Uribe ya no es el máximo rival que debe vencer la izquierda en Colombia

En los primeros días de enero publicamos una columna de nuestra subdirectora, Laura Bonilla, en la que alertaba sobre cómo ha cambiado el tablero político de cara a las elecciones de 2026. Uribe ya no sería el principal rival que debe vencer la izquierda en estas justas. Los jóvenes ya no se ven identificados con este hombre que ya cruzó la barrera de los setenta años, que ha sido derrotado judicialmente por Iván Cepeda, que ya probó las mieles del poder y que representa, además, a la clase política. Como sucedió en Estados Unidos y en Argentina, los outsiders podrían imponerse en este país. Las nuevas generaciones, que fueron decisivas para que Petro se constituyera en el primer candidato de izquierda en ganar unas elecciones presidenciales, podrían ir al otro espectro político y escoger a alguien como Abelardo de la Espriella.

A pesar de los cuestionamientos que se les han hecho a las encuestas en las que pica en punta, De la Espriella está fuerte: es una sensación que se percibe en la calle y en las redes. Sus asesores están en Estados Unidos y, en lo económico, se parece mucho a Javier Milei. Su propuesta de reducir el Estado a sus mínimas proporciones, dejando apenas seis ministerios, se parece mucho a la que está imponiendo el presidente argentino. Físicamente ya parece un clon de Bukele. Ni hablar de ese discurso duro en donde o siento a mi enemigo o lo arraso militarmente, recuerda a Uribe cuando surgió hace 25 años y esto ha logrado enganchar a hombres menores de veinticinco años sin mucha vida social real y que viven sumergidos en las redes, algunos con tendencias misóginas y considerados incels. Incluso, algunos de los influencers que están impulsando el barco de De la Espriella tienen un discurso directamente misógino, racista y clasista.

Álvaro Uribe, mientras tanto, abrazó a su candidata Paloma Valencia. La semana pasada fue descubierto en una imprudencia mientras estaba en un acto político con su candidata en San Onofre. Dejando abierto el micrófono se le coló la frase de “háganla llorar”, indicando a sus bodegas atacar a María José Gómez, influencer que encaró a Paloma Valencia en un avión entre Bogotá y Montería por su oposición a la reforma pensional. Paloma, para la nueva derecha, cada vez más extrema, es para ellos una figura acaso demasiado progresista para lo que están buscando.

Faltan cinco meses para las elecciones y, si la izquierda aspira a ganar en primera vuelta o lograr alianzas para afrontar una segunda vuelta, debe arrancar campañas en regiones, en donde el abogado está cada vez más fuerte, y entender que Uribe ya no será su principal rival. Hace un año, cuando De la Espriella pensaba apenas en lanzarse, fue al Ubérrimo prácticamente a rogarle a Uribe que fuera su fórmula vicepresidencial. Hoy es Uribe quien afirma que, en caso de perder en primera vuelta con Paloma, se sumará a la campaña de De la Espriella. El abogado ni siquiera le contestó. No le importó. Ya no lo necesita. La izquierda debe entender que el tablero político ha cambiado y de manera dramática.

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