El miedo que tienen los Samboní

El 26 de noviembre de 2016, el gobierno de Juan Manuel Santos firmó la paz con la guerrilla de las FARC. Al lado de su firma estaba la de Rodrigo Londoño. Se acababan, al menos en el papel, sesenta años de guerra. No se pueden calcular el número de familias que salieron desplazadas del Cauca desde los años cincuenta. La violencia les quitaba todo, los campos, los hijos, el pan. En 2012, Juvencio Samboní llegó con su esposa Nelly Muñoz a Bogotá. Querían cambiar su destino. Tenían a Yuliana, su hija, de tres años. Se fueron a vivir donde un hermano, arriba del barrio Bosque Calderón. Varias familias vivían en esa casa. Cuando los Samboní se enteraron de que la guerra entre el Estado y las FARC había terminado, la determinación fue una sola, regresar a El Tambo.

Un día antes de la firma, los Samboní no sabían que la vida les había cambiado para siempre. En ese momento, en una camioneta, apareció Rafael Uribe Noguera. Ese día habló con Yuliana, e incluso le ofreció cinco mil pesos para que se fuera con él. La niña, según testigos, no aceptó. Rafael, quien sería presentado por los medios de comunicación como un “prestigioso arquitecto”, había llamado la atención del barrio y de un colegio cercano por aparecer los mediodías con una conducta “inapropiada”.

El 4 de diciembre, a las nueve de la mañana, Rafael Uribe Noguera volvió a aparecer por Bosque Calderón. Se llevó a la brava a Yuliana Samboní, ella tenía siete años. Lo hizo delante de mucha gente, por eso se alcanzó a dar la voz de alarma. De ese barrio a su casa, en el edificio Equus 66, hay solo 15 minutos. Allí abusó de la niña en repetidas ocasiones, le echó aceite, y la asfixió. Cuando la encontraron y le contaron el estado en el que estaba la niña, Nelly Muñoz, que estaba embarazada de cinco meses, gritó “¡No quiero ser mamá!” y se desmayó. Yuliana había sido mordida y su asesino le puso un lazo en la cintura como si fuera “un trofeo”.

Desde entonces, los Samboní han intentado salir del foco mediático. En algún momento, se dejó circular la información de que Juvencio no quería una reparación económica. El Estado le dio unas gallinas y unos ladrillos. Regresaron a El Tambo y ahora están en el corregimiento de Milagros, del municipio de Bolívar, Cauca. Dicen vivir con miedo. En enero de 2025, Red + Noticias los entrevistó, y el papá de Yuliana dijo: “La vida ya no es igual. Quedamos marcados por lo que nos pasó. Uno queda con el temor de que con los niños nos vuelvan a pasar lo mismo. Siempre lo pienso cuando me voy a trabajar”.

En ese momento, al asesino de Yuliana ya le habían dado 14 meses de rebaja en su pena por buen comportamiento. Indignó que algunas páginas verificadoras de información se quedaran en la minucia y sugirieran que esa noticia era cuestionable. Lo cierto es que es verdad.

Los hermanos Catalina y Francisco Uribe Noguera fueron absueltos por la justicia, en el caso que se les indiciaba de supuesta manipulación de la escena del crimen. La justicia tampoco los obligó a pagar la multa de 1.600 millones que recaía sobre su hermano. Pero demostraron que Rafael era insolvente, a pesar de tener una constructora a nombre de sus padres. La justicia determinó que no estaban obligados a pagar, pero ante este crimen tan atroz, ¿no deberían tener una obligación moral? Al parecer no la tienen.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.