Desde las aguas del Pacífico y las raíces vivas de Buenaventura, emerge la mirada de Ever Andrés Mercado, un joven que ha decidido narrar su territorio desde adentro. Su reciente reconocimiento con el World Press Photo 2026, uno de los premios más importantes del fotoperiodismo a nivel global, no solo destaca su talento, sino que proyecta al mundo una forma distinta de contar lo que somos. En un país donde Buenaventura ha sido asociada con frecuencia a la violencia, este logro desplaza el foco: pone en el centro la vida, la cultura y la capacidad de resistencia que habita en nuestras comunidades.
El premio marca un hito importante. El World Press Photo reúne cada año miles de trabajos de fotógrafos de todo el mundo, seleccionando aquellos que logran interpelar, incomodar o transformar la manera en que entendemos la realidad. Que un joven del Pacífico colombiano haga parte de este escenario no es un hecho menor: es la evidencia de que hay otras narrativas emergiendo, con fuerza propia, desde territorios que, como Buenaventura, han sido históricamente marginalizados.
La serie con la que Mercado fue reconocido, “Manacillos: un retorno a la vida”, se sitúa en el río Yurumanguí, en la zona rural de Buenaventura. Allí, la Fiesta de los Manacillos se convierte en el hilo conductor de una historia que trasciende la imagen. No se trata solo de una celebración: es una práctica que recoge memorias ancestrales, espiritualidades diversas y formas de organización comunitaria que han resistido al paso del tiempo. Lo que su lente captura no es únicamente estética; es una forma de vida que se rehúsa a desaparecer.
Este punto es clave. Durante décadas, Buenaventura ha sido narrada, en gran medida, desde miradas externas que han privilegiado el relato del conflicto, muchas veces simplificando la complejidad del territorio. Esa forma de contar ha tenido efectos concretos: ha reducido la comprensión de lo que significa habitar el Pacífico y ha invisibilizado las múltiples formas en que las comunidades sostienen la vida. Frente a esto, el trabajo de Ever Mercado propone otra cosa: una narrativa que no niega las dificultades, pero que se niega a que sean lo único que defina el territorio.
Como él mismo lo plantea, su apuesta ha sido hacerle “contracorriente” a las formas tradicionales de narrar el Pacífico. Su intención no es solo mostrar, sino dignificar: abrir la posibilidad de que los territorios se autorrepresenten y que las historias sean contadas por quienes las viven. En sus palabras, se trata de lograr que el mundo hable de Buenaventura “de manera positiva, de manera dignificante”, reconociendo el valor humano que durante años ha sido invisibilizado.
Su fotografía no exotiza ni romantiza. Por el contrario, se construye desde la cercanía, desde el reconocimiento de quienes hacen parte de esas historias. Y en ese gesto hay una toma de posición clara: contar desde adentro implica asumir una responsabilidad con el territorio, con su memoria y con la forma en que será percibido por otros.
En este sentido, la fotografía se convierte también en una herramienta de construcción de paz. No en un sentido abstracto, sino concreto. Porque en contextos atravesados por la violencia, donde muchas veces se impone el silencio o la estigmatización, narrar la vida cotidiana, la cultura y los vínculos comunitarios es una forma de resistencia. Es una manera de afirmar que, incluso en medio de las dificultades, hay proyectos de vida, hay dignidad y hay futuro.
Por eso, este reconocimiento no lo entendemos únicamente como un logro individual. Es también un reconocimiento a las comunidades que han cuidado esas prácticas culturales, a los territorios que han sostenido su identidad a pesar de las múltiples presiones, y a una generación que está decidida a contar su realidad con voz propia.
Ever Andrés Mercado es, ante todo, un joven que camina con sencillez. Su forma de habitar el mundo habla de una humildad profunda, de una franqueza sin pretensiones y de un espíritu soñador que inspira a quienes le rodean. A sus 28 años, alcanza un reconocimiento de esta magnitud, pero lo que realmente lo distingue no es solo el premio, sino su capacidad de mantenerse cercano a su gente, fiel a sus raíces y comprometido con las historias que decide contar.
Lo que hoy celebra el mundo no es solo una imagen bien lograda. Es la posibilidad de mirar a Buenaventura desde otro lugar. Un lugar donde la vida no es una excepción, sino el punto de partida. Y donde jóvenes como Ever Andrés Mercado y muchos otros están demostrando que narrar también es transformar.
Tal vez lo más importante de este reconocimiento no es solo el premio en sí, sino lo que nos recuerda: que hay historias valiosas en nuestros territorios que merecen ser contadas por quienes las viven. Que mirar hacia adentro también es una forma de dignidad. Y que cuando alguien como Ever decide contar desde ahí, no solo transforma la forma en que otros nos ven, sino también la manera en que empezamos a reconocernos.



