Superar la humillación de Caracol Radio: la hazaña de Diana Uribe

La idea fue de César Augusto Londoño. Conoció a Diana Uribe en una fiesta en los noventa. Lo deslumbró el conocimiento que tenía, la manera como narraba la historia. Se le quedó tan metido en la memoria que, unos años después, cuando Yamid Amat le preguntó quién podría explicar, de manera amena, las razones de la guerra en los Balcanes, Londoño le recomendó a Diana. En esa época era profesora de la Universidad de los Andes y había sido una de las creadoras de Rock al Parque. En 1995, hizo parte del primer jurado que escogió a las bandas bogotanas que irían al festival.

Jamás se habría atrevido a presentar un programa sin el apoyo de Richie. Richie era su alma, el motor que la movía. Junto a él conoció la pasión por las películas, por Pink Floyd. Cuando el muro cayó en Berlín supo cómo se podía hilvanar un disco de rock con la historia. The Wall fue uno de los discos que la unió con Richie. Richie sigue siendo Ricardo Espinosa, uno de los forjadores de cultura más duro que han tenido los medios nacionales. Amante de la novela de espionaje y de la fantasía, fue uno de los precursores en Colombia del Señor de los anillos a comienzos de los años ochenta, cuando nadie en este país había escuchado hablar de Tolkien.

Yamid la invitó a un programa y se quedó veinte años. Escucharla es una experiencia avasallante. Junto a Espinosa crearon la Historia del Mundo, y supo explicar la geopolítica en tiempo real, conectándola con la historia. Cuando las Torres Gemelas cayeron, el 11 de septiembre del 2001, dio una clase sobre la historia del Islam, sin adjetivos, sin juicios de valor, solo mostrando la verdad. Cuando las tropas de Bush entraron a Irak, en una de las venganzas más absurdas que recuerde el mundo moderno, alertó sobre los tesoros arqueológicos que la invasión destruiría para siempre. Los restos de Mesopotamia se irían como lágrimas en la lluvia. Junto a Richie, pudo hacer algo más que un programa de Historia, creó una tendencia, una manera diferente de escuchar la radio, de aprehenderla.

El golpe más duro que ha recibido Diana fue la muerte de su esposo en 2012. Diez años después, cuando ya tenía uno de los podcasts más escuchados del continente, Diana le hizo un homenaje maravilloso. Recomiendo mucho ese capítulo sobre Espinosa. Seis años supo resistir en Caracol hasta que, en mayo del 2018, el grupo Prisa decidió acabar con su programa. Los domingos de 11 a 12, Caracol no existía hasta que apareció Diana, pero los números son fríos e ingratos. Muchos años después, Yesid Rodríguez contó que cuando Uribe grabó su último programa tenía que interrumpir la narración cada cierto tiempo porque las lágrimas la ahogaban. Aunque se habló de falta de pauta, no se puede dejar escapar un detalle más que evidente, la posición histórica de Diana Uribe era tan libre, tan real, que podía asustar a un grupo tan poderoso como Prisa. Al menos esa es mi opinión.

Contrario a lo que ella misma podía pensar, hubo vida después de Caracol. Se puso a estudiar las nuevas tecnologías. Aprendió, junto a sus hijos, a crear un podcast. Además, se inventó un espacio muy bello, el de los viajes en grupo, el de recorrer lugares tan imposibles como Irán, Azerbayán, Rusia, Egipto, y el de crear libros. Hoy en día somos muchos los que la seguimos a través de sus redes. Es imposible vivir sin Diana Uribe.

Ahora que se fusionaron Caracol y W Radio, y que los medios tradicionales viven su agonía, sobre todo la radio, nos queda claro que Diana siempre tuvo la razón. Ella va sola, y va bien.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.