ambiciosa no sirva para justificar otra estrategia sin método, esta vez amparada en la mano dura.
* Esta columna es resultado de las dinámicas académicas del Grupo de Investigación Hegemonía, Guerras y Conflicto del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia.
** Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.



