Soy un hombre de izquierda desde el 14 de septiembre de 1977, cuando tenía 12 años y vi, desde el balcón de mi casa en el barrio Alcalá, en Bogotá, la protesta popular ante las exclusiones y la falta de derechos, luego leí la Colombia amarga de Germán Castro Caycedo, y el Siervo sin tierra, de Eduardo Caballero Calderón y empecé a ver la Colombia de la pobreza y las injusticias, un compañero de mi colegio Cafam, me invitó a la conmemoración de los 50 años de la masacre de las Bananeras en la Plaza de Toros, tema del cual había leído por los alegatos de Jorge Eliécer Gaitán y teniendo perfectamente claro este hecho histórico, con mis trece años, era una travesía nocturna que me convocaba, pero igualmente requería el permiso familiar que me abstuve de tramitar.
He vivido el lento y doloroso madurar de la sociedad colombiana, luchando por salir de las exclusiones y un orden antidemocrático, a una democracia de mayor calidad y la construcción de un Estado social y de derecho, como está consagrado en nuestra Constitución del 91, que es un deber ser, un proyecto de nación a construir, que dista de la realidad que se vive para muchos territorios, donde impera la ley del más fuerte o para muchos sectores de la sociedad colombiana, que viven sin derechos o los viven de manera precaria.
Es una ficción que Colombia es una democracia estable y de calidad, falso de toda falsedad, hemos vivido un orden social liderado por una oligarquía que ha concentrado todo: la tierra, la riqueza, el conocimiento, el crédito, la variable violencia se ha utilizado para consolidar poderes o para retar el orden, esa dura confrontación nos ha dejado tragedias que persisten: millones de familias desplazadas, el genocidio de la Unión Patriótica y el Partido Comunista Colombiano, cientos de miles de asesinatos, vidas destrozadas y esas heridas siguen abiertas y persisten, no en la magnitud de los años noventa, la década más intensa de nuestra larga violencia, hoy debemos seguir trabajando por poner fin a todas las violencias y sus desastres humanitarios.
Desde la izquierda y los movimientos sociales más organizados hemos luchado por décadas por justicia social, por derechos, por instituciones que sirvan al conjunto de la sociedad colombiana y no a pequeños grupos de privilegiados, por órdenes democráticos y no autoritarios y criminales, sin duda que ese conjunto de transformaciones va hacia nuevos modelos de desarrollo, de construcción de economías para la vida digna, que den oportunidades a millones de familias que viven en la precariedad y no pocas en el hambre y la miseria, esa es la apuesta de la izquierda y los movimientos sociales del mundo campesino, afro e indígena que han llevado las mayores cargas de las exclusiones y las violencias.
La izquierda colombiana en medio de mil dificultades, atropellos y barbaries, ha persistido en la acción de cambio, eso le ha permitido sintonizarse con una sociedad que ha madurado para la democracia, de allí que hoy de la izquierda marginal del siglo pasado, la izquierda de hoy sea la fuerza más organizada y referente para la acción de cambio, es un acumulado de historias y de compromiso, que ha sabido liderar el compañero presidente Gustavo Petro y que hoy recibe un inmenso apoyo en la campaña presidencial que lidera Iván cepeda Castro y Aida Quilcué.
Un gobierno liderado por Iván Cepeda y Aida Quilcué será un gobierno para seguir transformando a Colombia, para ganar y cualificar derechos, para construir ese Estado social y de derecho donde hoy no existe, para fortalecer instituciones que promuevan democracia y justicia social, para salir de las exclusiones y continuar curando todas las heridas de estas largas y dolorosas violencias vividas y por superar.
Este domingo 31 de mayo voy a las urnas a votar por vida, paz y democracia de calidad, lo que ha liderado la izquierda siempre y que, hoy, con el liderazgo del Pacto Histórico y la Alianza por la Vida, representan digna, serena y firmemente Iván Cepeda Castro y Aida Quilcué, por ellos será mi voto.



