En medio del doloroso legado que deja décadas de conflicto armado en el Catatumbo, una nueva generación de jóvenes se abre paso con fuerza, resiliencia y esperanza. Lo hacen no con armas ni discursos vacíos, sino con balones, libros, festivales deportivos y voces organizadas.
Bajo el nombre “Vincúlate al parche”, esta iniciativa juvenil, liderada por Esther Castillo y Milagros Villamil de la Fundación Sueños del Catatumbo, se imaginó la transformación del municipio desde la base comunitaria, promoviendo el deporte y la educación popular como verdaderas herramientas de reconciliación, liderazgo e incidencia social.
En un municipio que ha sido epicentro del narcotráfico, la violencia, el desplazamiento y el abandono estatal, los y las jóvenes tibuyanos se organizan, se forman y deciden tomar el protagonismo de su propio destino.
Tibú no solo es el corazón económico del Catatumbo por su riqueza en hidrocarburos y su frontera con Venezuela; también ha sido uno de los municipios más golpeados por las dinámicas del conflicto armado y las economías ilegales. En este contexto, el tiempo libre para los jóvenes ha sido históricamente cooptado por el reclutamiento o la migración forzada.
“Vincúlate al parche” nace precisamente para disputar esos escenarios. Su propuesta central es clara: crear espacios seguros para que las y los jóvenes construyan proyectos de vida desde la participación ciudadana, el juego, la formación y el encuentro colectivo.
El proyecto articula educación popular y deporte como ejes estratégicos para fomentar el liderazgo juvenil, reactivar la participación ciudadana y fortalecer la política pública de juventudes en Tibú, visibilizando además la importancia de la incidencia y la toma de decisiones de nuevos liderazgos juvenil que emergen en está zona del Catatumbo.
El proyecto contempló una serie de actividades formativas y culturales diseñadas para empoderar a cerca de cuarenta jóvenes organizados y no organizados. Entre ellas destacan: Talleres de formación en ciudadanía juvenil, realizados en barrios con el apoyo de la Junta de Acción Comunal del barrio 3 de marzo; Encuentros de liderazgo emergente; Procesos de documentación y socialización de experiencias exitosas en educación, cultura y participación; Y el gran cierre: el Festival de la Juventud Tibuyana, con campeonatos relámpago de fútbol y kikinball.
El objetivo no es solo ocupar el espacio público con alegría, sino resignificarlo como lugar pedagógico, de resistencia y de comunidad. Más allá del ejercicio físico, el deporte en “Vincúlate al parche” se entendió como herramienta para la convivencia, el liderazgo, la equidad de género y la resolución pacífica de conflictos. Por eso, no es casual que el kikinball, deporte de fuerte protagonismo femenino, se convierta en parte central del festival, junto con el fútbol mixto.
“Cuando un joven está en la cancha, está lejos de las armas. Cuando una joven lidera una ronda de diálogo en el barrio, está construyendo paz desde abajo”, comentó, Milagros Villamil, una de las lideresas del proceso.
En los talleres y festivales, los jóvenes no solo practicaron y conocieron sobre deportes, sino que también compartieron sus historias, debatieron sobre su futuro, dialogaron con sus comunidades y visibilizaron su proyecto educativo.
El proceso también busca que los jóvenes conozcan la importancia sobre la participación e incidencia juvenil, una herramienta que les permite incidir en las decisiones del municipio, organizarse y exigir sus derechos.
Gracias a “Vincúlate al parche”, no solo se fortalece la participación juvenil, sino que se siembra una cultura política basada en el diálogo, la corresponsabilidad y la transparencia, claves para un territorio que busca dejar atrás la violencia.
Los resultados no se hicieron esperar: más de 50 jóvenes participaron en los espacios formativos y deportivos “y varios colectivos juveniles lograron articularse para futuros proyectos de incidencia local”, enfatizó Esther Castilla, becaria de la Escuela de Liderazgo Juvenil en Tibú. Además, se logró una valoración alta del impacto comunitario, según los comentarios escuchados por parte de las becarias con la comunidad.
El acompañamiento metodológico, el reconocimiento mutuo y la horizontalidad fueron clave en este proceso que reafirma que cuando se confía en la juventud y se invierte en sus capacidades, el cambio deja de ser discurso para volverse realidad.
“Vincúlate al parche” no es un parche cualquiera. Es un símbolo de resistencia pacífica, un semillero de democracia local, y una prueba viva de que la educación y el deporte pueden ser el puente entre un pasado de guerra y un futuro de paz territorial.
En tiempos donde muchas juventudes son empujadas a la exclusión o la violencia, iniciativas como esta muestran que, con voluntad social, acompañamiento pedagógico y recursos sostenibles, es posible construir un Catatumbo liderado por jóvenes que sueñan, debaten, educan, juegan y transforman.
Nota Final: El proyecto “Vincúlate al parche” fue auspiciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en el marco de las Escuelas de Liderazgo Juvenil en Norte de Santander que adelantó la Fundación Paz y Reconciliación (PARES).



