El pasado lunes 12 de enero, la líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, se reunió con el papa León XIV. Fue una noticia un poco sorprendente. El sumo pontífice ha mantenido su condena a la invasión de Venezuela ocurrido el pasado 3 de enero. No se conocieron al detalle los frutos que le pudo dar a la premio nobel de paz en el Vaticano, lo que está claro es que Machado tendrá la oportunidad de verse la cara con Donald Trump este jueves en la Casa Blanca.
Para el mundo fue una sacudida la declaración del presidente norteamericano, unas horas después de que la extracción de Maduro se efectuara. Pocos esperaban que Trump le bajara el pulgar a Machado. Con el paso de los días y como evidenció la investigación del New York Times, la nobel de paz no cumplió con las expectativas que tenían en Washington, donde le habían pedido un plan para gobernar a Venezuela, pero esto no se dio. Tampoco envió a tiempo una lista de presos políticos para ser liberados.
Esto ha sido un golpe muy duro para la diáspora venezolana, la mayoría ubicada en Miami. A las celebraciones que se extendieron a principios de enero les ha sucedido una resaca de tamaño bíblico. Aunque las liberaciones de presos fueron anunciadas desde la semana pasada y se destaca la liberación de la defensora de derechos humanos Rocío San Miguel, aún no se ha llegado ni siquiera a la mitad de los 850 presos políticos que se estima están detenidos en Venezuela. Tampoco hay un plan determinado para reconstruir el país. Marco Rubio, quien siempre se mostró como el más duro de los anticomunistas, ha sacado su lado más práctico a la hora de negociar con la cúpula chavista que aún permanece en el poder: lo único que importa es el petróleo que necesita Estados Unidos para moverse.
“Me siento muy cómodo trabajando con Delcy Rodríguez”, dijo Trump sin sonrojarse. A pesar de los llamados a la rebeldía, la dignidad, y de haber pedido la liberación “inmediata” de Nicolás Maduro, Delcy sabe de las amenazas que penden sobre ella si no se amolda a las necesidades de Washington, a quien no le parece interesarle demasiado que, según una encuesta difundida este martes 13 de enero, el 69 % de los venezolanos que están en su país, temen más represión. Aunque la información sigue siendo fragmentada, limitada y controlada, se sabe de colectivos chavistas patrullando calles y de imposiciones de no celebrar públicamente la caída de Maduro. La represión está a la orden del día.
Desde Miami, la diáspora entró en un periodo de negación. Esperan que el tiempo determine si el chavismo definitivamente cayó o no. Para eso será determinante la reunión que tendrá el jueves María Corina Machado con Trump. Con lo imprevisible que es el presidente norteamericano, no se puede escribir en piedra lo que sucederá en Venezuela. Solo el tiempo lo dirá. Por lo pronto, lo que reina es el desencanto.



