San Andrés de Tumaco, conocido como la “Perla del Pacífico”, es un territorio donde convergen la riqueza natural, la resistencia comunitaria y las huellas de un conflicto que ha dejado profundas cicatrices. En medio del abandono institucional, la pobreza estructural y el deterioro ambiental, se abren caminos de esperanza impulsados por iniciativas comunitarias que luchan por transformar la realidad desde el arraigo y la acción colectiva.
Una de estas apuestas transformadoras es el proyecto “Fortalecimiento de las Prácticas de Reciclaje de la Comunidad Recicladora aledaña al relleno sanitario del Distrito de San Andrés de Tumaco”, liderado por la Fundación Nueva Esperanza para Personas Vulnerables – FUNEPAVUL, en articulación con las fundaciones Juventud Despierta y Voces del Cambio. Este proyecto se configura como una respuesta urgente y estructural ante la situación crítica que viven decenas de recicladores y recicladoras informales, quienes desarrollan su labor en condiciones indignas y de alta vulnerabilidad en las inmediaciones del relleno sanitario ubicado en la vereda Buchely, sector Villa Esperanza.
La comunidad recicladora de Tumaco, compuesta mayoritariamente por mujeres (muchas de ellas madres cabeza de hogar) ha encontrado en el reciclaje una forma de subsistencia. Sin embargo, esta labor se realiza sin el respaldo del Estado, sin formación adecuada, ni elementos de protección, y con un estigma social que desconoce su importante rol ambiental.
Aunque el municipio cuenta con un sitio destinado para la disposición de residuos, este carece de las condiciones técnicas y sanitarias básicas, situación que agrava aún más el riesgo para quienes trabajan en sus alrededores. En ese contexto, FUNEPAVUL, una organización anclada en la misma vereda donde se sitúa el relleno, ha emprendido una intervención profunda y comprometida con la dignificación de este trabajo.
Lejos de tratarse de una intervención asistencialista o puntual, el proyecto liderado por FUNEPAVUL se propuso construir un proceso de largo aliento. Su enfoque integral articula componentes técnicos, organizativos, pedagógicos y comunitarios, con una visión clara: transformar el reciclaje informal en una práctica reconocida, protegida y socialmente valorada.
El proyecto, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y ejecutado con el apoyo de la Fundación Paz y Reconciliación (PARES), reconoce a los recicladores como actores clave en la gestión ambiental del municipio. Personas que, a pesar de las precarias condiciones laborales, han sostenido una práctica que reduce el impacto de los residuos sobre los ecosistemas del Pacífico nariñense.
“Lo que estamos haciendo es apostarle a una economía más justa y circular. Fortalecer la labor de quienes reciclan es también fortalecer la sostenibilidad de Tumaco”, expresó una de las líderes del proyecto.
El proyecto comenzó con una caracterización social y productiva de la comunidad recicladora ubicada en las cercanías del relleno sanitario de Tumaco. A partir de este diagnóstico, se identificaron alrededor de 50 personas dedicadas al reciclaje informal, cuyas realidades evidenciaron múltiples carencias y necesidades no atendidas. Este primer acercamiento no solo permitió comprender sus condiciones de vida y aspiraciones, sino que también sentó las bases para diseñar una intervención contextualizada, con enfoque de derechos y pertinencia territorial.
En alianza con la Fundación E-Conexión, se desarrollaron jornadas de formación técnica y fortalecimiento organizativo para 15 recicladores, en su mayoría mujeres, abordando temáticas clave como la clasificación de residuos, bioseguridad, salud ocupacional, derechos laborales y organización comunitaria. Estas capacitaciones, centradas en el reconocimiento de los saberes previos y en el empoderamiento de las participantes, generaron un impacto emocional positivo, renovando su motivación y autoestima.
Como resultado de este proceso formativo, se hizo entrega de kits de bioseguridad y herramientas básicas que mejoraron significativamente las condiciones laborales de quienes participan en el reciclaje. Este acto, más allá de lo material, fue también un gesto de dignificación y reconocimiento simbólico del valor de su labor. Paralelamente, se adelantaron procesos de educación ambiental con niños y niñas de los grados 5º, 6º y 7º de diversas instituciones educativas, promoviendo el respeto por el trabajo de los recicladores y fomentando desde edades tempranas prácticas responsables en la gestión de residuos.
Este proceso ha logrado avances significativos tanto a nivel individual como colectivo. Muchos de los participantes manifestaron sentirse acompañados y valorados, lo cual impulsó un mayor compromiso con el proceso de conformación de su asociación. Esta organización emergente representa una oportunidad histórica para que, de manera colectiva, puedan defender sus derechos, dialogar con las instituciones y dignificar su labor como agentes ambientales en Tumaco.
A pesar de los avances, el camino no está exento de desafíos. Aún persisten brechas importantes en materia de formalización laboral, acceso a rutas de reciclaje diferenciadas, apoyo institucional sostenido y superación del estigma social que recae sobre quienes trabajan con residuos.
Es por ello que, FUNEPAVUL se proyecta dar continuidad al acompañamiento de los recicladores y recicladoras, consolidando su asociación y fortaleciendo su capacidad de incidencia política, diálogo institucional y gestión comunitaria.
La meta es que, como colectivo organizado, puedan negociar mejores condiciones laborales, acceder a programas sociales, participar en las decisiones sobre el manejo de residuos y ser reconocidos como actores clave en la construcción de un Tumaco más limpio, más justo y más sostenible. De manera que, que su labor sea reconocida, valorada y apoyada como parte fundamental del cuidado ambiental y del tejido social de Tumaco.
El proyecto “Fortalecimiento de las Prácticas de Reciclaje de la Comunidad Recicladora aledaña al relleno sanitario del Distrito de San Andrés de Tumaco” fue auspiciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en el marco de las Escuelas de Liderazgo Juvenil en San Andrés de Tumaco, Nariño que adelantó la Línea de Jóvenes en Riesgo y Participación Juvenil de la Fundación Paz y Reconciliación (PARES).



