Gobernanza criminal y escalada de violencia en Popayán: una hipótesis sobre la reconfiguración del poder territorial

La persistencia e intensificación reciente de hechos violentos en Popayán, tanto en su zona urbana como rural, permite formular como hipótesis analítica la existencia de una escalada de violencia acompañada por el despliegue de repertorios de violencia dura, particularmente expresados en homicidios selectivos, asesinatos múltiples y otras modalidades de violencia letal. Este enfoque permite comprender los hechos recientes no como eventos aislados o meramente reactivos, sino como prácticas recurrentes que, por su reiteración y características, pueden estar configurando patrones de acción violenta en el territorio. Más que centrarse exclusivamente en los actores armados responsables, este marco busca observar cómo determinadas formas de violencia comienzan a repetirse, a sofisticarse y a cumplir funciones de control, intimidación o regulación en escenarios de conflictividad.

Desde esta perspectiva, la escalada de violencia registrada en Popayán puede leerse a partir de la expansión de repertorios centrados en la letalidad. El hallazgo de un vehículo incinerado con tres cuerpos en su interior en la vía entre Popayán y Cajibío constituye un hecho que, más allá de su gravedad, expresa modalidades de violencia con altos niveles de sevicia y una fuerte carga simbólica (Romolerux, 26 de marzo, 2026). La forma en que se produce el crimen, el abandono de los cuerpos y la exposición pública del hecho sugieren una violencia que no solo busca causar daño físico, sino proyectar mensajes de poder e intimidación. En esa lógica, ciertos homicidios dejan de ser leídos exclusivamente como resultados de disputas puntuales y pueden ser comprendidos como parte de repertorios que utilizan la violencia extrema como lenguaje.

La masacre ocurrida el 9 de abril de 2026 en la vereda La Meseta, atribuida preliminarmente al Estado Mayor Central, refuerza esta hipótesis en tanto evidencia una modalidad particularmente dura de violencia organizada (Muñoz, 12 de abril, 2026). La incursión armada, el asesinato de seis personas y el presunto bloqueo de asistencia médica configuran una secuencia que no solo expresa capacidad operativa, sino una forma de violencia con componentes ejemplarizantes. En este caso, la acción atribuida al EMC puede leerse como parte de repertorios orientados a imponer mensajes mediante el terror. Sin embargo, el análisis no se agota en ese actor ni supone atribuirle la totalidad de los hechos recientes, sino que ubica este evento como uno de varios indicadores de una escalada más amplia de violencia letal.

Los hechos ocurridos en el barrio Lomas de Granada permiten observar cómo estos repertorios también se manifiestan en escenarios urbanos mediante modalidades de homicidio selectivo (Calderón, 9 de abril, 2026). El asesinato de dos jóvenes frente a una vivienda, ejecutado por hombres armados en motocicleta, remite a una forma de violencia focalizada, rápida y dirigida, asociada con patrones de selección de objetivos. Este tipo de hechos, por su modalidad de ejecución, puede ser entendido como parte de repertorios de violencia dura en los que el homicidio selectivo opera no solo como eliminación física, sino como mecanismo de control territorial, advertencia o disciplinamiento social.

En términos analíticos, el homicidio selectivo adquiere aquí centralidad no solo por su recurrencia, sino porque constituye una modalidad históricamente asociada a contextos de disputa armada y regulación violenta. Su importancia no radica únicamente en el número de víctimas, sino en su carácter intencional, dirigido y comunicativo. A diferencia de otras expresiones de violencia difusa, el homicidio selectivo suele producir efectos sociales amplios: instala miedo, reconfigura comportamientos comunitarios, altera relaciones locales de poder y, en muchos casos, redefine quién puede permanecer, transitar o ejercer liderazgo en determinados espacios.

La hipótesis sobre repertorios de violencia dura permite, además, observar que la escalada actual no se expresa únicamente en un aumento cuantitativo de hechos violentos, sino en una transformación de sus modalidades. La coexistencia de masacres, asesinatos focalizados y hechos con altos niveles de sevicia sugiere una diversificación de formas violentas que responden a distintas racionalidades, pero que convergen en una misma lógica de intensificación. En lugar de una violencia homogénea, se advierte una combinación de repertorios que van desde el castigo ejemplarizante hasta la eliminación selectiva, pasando por formas de violencia destinadas a producir efectos simbólicos sobre la población.

En este marco, la violencia dura no debe entenderse solo por su intensidad material, sino por sus funciones. Algunos repertorios buscan producir terror mediante actos visibles y extraordinarios; otros operan con menor espectacularidad, pero con gran capacidad de disciplinamiento local. Ambos pueden coexistir y reforzarse. La masacre rural, el hallazgo de cuerpos incinerados y los homicidios urbanos pueden ser leídos, en este sentido, como expresiones diferenciadas de una misma escalada, donde la violencia cumple funciones que exceden la confrontación armada y se proyectan sobre el orden social.

Otro elemento relevante es que estos repertorios parecen desplegarse en distintos niveles territoriales, conectando lo rural y lo urbano. Esto resulta importante porque rompe con lecturas que separan ambos escenarios y permite pensar la violencia como fenómeno articulado. La expansión de homicidios selectivos en zonas urbanas, junto con hechos de mayor letalidad en áreas rurales, puede indicar dinámicas interconectadas de disputa, presión o reacomodo de actores violentos. Más que expresiones desconectadas, podrían ser parte de un mismo contexto de intensificación.

Asimismo, este enfoque permite evitar atribuciones simplificadoras centradas en un solo actor y, en cambio, poner el foco en los patrones de violencia que emergen. Aunque la masacre de La Meseta ha sido atribuida preliminarmente al EMC, la hipótesis aquí planteada no descansa en identificar un responsable único de la escalada, sino en observar cómo distintos hechos recientes revelan un despliegue de repertorios de violencia letal que merece ser analizado como fenómeno en sí mismo. Este énfasis resulta metodológicamente importante, pues desplaza la atención de los eventos aislados hacia sus posibles patrones subyacentes.

En conclusión, la situación reciente de Popayán permite plantear como hipótesis la existencia de una escalada de violencia marcada por el despliegue de repertorios de violencia dura, especialmente a través del homicidio selectivo como modalidad emergente y recurrente. La evidencia empírica reciente (masacres, asesinatos selectivos y hechos de violencia extrema) sugiere no solo un aumento de hechos letales, sino una reconfiguración en las formas en que la violencia se ejerce y produce efectos sociales. Bajo esta lectura, el desafío analítico y político no es únicamente responder a los hechos consumados, sino comprender los patrones que podrían estar consolidándose en el territorio y que convierten la violencia en una dinámica cada vez más estructurada (Muñoz, 12 de abril, 2026; Calderón, 9 de abril, 2026; Romolerux, 26 de marzo, 2026).

Bibliografía

Muñoz, L. (12 de abril, 2026). Identifican a las seis víctimas de la masacre en zona rural de Popayán: tres tenían pasado político. **Infobae*.* https://www.infobae.com/colombia/2026/04/12/identifican-a-las-seis-victimas-de-la-masacre-en-zona-rural-de-popayan-tres-tenian-pasado-politico/

Calderón, F. (9 abril, 2026). Dos jóvenes fueron asesinados frente a una vivienda del occidente de Popayán. El País. https://www.elpais.com.co/amp/judicial/dos-jovenes-fueron-asesinados-frente-a-una-vivienda-del-occidente-de-popayan-0902.html

Romolerux, M. (26 de marzo, 2026). Nueva masacre en el Cauca: hallan un carro particular completamente incinerado y con tres cadáveres adentro. El Tiempo. https://www.eltiempo.com/colombia/cali/nueva-masacre-en-el-cauca-hallan-un-carro-particular-completamente-incinerado-y-con-tres-cadaveres-adentro-3543255

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