Oro, poder y territorio: gobernanza híbrida y legitimidad social en el Bajo Cauca antioqueño

Imagen 1. Impacto de la minería en el corregimiento de Cargueros, Nechí. Fotografía tomada por: Fundación Paz & Reconciliación (PARES).

Desde inicios del año 2026, se ha venido consolidando un escenario de creciente control por parte de grupos armados organizados (GAO) sobre la minería de oro en la subregión del Bajo Cauca Antioqueño. Este fenómeno ha sido identificado por diversas fuentes comunitarias y actores vinculados a la actividad minera, quienes coinciden en señalar que dicho control se ha intensificado particularmente en la cuenca del río Nechí y en zonas históricamente mineras como Cuturú, Cargueros, Bijagual, Las Conchas y Puerto Claver.

Más allá de la presencia armada o de la imposición de restricciones aisladas, este control se ha estructurado como un sistema integral que regula y organiza la actividad minera en el territorio, abarcando de manera progresiva toda la cadena de valor del oro.

En la práctica, lo anterior implica que la operación minera en el corredor geográfico comprendido entre Cuturú y La Concha queda supeditada, en primer lugar, a una autorización informal por parte de los grupos armados organizados, quienes imponen diversos mecanismos de extorsión y control sobre los mineros. Entre estos se encuentran cobros variables según el tipo de maquinaria utilizada para la extracción, con montos que pueden oscilar entre 5 y 100 millones de pesos, únicamente por permitir el ingreso de equipos que van desde retroexcavadoras hasta dragones mineros. Asimismo, se denuncia la exigencia de vender la totalidad del mineral extraído exclusivamente al Ejército Gaitanista de Colombia (EGC) en esta zona, así como la fijación unilateral de precios de compra por debajo del valor de mercado. A ello se suma la manipulación de la ley o pureza del oro —reduciéndola hasta en cinco puntos frente a la pureza real— con el fin de pagar sumas inferiores a las correspondientes.

También se reporta la implementación de esquemas de pago diferido, mediante los cuales el oro es cancelado varios días después de la entrega, en plazos que pueden ir de 8 a 15 días, e incluso mediante cuotas parciales. Adicionalmente, se imponen cobros equivalentes hasta al 10 % del valor del oro, supuestamente destinados a inversiones sociales. En conjunto, estas prácticas configuran un modelo de extracción de rentas basado en la coerción económica y el control territorial. Además, la injerencia de los grupos armados organizados no se limitaría únicamente al proceso de extracción o a la comercialización directa con los mineros, sino que, según distintas denuncias, también alcanzaría eslabones posteriores de la cadena de valor, incluyendo procesos de acopio, intermediación y eventual exportación del oro mediante empresas que lo comercializan hacia mercados internacionales, entre ellos Estados Unidos.

Uno de los aspectos más críticos de esta dinámica de control ejercida por los GAO sobre la minería es la imposición de un rubro adicional dentro de la extorsión sistemática que enfrentan los mineros. Este cobro estaría destinado, según los grupos armados, a labores sociales en las comunidades y se diferencia del porcentaje mensual que los mineros deben pagar por operar, relacionado con supuestos conceptos de seguridad y “derecho a trabajar”. Esta práctica es presentada por los GAO como “aportes para causas sociales” o contribuciones destinadas al bienestar comunitario.

Según denuncias recogidas en la zona, estas exigencias económicas pueden alcanzar cifras cercanas a los 320 millones de pesos por operación, en sectores del río Nechí ubicados entre el corregimiento de Cuturú y el corregimiento de La Concha, donde las “lavadas” de oro pueden realizarse incluso cada dos días, dependiendo de la productividad de la mina.

De acuerdo con los testimonios, el Ejército Gaitanista de Colombia (EGC) justifica estos cobros como mecanismos para financiar obras comunitarias e infraestructura. Sin embargo, los mismos mineros señalan casos como la construcción inconclusa y actualmente abandonada de un puente en una zona rural del Bajo Cauca, lo que evidenciaría que parte de los recursos obtenidos mediante estas extorsiones no se destinan al beneficio colectivo, como se afirma, sino al sostenimiento de la organización armada y de sus comandantes.

En respuesta a estas dinámicas, algunos mineros han implementado estrategias de adaptación como la subdeclaración de la producción de oro, con el fin de reducir las cargas económicas derivadas de la extorsión ejercida por el Ejército Gaitanista de Colombia (EGC) y preservar márgenes mínimos de rentabilidad. En la práctica, al reportar una menor cantidad de gramos de oro extraídos, disminuye el porcentaje que deben pagar a la organización armada.

Asimismo, distintos testimonios señalan que, en algunas ocasiones, el EGC habría ejercido presiones sobre los mineros para garantizar una mayor participación del gremio en movilizaciones sociales y en los recurrentes paros mineros que se presentan en la subregión del Bajo Cauca. Esto sugiere que, aunque estas protestas no necesariamente son promovidas ni iniciadas por los grupos armados, en determinados contextos sí podrían ser objeto de injerencia y presión por parte de estos actores. De acuerdo con algunos relatos, estas intervenciones suelen presentarse cuando sectores mineros no directamente afectados por operativos de la Fuerza Pública —como la destrucción de maquinaria utilizada para la explotación de oro— muestran poca disposición a respaldar protestas impulsadas por mineros de otras zonas impactadas. En ese escenario, la presión ejercida por el EGC buscaría cohesionar al gremio minero y limitar temporalmente la presencia e intervención de la Fuerza Pública en áreas de interés para la organización armada.

Estos hechos ya han sido expuestos en algunos medios de comunicación locales de la subregión, evidenciando que este fenómeno trasciende la noción de minería ilegal entendida únicamente como una actividad económica al margen de la ley. Lo que se configura en el Bajo Cauca es un sistema de control territorial con capacidad de regular la economía, ejercer coerción social e incidir en la construcción de legitimidad, consolidando otras formas de autoridad paralela en el territorio.   

Panorama nacional de la minería ilegal de oro aluvial a pequeña, mediana y gran escala.

La situación del Bajo Cauca se inscribe en una tendencia nacional caracterizada por la expansión de la minería ilegal como una de las principales economías ilícitas del país. Diversos informes periodísticos y académicos coinciden en señalar que entre el 70% y el 75% del oro producido en Colombia proviene de actividades realizadas por fuera del marco legal, lo que evidencia la magnitud estructural del fenómeno (Ámbito, 2026; Infobae, 2026).

Esta economía ilegal, además de alcanzar niveles significativos de rentabilidad -con estimaciones que superan los 22.000 millones de dólares anuales-, también ha generado impactos ambientales de gran escala, con más de 94.000 hectáreas afectadas y al menos 1.120 ríos contaminados en el país (El Tiempo, 2026). En este contexto, los grupos armados organizados han encontrado en el oro una fuente de financiación estratégica, debido a su alta rentabilidad, menor exposición a la persecución penal en comparación con el narcotráfico y su estrecha relación con el control territorial (Semana, 2026; ODEVIDA, 2026).

Como resultado de estas dinámicas, el oro ha sido denominado por algunos analistas como la “nueva cocaína”, no solo por su valor económico, sino por su papel en la reconfiguración del conflicto armado y de las economías ilegales en Colombia, donde la extracción minera se convierte en un eje articulador de poder y territorialidad (Valencia, 2026).

La subregión del Bajo Cauca en el mapa nacional

Dentro de este panorama el departamento de Antioquia ocupa un lugar central. Según el informe Explotación de oro de aluvión en Colombia del Ministerio de Minas y Energía y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, 2022), Antioquia es el segundo departamento con mayor evidencia de explotación de oro de aluvión en el país, lo que confirma su relevancia estratégica en la dinámica minera nacional.

El informe señala que, de los 101 municipios con presencia de esta actividad, solo 10 concentran el 54% de las áreas detectadas, lo que evidencia una alta concentración territorial del fenómeno. De estos municipios, cuatro pertenecen al Bajo Cauca antioqueño —Zaragoza, Cáceres, Nechí y El Bagre—, los cuales acumulan un total de 25.019 hectáreas afectadas por minería de aluvión, equivalentes al 66,56% del total departamental (Ministerio de Minas y Energía de Colombia & Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC)., 2022)

A esta situación se suma la relevancia de la minería de socavón en municipios cercanos como Remedios y Segovia, también en disputa por actores armados, lo que confirma que tanto el Bajo Cauca como el Nordeste antioqueño constituyen un corredor estratégico para las economías mineras ilegales y para la consolidación de estructuras de control territorial.

En este contexto, resulta fundamental preguntarse cómo el control de la minería de oro por parte de grupos armados organizados incide en la configuración de formas de gobernanza híbrida y en la construcción de legitimidad social en el territorio, como un paso necesario para comprender la profundidad del fenómeno y avanzar hacia respuestas más estructurales.

Figura 2. Corredor minero Río Nechí. Fotografía adaptada de: Google Earth Pro.

Gobernanza criminal, control territorial y legitimidad social

El control de la minería de oro por parte de grupos armados organizados en el Bajo Cauca no puede entenderse únicamente como una estrategia de acumulación económica. Este control configura un sistema de gobernanza criminal en el que se combinan prácticas de coerción, regulación económica y construcción de legitimidad social, generando un debilitamiento progresivo de la autoridad estatal. Por un lado, ejercen coerción directa mediante la imposición de reglas de operación, el control del acceso a la actividad minera y la sanción de quienes incumplen sus disposiciones. Por otro, desarrollan mecanismos de regulación económica, fijando precios, administrando pagos y capturando rentas a través de cobros obligatorios.

De manera complementaria, implementan estrategias de legitimación social, como la financiación de obras comunitarias o el respaldo a iniciativas locales, con el propósito de construir aceptación o, al menos, tolerancia entre la población. Este conjunto de prácticas da lugar a una forma de gobernanza criminal en la que coexisten -y en muchos casos compiten- normas estatales, dinámicas ilegales y prácticas comunitarias, reconfigurando el orden territorial.

Mecanismos de configuración del control territorial y la legitimidad social

La configuración de estas formas de gobernanza criminal se materializa a través de una serie de mecanismos interrelacionados que permiten a los actores armados consolidar su poder en el territorio. En primer lugar, el control sobre la compra y comercialización del oro genera relaciones de dependencia económica que limitan la autonomía de los mineros, quienes quedan sujetos a condiciones impuestas y con escaso margen de negociación. En segundo lugar, las denominadas “obras sociales” operan como mecanismos simbólicos de legitimación, funcionan como instrumentos para consolidar el control territorial, al tiempo que reproducen dinámicas de apropiación de recursos. Por último, la relación entre coerción y acción colectiva se hace evidente en la posible instrumentalización de la protesta social. Las movilizaciones mineras, que podrían expresar demandas legítimas, terminan convirtiéndose en escenarios susceptibles de presión, financiamiento o participación por parte de grupos armados.

Adicionalmente, estos grupos asumen funciones propias del Estado, configurando un sistema de regulación informal que incluye la resolución de conflictos, la administración de justicia y la gestión de recursos para obras, lo que constituye una forma de sustitución funcional del Estado en el territorio.

Finalmente, la consolidación de la minería ilegal como eje económico responde a una racionalidad específica del conflicto, en la que esta actividad resulta más atractiva que el narcotráfico debido a su menor riesgo, mayor estabilidad territorial y alta rentabilidad, lo que contribuye a la persistencia y transformación de las dinámicas de violencia en el país.

Consolidación de la gobernanza criminal en el Bajo Cauca

Lo que ocurre en el Bajo Cauca evidencia un tránsito claro desde economías ilegales fragmentadas hacia sistemas de control territorial integrales, en los que lo económico, lo social y lo político se encuentran profundamente entrelazados. El fenómeno se trata entonces de la consolidación de formas de gobernanza criminal que reorganizan el poder en el territorio, más allá de la mera actividad minera fuera de los marcos legales.

Para concluir, cabe resaltar que este contexto la legitimidad se impone mediante la coerción armada, pero también se construye y se disputa a través de estrategias simbólicas y materiales, que permiten a estos actores posicionarse como referentes funcionales dentro de la vida cotidiana de las comunidades. De igual forma, la persistente debilidad institucional facilita que estos grupos asuman funciones propias del Estado, configurando una sustitución parcial del mismo, el cual pierde capacidad de incidencia efectiva en amplias zonas del territorio. Asimismo, la acción colectiva, particularmente en el contexto del paro minero, no está exenta de tensiones, en la medida en que puede ser objeto de cooptación, financiamiento ilegal o manipulación estratégica. Lo que desdibuja las fronteras entre protesta social legítima y presión ejercida por actores armados, afectando la legitimidad de las demandas y complejizando aún más la comprensión del conflicto en la región.

Referencias

Ámbito. (10 de abril de 2026). Minería ilegal en Colombia: el 75% del oro se extraería fuera del sistema y supera los us$22.000 millones. https://www.ambito.com/energia/mineria-ilegal-colombia-el-75-del-oro-se-extraeria-fuera-del-sistema-y-supera-los-us22000-millones-n6265209

El Tiempo. (22 de marzo de 2026). Informe: 94.000 hectáreas arrasadas y 1.120 ríos contaminados por la fiebre del oro ilegal en Colombia. https://www.eltiempo.com/justicia/conflicto-y-narcotrafico/informe-94-000-hectareas-arrasadas-y-1-120-rios-contaminados-por-la-fiebre-del-oro-ilegal-en-colombia-3542224

Infobae. (23 de marzo de 2026). Sale a la luz informe sobre minería ilegal de oro: supera al narcotráfico en ingresos en Colombia. https://www.infobae.com/colombia/2026/03/23/sale-a-la-luz-informe-sobre-mineria-ilegal-de-oro-supera-al-narcotrafico-en-ingresos-en-colombia/

Semana. (11 de abril de 2026). La fiebre del oro tiene a ríos sin agua: depredación histórica en las selvas de Colombia y grupos armados multimillonarios. https://www.semana.com/nacion/articulo/la-fiebre-del-oro-tiene-a-rios-sin-agua-depredacion-historica-en-las-selvas-de-colombia-y-grupos-armados-multimillonarios/202601/

Red informativa y comercial, El Bagre. (24 de marzo de 2026). La minería en Bajo Cauca. Facebook. https://www.facebook.com/photo?fbid=1384946350316074&set=a.461568802653838

Ministerio de Minas y Energía de Colombia & Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). (Junio de 2022). Colombia: Explotación de oro de aluvión. Evidencias a partir de percepción remota 2023. Obtenido de Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC): https://www.unodc.org/documents/colombia/2022/Junio/Informe_Colombia_Explotacion_de_Oro_de_Aluvion_Evidencias_a_Partir_de_Percepcion_Remota_2021_SP_.pdf

ODEVIDA. (26 de marzo de 2026). Minería Ilegal en Colombia: Un riesgo para los Derechos Humanos. https://odevida.pares.com.co/mineria-ilegal-en-colombia-un-riesgo-para-los-derechos-humanos/

Valencia, G. (2026). El oro: la nueva cocaína legal de la guerra en Colombia. Portal Universidad de Antioquia. https://www.udea.edu.co/wps/portal/udea/web/inicio/udea-noticias/udea-noticia/Contenido/asNoticias/Opinion/oro-nueva-cocaina

 

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