De las diez películas nominadas al Oscar hay ocho norteamericanas, una brasilera y una noruega. Sobre estas últimas dos no voy a hablar. De esas ocho norteamericanas solo una es muy buena: Sinners, toda una metáfora del nuevo Ku Klux Klan que resurge con Donald Trump, otra es buena pero muy larga, Marty Supreme, el resto están sumidas en las aguas de la mediocridad, incluida la cacareada Una batalla tras otra.
Dos de las grandes injusticias de este año fueron la ninguneada que le pegaron a Weapons. En la Academia no les parece decoroso nominar dos películas de terror a la vez y consideraron que con Sinners tenían. Pero la mayor equivocación fue ignorar a la película del cineasta iraní Jafar Panahi Fue sólo un accidente. A veces es un drama durísimo, a veces una sátira mordaz sobre el régimen iraní que a esta hora tambalea debido a los ataques de Estados Unidos en ese país y que ha cobrado la vida de más de 1.500 personas.
Es difícil encontrar un guion mejor escrito. Si se necesita ahorrar plata en un rodaje, se debe tener un guion lo más pulido posible. La trama de Fue solo un accidente transcurre en su mayoría de tiempo en una camioneta. Un hombre cree reconocer a su torturador. Lo quiere matar, lo está enterrando en el desierto. Lo reconoce por su pierna mecánica. Lo llamaban el cojo y, al caminar, hace un ruido chirreante. Pero no está seguro. Al escuchar las súplicas del cojo, el hombre no está seguro. Además, matar no es fácil. Así que tiene que buscar a otras personas que fueron torturadas por él. Cuando lo reconocen la adrenalina ha bajado. Matar no cierra ninguna herida. La venganza deja un hueco en el alma. Lo que cura es la verdad, escuchar al torturador decirla, reconocerla, pedir perdón. Perdonar, pero no olvidar.
Jafa Panahi hizo esta obra maestra en condiciones imposibles. Él ha sido encarcelado tres veces en Irán por protestar contra el régimen. Su película del 2002, El círculo, prefiguraba la revolución de las mujeres que pondría contra la pared a la teocracia. Esto es puro cine guerrilla, se hizo en la clandestinidad. Porque Fue sólo un accidente es un filme que desafía un régimen que tortura, que acosa, que mata. Panahi es discípulo directo del gran maestro del cine asiático, Abbas Kiarostami. Su debut en 1995 fue El globo blanco, escrito por Kiarostami y que honra uno de los grandes recursos que tiene el cine iraní: los niños actores. En 2001, una película se convirtió en un inesperado éxito de taquilla, Los niños del cielo. Ahora que arde Teherán, pienso en todos los niños iranís a los que conocemos gracias a su cine.
Ya quisiera el cine norteamericano tener películas como las que se siguen haciendo en Irán. Hay que dejar claro esto, Panahi, cuando regresó el año pasado de Cannes, después de ganar la Palma de oro, regresó a Teherán y nadie lo persiguió. El régimen simplemente ignoró el premio. Pero, cuando llegó al aeropuerto, dos docenas de mujeres lo esperaban y convirtieron su celebración en una protesta. Hoy Panahi ya está viviendo en Francia y le duele lo que le está haciendo Estados Unidos a su patria.
Fue solo un accidente, la mejor película de 2025, tuvo una sola nominación en la de filme extranjero. Muy poquito para una obra maestra.
Adenda: Para mí, una de las mejores películas del año es La hermanastra fea. Ya hablaré sobre ella.



