El dolor que atormentó a Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la luna

En 1961, las posibilidades de que Neil Armstrong encabezara una misión espacial eran mínimas. Ya era un piloto avezado que rompía la barrera del sonido en los vuelos de prueba que hacía la NASA para intentar sacar naves de la atmósfera. Pero acababa de sufrir un golpe brutal: su hija Karen, de tres años, sucumbió a un cáncer linfático. En la NASA se desconfiaba de su capacidad de concentración y que fuera solo un ingeniero. Aun así, fue aceptado, en 1962, como astronauta, y en las brutales pruebas que recibieron los preseleccionados para hacer realidad un sueño que acompañaba a los hombres desde que empezaron a mirar las estrellas, él fue quien más se destacó.

Armstrong viajó dos veces al espacio, la primera fue en 1966, cuando realizó una misión de acoplamiento en la que estuvo a punto de morir. En realidad, los primeros astronautas siempre coquetearon con la muerte. Los primeros cohetes eran muy artesanales, se les veían los tornillos, se movían sus latas, se escuchaba el crepitar del casco y, al salir de la atmósfera, podría estallar en cualquier momento. Cuenta la esposa de Neil Armstrong que, en 1963, tuvo que asistir a cinco funerales de amigos pilotos que perdieron sus vidas en estas pruebas.

El 20 de julio, Neil Armstrong pisó la Luna. La NASA no se equivocó, no solo llevó con éxito el módulo a la superficie lunar, sino que este ingeniero, frío, reservado, infalible, y resistente como un acantilado, tenía la sensibilidad para dirigirse a una audiencia de 650 millones de personas en todo el mundo. Su frase, escueta y elegante como una aguja, penetró en toda la especie: “Es un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”, decía mientras, alborozados, los humanos lo veían saltar sobre el polvo lunar.

La carrera espacial fue solo una parte de la Guerra Fría. Estados Unidos estaba preocupado por las ventajas que parecía llevarle la URSS. Ellos fueron los primeros en mandar un ser vivo al espacio, la perra Laika, a finales de los cincuenta, pusieron en órbita un satélite, el Sputnik, y le dieron una vuelta alrededor de la Tierra desde el espacio a su héroe, Yuri Gagarin. Pero, cuando Armstrong clavó la bandera norteamericana en la Luna, la pelea se decidió a favor de los gringos. Los soviéticos, en los setenta y ochenta entraron en una crisis económica y social que terminó reventándolos. Con la explosión del Challenger, en 1986, Estados Unidos decidió pausar el programa espacial. Era demasiado caro y la gente no veía de manera inmediata los avances que prometían las películas.

En todo este tiempo, Armstrong se decidió por dar clases de ingeniería aeroespacial en la Universidad de Cincinati. Murió a los 82 años en 2012. Después de pisar la Luna intentó llevar una vida normal, junto a su esposa y sus tres hijos. Y pensó en ella, en Karen. Y supo que, sin ese dolor, no hubiera podido dar su pequeño paso sobre el suelo lunar.

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