Stephen Miller, el supremacista blanco que le da las órdenes a Donald Trump en materia de deportación

Nadie en su sano juicio se tomaba en serio, hace tres años, a Stephen Miller, ni siquiera dentro del Partido Republicano. Les parecía, con todo el peso de esta definición, un supremacista blanco. Ni más ni menos. La idea de hacer una persecución a los migrantes -sobre todo a los latinos- les parecía descabellada. Además, inhumana ¿Cuál era la necesidad de separar a las familias, de poner a los niños en jaulas? Los periodistas norteamericanos, que, con muy pocas excepciones, han hecho todo lo contrario, han afirmado que una cosa es Trump haciendo campaña y otra es aterrizando sus ideas. Lo que no supieron sopesar es que, en esta administración, el poder de Trump es absoluto y, por eso, ese viejo sueño del supremacista blanco, de deportar lo que no se parezca a ellos, ha encontrado, en este primer año de la nueva presidencia trumpista, una realidad que asusta.

Ice actúa como una nueva Gestapo: entra a las casas sin tocar la puerta, en este último año se han asesinado a más de treinta personas en redadas o manifestaciones, lejos de aceptar que es un error del gobierno, Trump, quien siempre ha sido entrenado para mentir, revictimiza a los caídos y los señala de terroristas. Pero, sin duda, el haberle dado vía libre a un hombre como Stephen Miller es toda una declaración de principios: el presidente va en serio.

El gran objetivo de Miller en su cargo, el de subjefe de gabinete de la Casa Blanca para políticas, es deportar un millón de personas al año. Eso se traduce en 3.000 arrestos diarios. La orden que tienen los agentes de Servicio de inmigración y control de aduanas (ICE) es una sola: “salgan y arresten inmigrantes”. El color de piel es fundamental para hacer este tipo de arrestos, por supuesto, por eso en las redadas ha caído tanto inmigrante que, aunque tiene sus papeles en regla, simplemente “parece extranjero”. Siempre afirmó que esta lucha la hacía para “proteger la civilización”.

Siempre se le ha dicho que es un supremacista blanco. Ha recomendado libros que promueven el racismo como The camp of the saints, en donde advierte una invasión de inmigrantes a un pueblo de gente buena y sobre todo “blanca”. Tiene una fluida comunicación con grupos liderados por supremacistas blancos. Además, es adicto a las teorías conspirativas, por eso cree en que vendrá un “gran reemplazo” es decir que una ola migratoria llegará a los Estados Unidos y cambiará toda la población norteamericana.

Desde sus 16 años, este californiano ha sido un activista conservador que ha hecho del patriotismo su bandera. Es graduado de Ciencias Políticas en la Universidad de Duke y, a lo largo de su vida, ha defendido a la gente equivocada, por ejemplo, a un grupo de jugadores de fútbol americano que fueron acusados de violación múltiple.

Desde 2016 trabaja con Trump, haciéndole sus discursos, y a él le atribuyen el tono cada vez más violento que tiene el presidente a la hora de hablar de los inmigrantes. En el segundo mandato de Trump, según la BBC, se ganó la confianza del presidente hasta nombrarlo como zar de las fronteras. Es un perro de presa que todo lo huele y persigue en la frontera con México. Otra de las medidas extremas que ha tomado es la de quitar la ciudadanía por nacimiento, algo que es una franca violación a los derechos humanos. Ha denegado solicitudes de asilo por persecución política.

A mediados de enero, en una manifestación en Minneapolis, fue asesinado por ICE el joven enfermero Alex Pretti, la respuesta de Miller fue que él era un “aspirante a asesino”, ese es el tono del que estamos hablando.

Uno de los grandes atributos que tiene Stephen Miller es ser leal a Trump. Eso es el rasgo que tipos autoritarios como el presidente de Estados Unidos valoran, su capacidad de no rebatir ninguna orden.

 

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