Zulma Guzmán, sospechosa de matar a dos niñas en Bogotá con fresas envenenadas, podría tratarse de una asesina serial estrato 6

En enero de 2026 se afirmó que, cuando la policía de Londres iba a atrapar a Zulma Guzmán, ella estaba intentando suicidarse. La escena recordaba todas esas novelas victorianas de crímenes. Una mujer desesperada se lanzaba al Támesis dispuesta a perder la vida. Pero no, ella tan solo quería que no la atraparan. Hasta Londres había llegado la circular de la Interpol en donde se ordenaba su detención por el envenenamiento de dos niñas. La policía la detuvo, la llevó a un hospital, la dejó en recuperación. En un descuido, ella salió del hospital, se fue hasta su casa, preparó su pasaporte, compró pasajes a Río de Janeiro y, en el aeropuerto, la atraparon. Ahora está presa en la cárcel HMP Bronzefield ubicada en las afueras de Ashford. La policía llevaba unos cuantos meses buscándola por ser la principal sospechosa de un crimen atroz.

Zulma Guzmán se dedicaba en Colombia a la venta de carros eléctricos, negocio del que sabía poco. Era buscada por crímenes financieros, nada parecidos al que le dio su oscura notoriedad: la muerte por intoxicación de dos niñas, quienes recibieron en abril de 2025 frambuesas achocolatadas llenas de talio, un veneno muy poderoso. Ella habría enviado el regalo a través de un domiciliario. Las niñas lo comieron, y el resto lo sabe el país entero. Todo se habría tratado de una venganza. La empresaria habría tenido una relación clandestina con Juan de Bedout, padre de una de las dos niñas asesinadas. Ya reconoció que había puesto un GPS en el carro del hombre para rastrearlo. Desde enero, Guzmán espera su extradición.

Pero, en esa espera, ha salido a relucir un nuevo crimen extrañamente parecido al de las frambuesas envenenadas. La Fiscalía tiene las pruebas suficientes para demostrar que ella intentó envenenar a una de sus familiares en enero de 2025. Un paquete que usaba de membrete el nombre de una prestigiosa universidad fue dejado en la portería del edificio donde vivía la familiar. El paquete solo decía “entregar a Elvira”. El portero del edificio lo entregó, la mujer se comió los chocolates que venían dentro del paquete y, a los pocos minutos, un fuerte dolor en el estómago le hizo perder el conocimiento. La rápida atención en una clínica al norte de Bogotá la salvó.

Zulma, en caso de ser encontrada culpable, seguiría un patrón que es el de enviar, a través de domiciliarios, comida envenenada a sus potenciales víctimas. El caso de las niñas apuntaría a una venganza producto del despecho. El gobierno está haciendo lo posible por traerla de vuelta al país, pero el trámite de extradición se está dilatando demasiado por culpa de los abogados de la empresaria, quien llegó a salir en un reality en los Estados Unidos.

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