Las imágenes difundidas en redes fueron las grandes aliadas de Gustavo Petro. Mientras en Colombia vive acosado por los medios, en parte por sus declaraciones, a veces con una rimbombancia que bordea la torpeza, una vez cruza la frontera y se embarca en algunos de sus viajes la coherencia regresa a él como quien recupera un estado mental, una práctica. Así como nadie olvida montar bicicleta, nadie puede olvidar completamente quien fue. El poder obnubila, pero no enajena completamente.
Petro tuvo días de lujo en Barcelona el pasado fin de semana. Su gira de medios, la entrega en la biblioteca Gabriel García Márquez de un cuadro del Nobel con sus rosas amarillas, un acto donde se dio el gusto de conocer a uno de sus ídolos, Joan Manuel Serrat, estuvo cargado de todo el simbolismo, además de celebrar el 19 de ese mes su cumpleaños número 66 rodeado de los aliados que más necesita en la región, Lula y Claudia Sheinbaun, últimos bastiones de la contención a Trump y el advenimiento de la derecha en el continente.
En algunas imágenes pudimos ver, incluso, a Petro saludando a entusiastas seguidores que se sorprendieron de ver al presidente caminando por estas calles sin escolta, como si fuera uno más, protegido sólo por una gorra y unas gafas oscuras.
Viajó a Barcelona para participar en la IV Cumbre Global del Progresismo en Defensa de la Democracia, una especie de respuesta a la reunión que hizo Donald Trump en Latinoamérica con su escudo de las Américas en donde invitó a los presidentes de derecha más reconocidos de la región entre los que se destacaban Javier Milei de Argentina, Nayib Bukele de el Salvador y Daniel Noboa de Ecuador quien es el protagonista de un pulso de poder precisamente con su vecino, Gustavo Petro.
Uno de los cinco mil asistentes, venidos de más de 50 países, a la cumbre fue el expresidente de Colombia Ernesto Samper, quien nos ayudó a construir este relato y nos recordó que la novedad es que el progresismo se reúna, en horas tan bajas para la democracia y en momentos tan duros para la humanidad, para señalar el genocidio en Gaza, las amenazas directas de Donald Trump de acabar con la milenaria civilización iraní y el riesgo de una derechización extrema en América Latina.
Un foco de esta cumbre, capitaneada por su anfitrión, Pedro Sánchez, fue recuperar el multilateralismo y encender las alarmas sobre lo mal herida que está la ONU, convertida en una figura decorativa durante los ataques incesantes de Israel en Gaza y luego su cruzada de brazos ante los ataques mundiales de Trump quien tiene en la mira a la ONU, una institución que ha tratado de ser un árbitro mundial desde que acabó la II Guerra Mundial. Una de las propuestas más destacadas la hizo el líder brasileño quien pidió un nuevo sistema de Naciones Unidas en el cual no existan vetos por parte del Consejo de Seguridad. En esta cumbre también hubo varias acciones que invitan a la esperanza como por ejemplo escuchar al candidato progresista turco que espera hacerle contrapeso a Erdogan.
Planear un nuevo modelo de desarrollo, lejos del BID, del Banco Mundial y del FMI, buscarle un sustituto al ya gastado neoliberalismo y buscar un modelo solidario en el cual prosperen as formas colectivas de propiedad y participación que busque salvar las distancias entre ricos y pobres fue otra de las razones por las que, se cree, esta cumbre podría ser la última trinchera de resistencia ante el advenimiento de la era Trump.
Y la esperanza fue aún más reconfortante al ver que, dentro de Estados Unidos, esta resistencia crece. En el evento estaban representantes de este país como el gobernador de Minnesota, el alcalde De Nueva York o Julissa Reynoso, una mujer brillante que fue embajadora de Estados Unidos en España. No queda duda que hasta en un lugar con un presidente fascista el progresismo resurge de entre las piedras.
Una de las presencias que más invitó a la reflexión y también al anhelo de que todo vaya mejor fue la de Claudia Sheinbaum, quien ha sido vilipendiada públicamente por Isabel Diaz Ayuso, presidenta de la comunidad de Madrid y por voces de la derecha radical como Santiago Abascal. Pero, sin duda, si se debe buscar un momento de mayor efervescencia emocional fue la intervención del delegado de Palestina, que fue sobrecogedora hasta las lágrimas, contando casos específicos de niños que murieron, que fueron bombardeados, de la forma tan extrema como vive hoy en día la población en Gaza. El presidente Samper lo llamó “una especie de terapia progresista”.
Una de las grandes conclusiones que deja la cumbre y que ha dejado esta andanada de Trump contra el mundo es que Europa entró en una intrascendencia y una decadencia únicas, y que la respuesta la tenemos nosotros, uniéndonos, construyendo un proyecto del Sur, del Sur Global, conectándonos con esos países africanos que también han tenido que soportar siglos de opresión y deben vivir con eso. Contamos con recursos que van a ser vitales para el equilibrio mundial como por ejemplo tener el 70% de la biodiversidad.
Casi que hubo un consenso en esta cumbre sobre algo, a raíz, por ejemplo, de las horas más urgentes que vive Cuba y es la conveniencia o no de que sigan existiendo organismos como la OEA, que no son más que el ojo de Estados Unidos gravitando sobre nosotros. Esto hay que repensarlo. El punto sobre Cuba agrupó a la casi totalidad de mandatarios. Petro intentó hacer un puente con Lula y con Claudia Sheinbaum, incluso celebró su cumpleaños caminando con ellos en una de las ramblas paralelas de Barcelona, pero si su proyecto progresista se cae en las elecciones de mayo del 2026, al igual que las de Lula, el terreno para Donald Trump y su derecha extrema, se pavimentará en este continente.



