“Somos Tibuyanos”: el diálogo entre generaciones que revive la identidad cultural y fortalece el tejido social en Tibú 

Edith Hernández y Abner Díaz, becarios de la Escuela de Liderazgo Juvenil en Tibú, Norte de Santander e integrantes de Corporación Catatumbo; jóvenes para la paz y el desarrollo social (Corpocatatumbo), a través del proyecto “Somos Tibuyanos”, le apuestan por el diálogo intergeneracional y la recuperación de la tradición oral como formas vivas de reconstruir la identidad cultural, resignificar la memoria colectiva y consolidar espacios de encuentro en comunidad. 

La iniciativa nace como una propuesta audaz que sitúa la cultura local como cimiento de una paz sostenible y profunda. Es como, el conflicto armado y la expansión de economías ilegales no solo dejaron cicatrices físicas y sociales en el municipio de Tibú, sino que también erosionaron su riqueza simbólica: la memoria, los mitos, los cuentos, los bailes, los sabores y los paisajes que conforman la identidad tibuyana.  

Ante esto, las nuevas generaciones asumen el reto de rescatar esos relatos, no como piezas de museo, sino como herramientas vivas para el reencuentro y la sanación social. 

“Somos Tibuyanos” no es solo una frase. Es un acto político, cultural y emocional. Es un llamado a no olvidar quiénes somos, de dónde venimos y cómo queremos vivir juntos. “Es la construcción colectiva de una narrativa local que pone en valor la voz de los adultos mayores, la curiosidad de los jóvenes y la fuerza del arte como lenguaje común”, precisó Hernández, una de las lideresas del proyecto. 

El proyecto desarrolló una serie de encuentros intergeneracionales, conocidos como espacios de “aguapanela”, donde adolescentes y jóvenes se propusieron conversar con adultos mayores para compartir historias, anécdotas y saberes ancestrales. Allí se habló del origen de los platos típicos, las danzas tradicionales, las leyendas de la región, las formas de sembrar la tierra y hasta los antiguos juegos populares. 

Estos espacios son más que tertulias: son actos de recuperación simbólica que permiten a las nuevas generaciones tejer puentes con sus raíces, descubrir referentes positivos en su entorno y comprender que la cultura local también es una forma de resistencia frente al olvido, la violencia y la homogeneización. 

Como parte del proceso, se conformó un semillero artístico y cultural integrado por 15 jóvenes que, a lo largo de seis sesiones, exploraron expresiones como la danza, el muralismo, el teatro y la narración oral. Guiados por formadores locales y líderes juveniles, el grupo desarrolló una muestra artística centrada en los mitos, leyendas y memorias de Tibú. 

Esta experiencia no solo fortaleció habilidades creativas, sino que también se convirtió en una plataforma para resignificar los espacios públicos, recuperar el sentido del bien común y visibilizar el potencial transformador de la cultura. 

Por otro lado, conscientes del poder de la tecnología, el equipo de jóvenes se propusieron crear un canal digital en TikTok y redes sociales llamado “Brújula Cultural” (que quedó como compromiso a futuro), a través del cual pretender difundir video-clips de dos minutos que recopilen entrevistas, testimonios, expresiones artísticas y tradiciones locales. Desde el baile típico hasta la gastronomía ancestral, cada clip busca reconectar a la comunidad con sus raíces de manera accesible y atractiva. “La idea es que esta plataforma crezca como referente de cultura local, educación no formal y orgullo territorial, y se transformé en un archivo colectivo de la memoria tibuyana” agregó Abner Díaz. 

 La pérdida del sentido de pertenencia, la falta de referentes culturales y el debilitamiento de la tradición oral son algunas de las causas profundas que han facilitado la fragmentación del tejido social en Tibú y por las que nace el proyecto. “Somos Tibuyanos” enfrenta este panorama apostando por la memoria como punto de partida para la reconciliación. 

Al dialogar con los mayores, al contar nuestras historias, al celebrar lo que nos hace únicos, se restablecen lazos rotos por la guerra, la migración forzada y el abandono institucional. En palabras de Edith Hernández: “Volver a nuestras raíces es también una forma de cuidarnos, de reconocernos, de construir comunidad”. 

En apenas cuatro meses de implementación, el proyecto ha movilizado a más de 60 participantes directos, entre jóvenes, adultos mayores, artistas y comunicadores. Se realizaron cinco espacios de diálogo intergeneracional, se consolidó un semillero artístico y se pretende establecer una red digital para la difusión del contenido. 

Más allá de las cifras, el principal logro es intangible: el renacer del orgullo tibuyano, el despertar del interés por lo propio y el fortalecimiento del vínculo entre generaciones, claves para una paz duradera con identidad. 

“Somos Tibuyanos” demuestra que la cultura no es un lujo, sino una necesidad en contextos de posconflicto. Que el diálogo intergeneracional puede ser una herramienta pedagógica y terapéutica. Que los jóvenes, cuando son escuchados y acompañados, no solo pueden crear contenido, sino también contenido con sentido. 

En una región muchas veces reducida a cifras de coca o enfrentamientos armados, este proyecto nos recuerda que el Catatumbo también es tierra de historias, de sabores, de colores y de sueños compartidos. 

El proyecto “Somos Tibuyanos” fue auspiciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en el marco de las Escuelas de Liderazgo Juvenil en Norte de Santander que adelantó la Línea de Jóvenes en Riesgo y Participación Juvenil de la Fundación Paz y Reconciliación (PARES). 

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