Uno de los aciertos que ha tenido en 25 años de historia el uribismo es la capacidad de repeler atentados terroristas y a grupos armados ilegales. Antes de que Uribe llegara al poder, las FARC estaban en lugares como Sumapaz, a una hora de la capital, o hacían tomas a ciudades como Mitú. Es cierto que, durante los años de Ernesto Samper y los de Andrés Pastrana, las FARC tenía agarrada de los pelos a la gobernabilidad colombiana. Con Uribe se intensificó aún más el plan Colombia y se dieron golpes que mermaron considerablemente el poder destructor que tenía esta guerrilla.
Desde entonces se instauró un precepto que se convirtió en ley: la derecha sabe de temas de seguridad, la izquierda, al estar más abocada en temas como la justicia social, no sabe sobre esto. La paz total, en los años de Petro, no ha tenido los resultados esperados, pero, tampoco podemos olvidar que fue durante dos gobiernos uribistas que ocurrieron los dos atentados más graves que se recuerden en Bogotá en los últimos veinticinco años. Unos atentados que, si nos devolvieron automáticamente a fechas tan nefastas como 1989 cuando, en atentados como el que ocurrió con el edificio del DAS, murieron 63 personas.
Es cierto que uno de los talones de Aquiles de la izquierda es el tema de la seguridad, pero fue durante los gobiernos de Iván Duque y Álvaro Uribe que ocurrieron los más graves atentados terrorista que ha sufrido Colombia durante el siglo XXI.
El primero fue el 7 de febrero del 2003, cuando las FARC detonaron 200 kilos de explosivos en un carro que estaba en el parqueadero del Club del Nogal. Esa noche murieron 36 personas y otras 200 sufrieron heridas. El perpetrador de esta atrocidad, Hernán Dario Velásquez, alias el Paisa, cabecilla de la columna móvil Teófilo Moreno.
El segundo atentado fue el 17 de enero de 2019 cuando una camioneta Nissan entró a la Escuela General Santander e intencionadamente chocó con el edificio donde dormían las estudiantes mujeres. Después nos enteraríamos de que fue un ataque suicida. Se llamaba José Aldemar Rojas Rodríguez y explotó 80 kilos de pentolita. Murieron 23 personas y más de un centenar sufrieron heridas. Un acto demencial y repudiable de un grupo armado anacrónico, cruel, salvaje.
Iván Duque y Álvaro Uribe, que tanto han criticado la paz total -y con razón-, demostraron su absoluta incapacidad en un tema en el que la derecha se ha autoproclamado fuertísima, casi imbatible. Asegurar el país va más allá de discursos sobre hacer cárceles, o imponer la pena de muerte. Asegurar el país es garantizar que las Fuerzas Armadas tengan la suficiente inteligencia para prevenir este tipo de atrocidades. No es fuerza, es cerebro.
Esto es una verdad histórica que no se puede olvidar.



