El candidato a presidente que prometió ponerle techo a Bogotá y pavimentar el Magdalena

Es difícil creer esta historia, pero sucedió. Se llamaba Gabriel Antonio Goyeneche. Nació en Boyacá en 1886 y afirmó que sus abuelos acogieron a Simón Bolívar en la campaña libertadora. No solo le ofrecieron leche y viandas, sino que su abuela fue una de las tantas mujeres que pasaron la noche con el Libertador. Incluso, Goyeneche contaba que su abuela les mostraba de niño los rasguños que le hizo en los senos en esa noche de pasión.

Tenía 65 años cuando se trasladó a Bogotá. Ojo, es una edad bastante curiosa porque la mayoría de los muchachos que se trasladan a la capital, lo hace antes de los 25 años. Pero este hombre es único en la historia. Llegó poco antes de que el general Rojas Pinilla se tomara el poder. Su nicho era la Universidad Nacional, allí formó con estudiantes un grupo para resistir la dictadura, pero en realidad a Goyeneche nadie le hacía caso. Eso sí, los estudiantes, al ver a este hombre tan mal económicamente, le dieron cobijo en las residencias universitarias, le llevaban comida y le empezaron a llamar “el reportero de la Nacional”.

Se lanzó por primera vez en 1958, justamente cuando había caído el dictador. Es probable que, en estos tiempos, en que las fake news y los engaños de la IA están viviendo una época de esplendor, a Goyeneche le hubiera ido mejor. Sus propuestas siempre fueron las mismas, una absoluta locura. Sin ninguna base científica dijo que lo mejor era convertir los ríos en aguardiente y los pocos que quedaban, como el Magdalena, pavimentarlos porque muchas gentes no sabían nadar y era mejor caminarlos. La estrategia era echarles anís a los ríos, ese fue su estudio científico muy riguroso.

Si no llovía sobre Bogotá, él tenía la solución: bombardear las nubes para que lloviera y si llovía, breve, también tenía la solución, la de ponerle una marquesina gigante a Bogotá y protegerla de la lluvia. Se lanzó en cinco oportunidades, en 1958, en 1962 y en 1966. Nunca sacó más de 2000 votos y la vez que sacó 33 votos y afirmó que esa era una muy buena señal porque “Jesucristo tenía 33 años”. Murió pasado los noventa años, en 1978, cuando aún tenía tanta vitalidad que pensaba en ser presidente ese año, cuando ganó la presidencia Julio César Tubay Ayala. Murió mientras cruzaba una calle y fue atropellado por un taxi.

Nunca existió un candidato más particular. Él se paraba en las esquinas y vendía su programa de gobierno por unos cuantos centavos. No tuvo hijos y fue un consentido por los estudiantes de la Universidad Nacional. Uno podría decir que nació en la época equivocada porque ahora, en una sociedad donde prima el engaño y la IA, hubiera tenido serias opciones de ser presidente. Seguro que sí.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.