En la final de la Copa del Mundo de 1994, Joao Havelange, máximo jerarca del fútbol mundial, brasileño y polémico, había invitado a los presidentes de federaciones más cercanos a él. Uno de ellos era Juan José Bellini, entonces al frente de los destinos del fútbol colombiano. Su nombre era una garantía de éxito. Había sido presidente del América de Cali en la época de oro de este equipo, justo cuando los dineros de los Rodríguez Orejuela rebozaban la institución. Pero su fin, como máximo dirigente del fútbol colombiano, estaría muy cerca. Un año después, en un allanamiento del Bloque de Búsqueda, cayó Miguel Rodríguez Orejuela en un apartamento al sur de Cali. El problema es que, cuando lo hizo, tenía consigo un maletín cargado de documentos que lo vinculaban con la red de ese cartel. Allí apareció un dato que Bellini jamás pudo responder. ¿Por qué aparecían pagos de 200 millones de pesos entre enero y marzo de ese año? Su silencio lo llevó a pagar seis años en la escabrosa cárcel de Palmira.
La primera persona que habló de narco-fútbol fue el inmolado ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla. Y nadie fue más eficaz a la hora de representar a este nuevo dirigente que Bellini. Después de pagar cárcel en Palmira, Bellini siguió muy campante manejando jugadores y con amigos muy cercanos que lo ayudaron a salir de sus cenizas. Apenas un año después de recuperar su libertad, Bellini llegó al despacho de Luis Bedoya, quien se estrenaba ese mismo año, 2002, como presidente de la Dimayor, luego de un ascenso meteórico en la institución.
Entre los años 2002 y 2006, Bellini recibió 68 millones de pesos, una cifra que aumentaría a 633 millones entre 2006 y 2015 con Ramón Jesurún y en los dos años que estuvo con José Fernando Perdomo la cifra llegó a los 235 millones. Bellini no solo siguió en ese momento siendo un hombre influyente en la Federación, sino que es empresario de jugadores y asesor de clubes.
Acá hay que recordar una fecha histórica, el valiente ministro de Justicia de Belisario Betancur, el joven Rodrigo Lara Bonilla, habló de cómo los narcos habían permeado los deportes y sobre todo el fútbol. Esto lo validó, en 1987, el periodista Fabio Castillo, en su libro Los Jinetes de la cocaína.
Los Rodríguez Orejuela compraron el América de Cali en 1981 y con su músculo financiero lograron que el equipo pasara de ser “La mechita” a un super equipo de fútbol.
Era tanta la cercanía con los jefes del Cartel de Cali que lo escogieron como presidente del club en 1987. A Bellini, los Rodríguez Orejuela lo llamaban Bom-Bom-Bum. Confiaban plenamente en su criterio futbolístico. En los cuatro años que estuvo al frente del equipo obtuvo un subcampeonato de la Copa Libertadores en 1987 y un título en 1990. Su gestión lo llevó, en 1992, a la presidencia de la Federación de Fútbol Colombiano reemplazando al mítico León Londoño Tamayo. Estando al frente de Fedefútbol, la selección consiguió su triunfo más resonante de la historia: el 5-0 en el Estadio Monumental contra Argentina, que le daría la clasificación al Mundial de Estados Unidos 1994 en donde, según Pelé, Colombia era favorita para ser campeona. En su casa, en Ciudad Jardín, ocurrió uno de los episodios más bizarros del fútbol colombiano.
El 10 de junio de 1994, dos días antes de partir para su concentración en Estados Unidos, la selección acababa de terminar su última práctica en la sede de Carcajal del América de Cali. El equipo estaba descansando en la Torre de Cali cuando supuestos miembros de la Federación Colombiana de Fútbol les avisaron a los jugadores que los estaban esperando abajo en el parqueadero para reunirse en un lugar secreto. La cita era con los hermanos Rodríguez Orejuela en la casa de Ciudad Jardín de Juan José Bellini. Allí les prometieron un premio estratosférico a cada jugador si llegaban a la final en el estadio Rose Bowl de Los Ángeles. Incluso les alcanzaron a dar a algunos jugadores entre cinco mil y veinticinco mil dólares para incentivarlos. Testigos que estuvieron en el lugar afirmaban que Juan José Bellini se comportaba como un subordinado de los Rodríguez Orejuela.
Todos los colombianos tienen derecho a redimirse, pero no puede ser la poca transparencia que ha habido a la hora de aclararnos qué pasó con Bellini. Sabemos de sus vínculos con lo que alguna vez fue La Equidad y sus negocios con jugadores. ¿Esto era legal?



