Sexo, marihuana y rock: el festival que escandalizó a la alta sociedad de Medellín

En 1994 se creó Rock al Parque y, desde entonces, a pesar de algunos alcaldes a los que este tipo de música parece molestarles, como a Carlos Fernando Galán, se ha mantenido en el tiempo, es una institución de la que estamos muy orgullosos. Después se crearon otros espacios que, aunque no son gratuitos, dejan claro que Colombia es una tierra que disfruta del rock: Cordillera y Estéreo Picnic así lo marcan. Pero hace 54 años era realmente imposible pensar que se podía hacer algo parecido a lo que hicieron en Estados Unidos con Woodstock. Fue en Antioquia, la tierra del escapulario y la misa a las cinco de la mañana. La tierra en donde el uribismo es casi una de las bellas artes.

Según el historiador del rock nacional Jacobo Celnik, el primer festival de rock en Colombia se realizó en el teatro de la Media Torta en Bogotá y se conoció como El festival de la vida. Allí tocaron, entre otros artistas, Ana y Jaime, Terrón de sueños, La Gran Sociedad del Estado y la Banda del Marciano, de estos grupos solos quedan unas pocas canciones.

Todo comenzó muy lejos de allí, en San Andrés. En la isla, casi despoblada y exótica, en 1969, vivía Simón, el hijo del maestro Fernando González. Hasta allá fueron a visitarlo dos de los hippies del momento: Gonzalo Caro, a quien le decían Carolo, y Carlos Bueno. Viendo esa arena blanca y el mar casi verde, ayudados por un papel impregnado de LSD, se les ocurrió la idea de hacer un festival como el que había pasado a las afueras de Nueva York, en un lugar llamado Woodstock. Las imágenes solo habían llegado hasta Colombia en fotos, aún faltaban unos años más para que se estrenara el documental que ensambló Martin Scorsese, pero la vibra estaba en el aire.

Así que Carolo, quien era conocido por su labia encendida, llegó a Medellín y convenció al entonces alcalde Álvaro Villegas que le dejara hacer el festival. Había un terreno de la EPM en el municipio de La Estrella. La improvisación imperaba. Los empresarios del rock en 1971, en Colombia, eran más poetas beatniks, que hombres de negocios. Así que nunca estuvo claro cómo sería el traslado desde Medellín hasta Ancón, la vereda en La Estrella, donde se realizaría el festival.

En Medellín empezaron a llegar, endulzados por el rumor, hippies de todas partes de Colombia. Se veían tomando o fumando con mucha alegría. Igual, las alertas de la sociedad goda se dispararon. El arzobispo de Medellín lanzó un comunicado pidiéndole al gobierno nacional tomar las medidas para que esos “desadaptados” no fueran a causar una hecatombe moral en la ciudad.

En Ancón, la gente empezó a escandalizarse al ver a esa horda de hippies llegar semidesnudos y con sendos cigarrillos de bareta en la boca. El escándalo sería mayor cuando Villegas, endulzado con la palabra de Carolo, se subió al escenario a dar por iniciado el festival. Esto, según cuenta El Colombiano, tuvo para él un costo político enorme.

No se sabe muy bien si fueron corresponsales de periódicos eminentemente conservadores como El Siglo. Lo cierto es que le gastaron bastante tinta al evento. En uno de sus artículos rezaba lo siguiente: “Toda clase de espectáculos fueron vistos. Desnudos. Amor libre. Horribles representaciones humanas de los trastornos mentales que padecían debido a los alucinógenos”.

Pero la gran pregunta que nos hacemos ahora es, ¿Qué grupos fueron? ¿Qué se escuchó? Citando otra vez a Celnik, los grupos eran considerados de rock pesado para la época, se trataba de Limón y medio, La Planta, Aeda, Belcebú, Los demonios de Cali. ¿Se imaginan la cara que pondrían las camanduleras señoras de Medellín al ver en los carteles los nombres de estas bandas?

El escenario era improvisado, el sonido, precario, y el festival arrancó a las cuatro de la tarde y terminó a la medianoche. Se tiene noticia de dos periodistas muy conocidos en todo el país que estuvieron en el evento, se trataba de Armando Plata Camacho y de Gloria Valencia de Castaño. La policía, después de terminar el festival, dio 48 horas para que los hippies se fueran yendo. El comandante de la policía de la época afirmó que la mendicidad, después del festival, había aumentado en Medellín un 100 %.

Lo cierto es que Carolo se murió en 2021 con las ganas de que un periodista, cualquier escritor, hiciera el gran libro sobre Ancón, ya que esta hazaña del rock nacional no pudo contarse a cabalidad. No quedaron registros de audio y de él sobreviven algunas grabaciones de cine. Incluso llegó a hablar con Germán Castro Caycedo y Juan José Hoyos, para relatarles los detalles del evento pero nunca se concretó. Esta parte de la historia de nuestro rock se perdió, definitivamente, como lágrimas en la lluvia.

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