Bajo un sol fuerte que baña los paisajes del Catatumbo, entre calles de tierra y casas humildes marcadas por años de resistencia, la comunidad del barrio El Triunfo se congregó alrededor del fogón, la palabra y la tierra fértil. Lo que comenzó como una olla comunitaria, pronto se convirtió en una lección colectiva sobre soberanía alimentaria, dignidad y esperanza. En este rincón de Tibú, sembrar una huerta es mucho más que un acto agrícola: es una declaración de futuro.
El evento fue desarrollado como una comunidad de práctica el jueves 24 de julio y estuvo liderada por la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), la Asociación de Jóvenes Emprendedores del Catatumbo (ASOJOEMCAT) y la Junta de Acción Comunal del barrio El Triunfo. En este espacio, más que transmitir conocimientos, se promovió el intercambio de saberes entre jóvenes, líderes juveniles, campesinos y amas de casa, en torno a una misma convicción: las huertas caseras pueden ser un motor de cambio en un territorio históricamente afectado por el conflicto armado y las economías ilegales.
La jornada inició con una olla comunitaria. Más que compartir alimento, se trató de compartir confianza. Al calor del sancocho, se tejieron conversaciones sobre la necesidad de recuperar prácticas ancestrales de cultivo, el valor de los saberes campesinos y la urgencia de encontrar formas sostenibles de garantizar el alimento en el hogar.
“En esta olla está representado lo que somos: una comunidad que, a pesar de las dificultades, cree en el trabajo conjunto y en la solidaridad. Pero también estamos aquí para hablar de futuro, de cómo podemos vivir mejor y no depender de economías que nos han hecho daño como el narcotráfico o la minería ilegal”, expresó Andrés López, miembro activo de ASOJOEMCAT y becario de la Escuela de Liderazgo Juvenil en Tibú que adelantó la Fundación Pares y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
Después del almuerzo comunitario, se desarrolló una jornada pedagógica práctica centrada en las huertas caseras como estrategia de sostenibilidad alimentaria. Se compartieron conocimientos sobre la siembra en espacios pequeños, el uso de fertilizantes orgánicos, el manejo agroecológico y la importancia de diversificar cultivos en patios, terrazas y lotes baldíos del barrio.
“Este espacio lo pensamos como una oportunidad para empoderar a las familias, especialmente a las mujeres, para que puedan producir su propio alimento. Las huertas no solo aportan nutrición, también fortalecen el arraigo, el sentido de pertenencia, y generan autonomía”, afirmó Yury Becerra, lideresa juvenil de ASOJOEMCAT y becaria de la Escuela de Liderazgo Juvenil en Tibú.
El Catatumbo es una de las regiones más complejas del país, con presencia histórica de actores armados ilegales, cultivos ilícitos y altos niveles de pobreza. Pero también es un territorio rico en recursos, cultura campesina y capacidad organizativa. En este contexto, iniciativas como esta comunidad práctica en El Triunfo se convierten en apuestas urgentes para construir paz desde abajo, desde lo cotidiano.
“Aquí hemos visto muchas cosas tristes, pero también muchas luchas bonitas. Esta jornada nos demuestra que sí podemos hacer cosas distintas. Que desde la Junta de Acción Comunal también podemos liderar procesos que devuelvan la esperanza. La huerta es símbolo de vida, y nosotros queremos sembrar vida”, señaló Marlene Vanegas, de la Junta de Acción Comunal del barrio El Triunfo.
La actividad también buscó romper con la idea de que las soluciones deben venir siempre desde afuera. Por el contrario, se promovió el reconocimiento del conocimiento local, del rol de las mujeres como guardianas del territorio, y del liderazgo juvenil como motor de transformación.
Las organizaciones convocantes anunciaron que este espacio no será una acción aislada. Se espera que en los próximos meses se continúe el proceso con nuevas jornadas de siembra, acompañamiento técnico para las huertas familiares, trueque de semillas nativas, y formación comunitaria en sostenibilidad ambiental.
“Creemos que las comunidades del Catatumbo tienen la capacidad de pensarse un nuevo modelo económico. No podemos seguir dependiendo del miedo ni de las economías ilegales. Apostarle a la tierra, al alimento sano, a la organización comunitaria es una forma concreta de construir paz desde el territorio”, concluyó Andrés López.
Esta experiencia, aunque sencilla en su forma, tiene una profunda carga simbólica: mientras el país discute grandes reformas, en los barrios de Tibú (Norte de Santander) la comunidad ya está actuando. Ya está sembrando. Ya está soñando con otra forma de vivir. Porque en el Catatumbo, cada semilla sembrada en comunidad, es también una semilla contra el olvido.
Esta actividad fue auspiciada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en el marco de las Escuelas de Liderazgo Juvenil en Norte de Santander que adelantó la Línea de Jóvenes en Riesgo y Participación Juvenil de la Fundación Paz y Reconciliación (PARES).



